
Mucha agua en la ruta

Aquí hubo que desviarse

Pequeño desvío

Levada con cable de seguridad

Barranco y cable de seguridad

Posibilidad de adelantar

La costa

Cascada

Caldeirão Verde

Caldeirão Verde

Otro desvío

Valle virgen

Vértigo

Escaleras empinadas

Túneles

Caldeirão do Inferno

Caldeirão do Inferno
El gran fuerte de
Madeira no son sus playas, sino sus paisajes. A Madeira no se va uno a tomar el sol, sino a explorar la isla a pie o en coche.
Madeira es uno de los mejores lugares del mundo
para hacer senderismo. Sus espectaculares rincones, que además presentan una enorme variedad de paisajes, desde la desértica Ponta de São Lourenço hasta los acantilados de Ponta do Pargo, y el frondoso bosque interior son enormemente atractivos para esta clase de actividades.
La ausencia de depredadores es además otro punto a favor. En pocos lugares tan exóticos vais a poder pasear tranquilamente sin miedo a ser atacados.
Así que podéis recorrer sin miedo los caminos que cruzan el bosque y descubrir las
levadas, pequeñas
canalizaciones que distribuyen el agua desde el interior húmedo hacia
la costa. Según parece hay unos 1400 kms de
levadas por toda la isla, aunque no sé qué porcentaje de ellas está acondicionado o es visitable.
Como ya dije en rutas anteriores, la ecología de Madeira ha sido muy agredida a lo largo de los siglos pero todavía se conserva
en un buen estado en el interior de la isla, cuyos casi inaccesibles valles son una buena muestra de lo que debió ser antes de la llegada de los descubridores portugueses.
Sumando
todo eso, una de las cosas que tenía que hacer
obligatoriamente era recorrer una de esas
levadas. A la hora de decidir estuve estudiando
varias de ellas y finalmente me decidí por la que sale de
Queimadas, en
Santana hasta un antiguo cráter medio demolido llamado el
Caldeirão do
Inferno, con parada en otro cráter llamado el
Caldeirão Verde.
Aunque no haya depredadores,
un camino así por
medio de la laurisilva y caminando por riscos
tiene sus peligros
y hay que conocerlos y prepararse para ellos para no tener
ningún disgusto.
Lo primero: laurisilva, humedad y un canal de cemento que puede
pasar por barrancos pronunciados. Eso significa que vas a tener que
llevar una
ropa medio impermeable y de colores llamativos (en caso de
accidente ayuda a localizarte),
calzado apropiado también impermeable, con una suela que agarre, y
cómodo. Unos
calcetines de repuesto no sobran. Además hay que
evitar ir
en la época de lluvias ya que con tanta agua como cae por aquí hay un cierto peligro de desprendimientos (o de que te arrastre una torrentera).
Lo segundo: la distancia. Trece kilómetros. Veintiséis ida y vuelta.
No es un paseo, así que
si te falta fondo físico más te vale entrenar antes del viaje para caminar esa distancia, sobre todo porque hay un tramo de escaleras
muy, muy empinadas. Significa que es muy recomendable ir de mañana para
ir con margen suficiente. También significa que has de llevarte una
mochila con comida y bebida, porque aunque haya agua por todas partes no sé
hasta qué punto puede ser recomendable beberla sin tratar. Ten en cuenta
que la fauna y flora microbianas de este agua no es la de tu zona y
podrías tener algún problema. No hay muchos baños por aquí y seguro que
no quieres tener una diarrea en un camino suspendido sobre un risco y
por donde pasa bastante gente.
Lo tercero: verás en las descripciones de otros viajeros que
hay
túneles. Esto implica que hay que
llevar obligatoriamente linterna. O
acoplarte a la de otra persona que no va a ser lo mismo y mientras el
pisará con seguridad tú igual acabas metiendo un pie en el agua o
dándote algún golpe. Para ayudarte a localizarlos hay una aplicación que
puede ayudar:
Walkme.
No es ni mucho menos perfecta, pero funciona
off-line. No es que te vayas a perder, porque
básicamente el camino va siempre por ladera y no hay casi ningún desvío,
pero para saber en qué punto estás es bastante útil.
Si tu móvil lo permite no olvides
llevar una batería de repuesto, por si acaso (si, hay cobertura). Si dependes de un powerbank mejor lleva la batería bien cargada: no es sitio para ir con el móvil en una mano y el trasto ese en la otra.
Con esta mínima preparación y las cosas claras nos vamos hasta
Queimadas, donde podemos aparcar el coche. Hay varias rutas que pasan
por aquí o salen desde aquí, pero la que nos interesa es la que empieza
al lado de unas casas con techo de paja que forman parte de un parque recreativo que montaron allí. De todas formas está bien
señalizada como "Caldeirão Verde".
La primera parte de la ruta es bastante amplia, por camino de tierra, y se va estrechando a
medida que nos vamos acercando a los valles, de forma que en poco
tiempo nos quedamos únicamente con un sendero, que en muchos puntos se
va a limitar únicamente al muro de la acequia.
A medida que vamos avanzando y se suceden los valles disfrutaremos de vistas
espectaculares, llegando a verse en ocasiones la costa de Santana, al
norte, y estando completamente cerrados al bosque en otras.
Casi
cuando comienza a restringirse el camino únicamente a la
levada tenemos que dejarla porque hay un tramo en el
que es imposible seguirla. Tenemos que bajar por unas escaleras y subir
un poco más adelante. Esto nos va a pasar varias veces: que el camino no
siempre va a ir por el muro sino que hay pequeños desvíos bien por
cascadas, bien por zonas inaccesibles donde la
levada
casi se incrusta en la roca y va por un risco o por algún que otro
desprendimiento, o hay algún puente que ayuda a salvar algún punto
complicado. Tened cuidado porque se resbala fácil en el cemento.
Cuando llevamos unos pocos kilómetros y antes del primer túnel hay enlaces con otras rutas como la que lleva
de Ilha a Pico Ruivo.
Hay que tener cuidado en los túneles. Algunos son oscuros como la
boca de un lobo y no es nada difícil darse un golpe en la cabeza contra
el techo o meter el pie en el agua (de ahí lo de llevar calcetines de
repuesto). Algunos de estos túneles nos proporcionarán algunas de las
vistas más memorables del día, al tener en algunos casos tragaluces que
dan a valles muy angostos y completamente vírgenes.
Esta no es una ruta para gente con vértigo, puesto que aunque muchas
de las partes más peligrosas del recorrido llevan unos cables de
seguridad atados a unos pilotes metálicos, como podéis ver en las fotos.
Aún así impresiona estar paseando por encima de un muro de unos pocos
centímetros de ancho al borde de un barranco de varias decenas de
metros de altura. Muchísima precaución.
Hasta aquí la ruta ha estado muy limpia y ha habido bastante gente.
Posiblemente hayas tenido que hacer cola alguna vez para pasar por algún
punto en concreto o adelantar a una hilera de jubilados franceses o
alemanes, así que paciencia: los grupos grandes siempre son lentos.
La
primera parada en esta ruta es el
Caldeirão Verde, seis
kilómetros y medio después de Queimadas. Cuando fui estaba
petao. Varias excursiones de jubilados centroeuropeos
estaban reponiendo fuerzas tranquilamente donde la
levada se unía con otra que continuaba. Paré a hacer
unas fotos y me encantó el sitio: vegetación exhuberante, una caldera
medio derrumbada que tenía un aspecto genial y esa cascada de setenta
metros de altura precipitándose justo delante de ti. La
levada se construyó para recuperar parte del agua de
la cascada y llevarla a Santana.
Tras el breve descanso y viendo que mis piernas estaban en muy buen
estado, decidí continuar hasta el Caldeirão do Inferno. Me había
propuesto llegar hasta esta primera parada y, en función de las
sensaciones continuar o darme la vuelta e improvisar algo más llevadero.
Lo primero que llama la atención es que aunque los cables de
seguridad continúan el número de excursionistas desciende de forma notable : muchísima menos gente va hasta Caldeirão Verde, lo que
significa que vas a avanzar más cómodamente y más rápido.
El camino continúa por la
levada que enlazaba con
Caldeirão Verde hasta un punto en que hay una señal que indica que hay
que abandonarla y unas escaleras. No tiene pérdida: la
levada está mucho más sucia a partir de ese punto. Si decides continuar en lugar de subir por las escaleras y tienes un accidente las probabilidades de rescate son mucho menores.
Las escaleras, que al principio parecen empinadas se convierten en
muy empinadas en breve. La verdad es que es tan agotador subirlas como
bajarlas, pero eso no es necesariamente malo, ya que te permite tiempo
para disfrutar de los grandiosos paisajes que se ven desde ella, como
una cascada que el día en que fui yo parecía que caía directamente desde
las nubes. En este punto tuve la sensación de estar paseando por la
Pandora de Avatar.
Entramos ya en la penúltima parte de nuestro recorrido al llegar al
final de las escaleras y llegar a un túnel triple, ya que dos levadas se
unen en él para continuar por un tercer conducto. Por lo que he leído se va por una levada llamada del Caldeirão Verde que no tiene nada que ver con el que recorrimos. Yo lo recorrí un poco, pero parece ser que se puede seguir durante un kilómetro.
Por cierto que en la foto se ve lo que fueron unos raíles. Moverlos hasta aquí debió ser un castigo. Se utilizaron para abrir el túnel del medio, que por lo visto mide como 2500 metros y son como 45 minutos a oscuras para enlazar con la levada de Pico Ruivo. Imagino que es la misma que va hasta Ilha.
Es una lástima que no haya mucha información sobre la ingeniería y
la historia de las
levadas y que no haya un mapa de
su recorrido, más allá de algunos mapas parciales enfocados en las rutas
de senderismo oficiales. Para que os hagáis una idea de lo incompleta
que es la información ni la aplicación Walkme (al menos cuando fui), ni
muchos otros sitios traen información para llegar a Caldeirão do
Inferno. Yo me tuve que leer un buen número de blogs para asegurarme de
que no estaba haciendo ninguna locura yendo hasta tan lejos.
Volviendo a la ruta, nuestro camino continúa por el túnel de la
derecha. Creo recordar que el tercer túnel no tenía salida (eso me
dijeron otros excursionistas).
El caso, que continuamos camino
por esta
levada durante un buen rato. Es un poco lo
que ya vimos antes: zonas más complicadas que se rodean por caminos bien
señalizados, zonas en las que pasas sobre un barranco, alguna que otra
ducha que evitar y caminar, caminar, caminar por uno
de los paisajes más grandiosos que he visto en la vida.
Hay un punto donde mucha gente se da la vuelta, tras un puente doble
de metal con una cascada, tras un túnel. Parece que el camino se
termina aquí y mucha gente simplemente se da la vuelta. Yo decidí echar
un ojo un poco más de cerca, ya que tenía la idea de que se trataba de
otra caldera volcánica y no me cuadraba.
Efectivamente, tras una pared el camino continua por un nuevo túnel,
el último. Al salir de aquí ya casi estamos al final de la ruta. Tal
vez kilómetro o kilómetro y medio para llegar (lo digo de memoria) y
listo: unas escaleras de madera nos llevan al pie de otra cascada de
varias decenas de metros de altura. Hemos llegado al final del camino.
Desde aquí no hay ningún sendero que haya visto a ningún otro sitio.
Si te das la vuelta verás un valle cerrado, aunque no tan
claustrofóbico u oscuro como el de Caldeirão Verde, y con una vegetación
y un verde tremendos. Si alguna vez tuve la sensación de estar en un
sitio completamente virgen fue aquí. Para mi un paseo imprescindible y
una de las rutas que más he disfrutado. Os recomiendo el paseo porque
merece la pena.
El Mapa
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