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Albarracín (Teruel, Aragón): Tal vez el pueblo más bonito de España

viernes, 12 de junio de 2020


En toda lista de Pueblos Más Bonitos de España aparece, y nunca en uno de los últimos lugares. Albarracín es, para muchos, el pueblo más bonito de España y con toda la razón.

Albarracín está situado en un lugar muy particular de la península ibérica ya que desde su término municipal los ríos pueden verter en el Mediterráneo o el Atlántico. De hecho, el Tajo nace muy cerca de Albarracín, donde comienza su periplo hasta desembocar en Lisboa, casi mil kilómetros después.


Pero aparte de estas curiosidades geográficas, Albarracín brilla con luz propia gracias a su casco antiguo y a su muralla, en un espectacular estado de conservación y sin dar la impresión de estar recorriendo un parque temático como ocurre en otras zonas. Albarracín te transporta a la Edad Media más que ningún otro lugar que conozca, ya que sus edificios siguen manteniendo ese aspecto irregular y artesanal que en otros lugares se ha perdido, con paredes trazadas con escuadra y cartabón y losas de piedra perfectamente lisas y brillantes. Además, la coloración rojiza del rodeno le da una apariencia estética muy particular que contribuye a aumentar esa sensación.


Lo fácil hubiera sido "modernizar" el aspecto del pueblo, como ha pasado en otros lugares, pero en Albarracín comprendieron que sería un error porque la gracia (y la prosperidad) de la villa dependen de esta identidad.

A mí me tocó visitar Albarracín en un día de lluvia. A pesar de lo que pueda parecer lo agradezco, a pesar de la incomodidad de cargar con el paraguas. La lluvia le daba un aspecto más único si cabe. Ver esa luz filtrada en las estrechísimas calles que van desde la Plaza Mayor hasta la Puerta de la muralla es una de las estampas más bonitas que puedo imaginar.


Albarracín tiene su origen en la tribu celta de los lobetanos y fue habitada también por romanos y visigodos. Pero su época de mayor esplendor llegó durante la Edad Media. A la caída del Califato de Córdoba los gobernadores de la zona, los Banu Razin, a los que la población debe su nombre, consiguieron la independencia. Durante alrededor de un siglo la pequeña Taifa de Albarracín sobrevivió entre reinos cristianos de Castilla, Aragón y Navarra y las poderosas taifas de Toledo, Valencia y Zaragoza. Finalmente un gobernador de Valencia fue el que derrocó al último rey albarracinense.

Curiosamente pasó a manos cristianas por cesión y no por conquista, ya que el último señor islámico, el Rey de  se la entregó al señor de Estella como pago por los servicios prestados en su lucha contra los Almohades. Así que Albarracín tuvo un segundo período de independencia durante la época cristiana, pero bajo posesión de un vasallo del rey de Navarra.

 

Las murallas fueron entonces ampliadas para llegar a lo alto de la ladera en que se asienta el pueblo, alcanzando la torre de vigilancia que ya estaba allí construida. Pero esta mejora defensiva no evitó que la ciudad cayese en manos aragonesas tras su conquista definitiva por parte de Pedro IV de Aragón. Los fueros que tenía entonces Albarracín pervivieron hasta su abolición parcial por Felipe II y su abolición total con los Decretos de Nueva Planta de Felipe V. De hecho, buena parte de la historia de Albarracín es la de la lucha por proteger sus fueros y parte de su decadencia se debe a haber perdido esta lucha: Felipe II creó el obispado de Segorbe para minar al de Albarracín y con el tiempo ese fue uno de los factores de su declive.


Siguió sufriendo la ciudad en la Guerra de la Independencia, ya durante el siglo XIX, cuando fue sometida a sitio y bombardeada por las tropas napoleónicas. Prácticamente toda la industria de la ciudad, basada en molinos, talleres textiles y fundiciones, fue destruída. Quedar en la zona rebelde durante las Guerras Carlistas acentuó la crisis que ya se venía sufriendo desde tiempos de Felipe II.

Albarracín, dentro del proceso de conservación histórica que se inició en el siglo XX, fue elegido Monumento Nacional en 1961 y es actualmente candidata a ser Patrimonio de la Humanidad.

 

El mapa

Ruta Combinada
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De Calamocha a Calatayud: un paseo por el Valle del Jiloca

viernes, 13 de julio de 2012

Nuestra Señora de los Ángeles (Burbáguena, Teruel)
Burbáguena, Teruel


Iglesia de Santa María de Báguena, Teruel (Aragón, España)
Iglesia de Santa María de Báguena


Casa Lucías, Báguena (Teruel, Aragón)
Casa Lucías, Báguena


Convento de San Valentín de Báguena (Teruel, Aragón)
Convento de San Valentín de Báguena


La entrada de Daroca (Zaragoza, España)
La entrada de Daroca


Iglesia de Paracuellos de Jiloca (Zaragoza, Aragón)
Iglesia de Paracuellos de Jiloca


Calatayud (Aragón, España)
Calatayud


Castillo de Ayub, Calatayud (Zaragoza, España)
Castillo de Ayub o Castillo Mayor


Acceso al Castillo Mayor de Calatayud (Zaragoza, España)
Acceso al Castillo Mayor


El Castillo Mayor (Calatayud, Aragón)
Interior del Castillo Mayor


Al volver de Castellón decidí utilizar una ruta alternativa a la que había utilizado para ir, evitando Madrid y yendo por Teruel, Aranda y Valladolid. Es un trayecto un poco más corto y por lugares en los que nunca había estado.

Así que tracé ruta y me dejé guiar por mis dos GPS. Cuando voy así, siempre elijo la ruta que me marca el que "llega" antes a destino. Así descubrí Jérica.


Pero al llegar a las cercanías de Monreal del Campo los dos marcaban rutas distintas y había una diferencia de un minuto. Gran duda. Lo que yo sabía es que la ruta por Monreal evitaba Calatayud y la de Calamocha pasaba por allí. Así que decidido: vamos por Calamocha.

El nexo de unión entre Calamocha y Calatayud es el Valle del Río Jiloca, un valle muy suavecito que es un rayo verde en medio de los terrenos secos de esta parte de Aragón.

La primera sorpresa fue entrar en Calamocha y encontrar que casi cada edificio tenía su puesto de venta de jamones. No recordaba para nada la fama que tiene este producto, tal vez por toda la publicidad que los de Guijuelo ponen en la radio. Y creedme, el jamón de Calamocha es MUY bueno. Caro también, pero la calidad hay que pagarla. Calamocha en si no lo recuerdo como nada destacable a nivel urbano... pero teniendo esos jamones... ¿a quién le importa?

Así que comienzo a seguir la carretera que transcurre casi paralela al curso del Jiloca, y comienzan a sucederse las agradables sorpresas de los diferentes pueblos que me voy encontrando. Por desgracia la falta de tiempo me  hizo pararme mucho menos de lo que suelo y me gusta hacer. Lamento no haber parado en Luco de Jiloca, por ejemplo. Su iglesia y su paisaje urbano me llamaron mucho la atención, pero no me detuve.

Esta región es famosa por su arquitectura, ya que una buena parte de su arquitectura religiosa es de estilo mudéjar, tan diferente al románico que tanto se estila en mi Galicia natal. Tanto es así que la autovía que comunica Sagunto con Zaragoza recibe el nombre de "Autovía Mudéjar".

Así que un poco arrepentido de no haber parado en Luco sí que lo hice en Burbáguena, de acceso más sencillo en coche. La iglesia, como podéis ver, es preciosa. A su lado hay uno de los cuatro palacios que en esta localidad tuvo el marqués de Montemuzo.

Prosiguiendo ruta, mi siguiente parada fue en la vecina Báguena. Otro pueblo que no tiene un par de sitios interesantes para visitar, como su iglesia y el palacio que está a su lado, en estado de ruina o el recién abandonado monasterio. Se nota un poco el despoblamiento de estas tierras, que han estado perdiendo población a buen ritmo en las últimas décadas.

Tanto Báguena como Burbáguena pertenecieron a la Comunidad de Aldeas de Daroca (a la que no pertenecía la misma Daroca) y fue este ente el que fundó el monasterio del que hablaba y que hace muy pocos años ha cerrado sus puertas ante el envejecimiento de sus monjas, transladadas a Zaragoza, a otro monasterio de su orden.

Mi siguiente parada ya fue en Daroca, dejando Teruel y entrando en Zaragoza. Daroca fue una enorme sorpresa y fue un pecado no haberle dedicado más tiempo. Parada casi obligatoria en la ruta entre Madrid y Barcelona, sus muros sirvieron de posada a numerosos reyes de España que tuvieron que desplazarse entre una y otra ciudad. Es un lugar un poco extraño desde el punto de vista defensivo, puesto que en lugar de fortificar un cerro o una colina se fortificó un barranco. La villa se encuentra enclavada en una especie de valle muy cerrado cuyas paredes se hayan coronadas por murallas y torres defensivas.

A partir de aquí y viendo que el tiempo se me echaba un poco encima me paré bastante menos. Tan solo en Velilla de Jiloca y también en Paracuellos de Jiloca, cuya iglesia me "obligó" a detenerme para hacerle una foto. Además en Paracuellos hay un balneario que pasa por ser de los más importantes de España y cuya historia se remonta a más de 150 años.

Y llegamos a Calatayud, otra enorme sorpresa para mi por su historia y su arquitectura, con torres mudéjares, muralla de origen musulmán (una de ellas alberga una puerta que se supone el elemento arquitectónico árabe más antiguo de la península) y sus cinco castillos que dominan la villa y la comarca. Tal era su grado de conservación que durante las Guerras Carlistas las tropas del aspirante que procedían del Maestrazgo se hicieron fuertes tras sus muros en más de una ocasión.

La ciudad, que llegó a ser capital de la provincia homónima y primer ayuntamiento de España en seguir la actual constitución y lugar de reunión de las primeras cortes de la Comunidad Autónoma conoció una larguísima historia cuyo mayor esplendor se dio en tiempos de los Banu Qasi, al servicio del emirato de Córdoba primero y que mantuvieron buenas relaciones con los primeros reyes de Navarra (de hecho, la madre del primer rey navarro se casó en segundas nupcias con un Banu Qasi).

Sin embargo, sus ansias de autonomía hicieron que los gobernantes cordobeses apoyasen a los Tuyibíes asentados en Daroca que terminaron desplazando a los Banu Qasi y que, con el tiempo, llegaron a proclamar la independencia de la Taifa de Zaragoza.

Lamento no haber tenido tiempo de visitar el Monasterio de Piedra, que no queda demasiado lejos de aquí, ni de explorar la zona con más tiempo. Estoy seguro de que lo mejor me queda por descubrir.


Mapa
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