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Vila Real de Santo António (Algarve, Portugal): La ciudad prefabricada

viernes, 3 de abril de 2020

 
Praça do Marqués de Pombal

Las ciudades planificadas parecen algo moderno, contemporáneo, pero es casi tan viejo como el hombre. Los romanos, a partir de sus campamentos, fundaron numerosas ciudades. Y otras muchas culturas también lo hicieron.

Así que podríamos pensar que Vila Real de Santo António no tiene nada de particular. Y nos equivocaríamos. Lo que hace singular a Vila Real es que fue una ciudad planificada y construida a partir de edificios prefabricados. Teniendo en cuenta que los trabajos empezaron a finales del siglo XVIII hablamos de una obra adelantada a su tiempo.

 
Detalle de la cuadrícula urbana de Vila Real de Santo António

La historia de Vila Real empieza de algún modo con el Gran Terremoto de Lisboa (1755). Os recomiendo que leáis la entrada de la wikipedia sobre este terremoto porque su impacto en la historia fue indeleble. Sirvió para fundar la sismología, impactó en la filosofía e incluso se construyeron algunos edificios resistentes a terremotos durante la reconstrucción.

En el momento de producirse dicho terremoto había una guerra abierta entre la alta nobleza portuguesa y el favorito del Rey, el Marqués de Pombal. Los primeros consideraban al segundo un advenedizo sin nobleza y el Marqués, por su parte, consideraba que los nobles eran corruptos e ineficaces.

 
Edificios al lado del puerto

La competente respuesta del Marqués al terremoto le granjeó una gran popularidad. La reconstrucción en tiempo récord de la capital y la forma en que gestionó el cuidado de los supervivientes le dieron un crédito ilimitado. La inmensa popularidad ganada acabó con el poder de la nobleza y un poco claro intento de magnicidio sobre el Rey poco tiempo más tarde condujo a la exterminación de la familia Távora, una de las más poderosas, y a la consolidación de la posición del Marqués, que se acabaría convirtiendo en una figura central de la historia portuguesa.

Años después, ya siendo hombre fuerte del país de forma indiscutida y tras una breve guerra con España, el Marqués estimó que el Algarve estaba desprotegido ante una eventual invasión desde Sevilla. Tan sólo Castro-Marim al sur y Alcoutim un poco más al norte, enfrente a Sanlúcar de Guadiana, pero demasiado retirado para ser de ayuda, se interponían en el camino de esa hipotética invasión. Además existía la necesidad de controlar el tráfico de mercancías que entraba y salía por el Guadiana, que es navegable por muchos kilómetros.

 
Puerto deportivo de Vila Real de Santo António

Para aumentar las defensas de la frontera decidió que necesitaba aumentar la población local. Para ello se decidió la construcción de una ciudad totalmente nueva siguiendo los mismos principios que se habían aplicado en la Baixa lisboeta.

El lugar elegido fue el que ocupaba una aldea de pescadores que se llamaba Santo António da Arenilha.

Se estableció una malla ortogonal a partir de la plaza principal, que hoy lleva su nombre. En esta plaza fue donde se erigieron los primeros edificios, entre ellos el del ayuntamiento, la iglesia y la Casa de la Guardia.

 
Barcos en el puerto deportivo

Las canterías necesarias para la construcción se elaboraban en Lisboa y se enviaban por barco hasta Vila-Real, donde se utilizaban de forma inmediata. En apenas dos años la ciudad fue levantada en el lugar de una antigua aldea de pescadores que había desaparecido tragada por las arenas y las tempestades. La nueva ciudad se convirtió en un puerto de mercancías y desde un primer momento fue una población próspera.

El comercio marítimo-fluvial y la pesca fueron grandes motores económicos, junto con la explotación agrícola de sus tierras. En las últimas décadas el sector turístico ganó peso debido al extenso arenal que nace en la desembocadura del Guadiana y que es una prolongación de los de la Ría Formosa.

El mapa
Tierras de Frontera

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Sanlúcar de Guadiana (Huelva, Andalucía): La tirolina que une a dos países

miércoles, 19 de junio de 2019

 
 El Guadiana es la mayor frontera fluvial entre España y Portugal.

Desde el momento en que el Guadiana toca la frontera portuguesa, entre Badajoz y el lugar de Ajuda (Elvas, Alentejo), hasta su desembocadura entre Ayamonte y Vila Real de Santo António, y con la excepción de un tramo en el cual se convierte en un río completamente portugués, sus orillas ven a numerosas localidades que antes antes estaban separadas y ahora unidas por él.

Una de estas villas es Sanlúcar de Guadiana, en la provincia de Huelva, cuyo fuerte guardaba la frontera española. Frente a él está Alcoutim, en el Algarve. Y ambas están unidas por la única tirolina internacional de Europa.

 

Sí, sí. Una tirolina. Un cable de acero que va desde Sanlúcar hacia Alcoutim, así que si uno es un aventurero o quiere vivir una experiencia raruna para contar a sus amigos aquí tiene una buena idea.

Pero si a uno no le gusta correr tantos riesgos para cruzar de un país a otro tiene la opción de hacerlo en barco, que es mucho más relajado.

Después de haber visto la grandiosidad del Lago Alqueva cerca de Monsaraz, el Guadiana en este tramo es un río pequeño. Como el Miño en Tui o incluso menos. Y navegable. Aún así la tirolina tiene una longitud de unos 720 metros.

Y no son los únicos deportes acuáticos que podrías practicar aquí: flyboard, kayaks, waterball... la oferta es amplia. Y por supuesto, navegar en barco.

 

En los puertos de Alcoutim y Sanlúcar hay barcos bajo diferentes banderas, lo que indica que han remontado el río desde la costa, a unos 40 kms río abajo. En el lado español hay algunos bares cerca del puerto desde los cuales se puede ver el río, que baja tranquilo en este punto y los pocos barcos que lo navegan.

Si os parece extraño que se remonte tanto el río, puedo deciros que se considera navegable hasta el salto de Pulo do Lobo. Y que si no fuese por ese salto de media docena de metros el río sería navegable hasta Villanueva de la Serena, bien dentro de Badajoz. De hecho Mértola, que está como a 70 kms de la desembocadura, era un importante puerto comercial durante la antigüedad y hasta allí llegaban fenicios y cartagineses. Y hasta allí llegan las mareas. En Sanlúcar se notan mucho más y alcanzan un diferencial de unos dos metros entre bajamar y pleamar.

Las calles tienen poco movimiento pero son bonitas, de casas blancas hechas con gusto y cuyas ventanas a veces están toldadas. El suelo es de adoquín y no hay muchos coches aparcados. Me dio una sensación de lugar pacífico, sin mucho estrés y sin mucho ruido. Un lugar tranquilo ideal para el descanso.

 

Sanlúcar de Guadiana fue fundada por los portugueses tras haber sido reconquistado el lugar por parte de Sancho II. Hasta entonces el territorio en que se asienta el municipio formaba parte de la Taifa de Niebla (Huelva). Más adelante pasaría a manos castellanas, cuando el Guadiana pasó a ser frontera.

En un cerro en las cercanías de Sanlúcar se encuentra el Castillo de San Marcos, propiedad del ayuntamiento y que ha conocido etapas de ruina desde el final de su uso militar. El día que fui no estaba cerrado (¡comprobad el horario!) y me horrorizó ver sus muros pintados de blanco desde el lugar en que se cerraba el acceso. Por si os pasa lo mismo que a mi y se os da por buscar fotos del lugar veréis que antes de que se pintase (o se encalase, no puedo asegurar cómo se hizo) sus muros ya presentaban trazas de haber tenido este mismo color en el pasado.

 

Las vistas desde el castillo son estupendas, aunque sólo he podido disfrutar de ellas en foto. Desde allí hay una buena vista de Sanlúcar a un lado y de Alcoutim atravesando el río. Dentro del castillo hay un centro de interpretación que me hubiese gustado visitar.


También debe haber buenas vistas desde los molinos de viento que se encuentran al sur de Sanlúcar, pero se me hacía un poco tarde y quedarán para otra visita.

El Mapa
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Castro Marín (Algarve, Portugal): Dos castillos sobre el Guadiana

sábado, 11 de mayo de 2019


 

La frontera entre España y Portugal apenas se ha movido a lo largo de su historia. Algunos de los tramos más antiguos constituyen las fronteras más antiguas de la tierra siendo válidas desde hace cerca de novecientos años.

Como hemos visto en post anteriores (y veremos en otros más adelante) la relación entre los diferentes reinos que estaban a uno u otro lado de la frontera (Galicia, León, Castilla, España y Portugal) no siempre fue plácida y se establecieron fortificaciones para protegerse de los demás.

 

Hoy veremos el más meridional de estos fuertes, casi en la desembocadura del Guadiana, Castro-Marim. Es curioso lo que es la historia. A lo largo de muchos siglos Castro-Marim era el lugar en el que se terminaba Portugal, pero la fundación de Vila-Real de Santo António, unos kilómetros al sur le robó ese protagonismo. De hecho, la primera vez que pasé por allí ni siquiera sabía que Castro-Marim existía.

Sin embargo Castro-Marim fue importante desde hace siglos. Estando casi en la desembocadura del Guadiana representaba paso fluvial más accesible antes de llegar al mar. A partir de aquí el Guadiana se abre y empieza una zona de marismas que dificultan el cruce. Esta situación le convertía en paso obligado para aquellos que iban desde Andalucía hacia el Algarve. En tiempos del emirato y el califato de Córdoba eran parte de la ruta que unía a los centros de poder musulmanes con esta provincia, una de las más queridas por los árabes.

 

Pero la presencia humana en Castro-Marim y alrededores viene de antiguo. Fenicios, griegos, cartagineses, romanos, visigodos... todos ellos se asentaron aquí.

Castro-Marim dejó de ser musulmana en el siglo XIII, cuando los portugueses la ocuparon. Alfonso III de Portugal ordenó la construcción de su castillo para la protección de la frontera y de las salinas que desde siempre ha habido aquí. De hecho, es imposible saber cuándo empezó la explotación salinera en esta región. El castillo fue construido sobre fortificaciones anteriores, debiendo ser la primera de ellas un castro neolítico, y fue ampliado cuando Ayamonte se convirtió en territorio castellano.



El castillo pronto dejó de tener importancia, al terminar la fase portuguesa de la Reconquista y Castro-Marim empezó a perder población. La Orden de Santiago, que había ocupado el castillo, fue enviada a Tomar y esta fase de decadencia no terminó hasta que los portugueses entraron en la Edad de los Descubrimientos. El Algarve pasó entonces a ser una posesión privilegiada dentro de Portugal al ser el punto de partida de sus navegantes. Castro-Marim y el resto de plazas algarvías fueron reformadas y al castillo viejo se añadió el Fuerte de São Sebastião, situado en un cerro justo enfrente y preparado para hacer frente a artillería moderna.

El pueblo no merece mucho la pena. Sus calles que no se diferencian en gran cosa de tantas otras poblaciones portuguesas. El castillo, sin embargo, es otra cosa.

 

Visitarlo supone una pequeña sorpresa. Acostumbrados a castillos ajardinados, empedrados y maravillosamente "puestos en valor" el de Castro-Marim es mucho más rústico, con suelos polvorientos y pocas concesiones a las estéticas más modernas. El interior del recinto está ocupado por estructuras que sirven para pérgolas o pequeños puestos como de mercadillo. Alguno de ellos tiene un techo de tela que permite generar una pequeña sombra, y hay mesas y sillas bastante básicas, a veces unos tablones clavados entre sí, y que seguramente serán para el consumo de comidas y bebidas.

La muralla se puede recorrer, al menos parcialmente. Desde ella hay vistas al Guadiana y sus marismas e industrias salineras, y también a Castro-Marim, que rodea el castillo. A lo lejos, al otro lado del río se ve Ayamonte y entre ambas el moderno puente que une la autovía del Algarve (A22) con la Autovía V Centenario (A-49) que va a Sevilla.

Enfrente al castillo se puede ver el Forte de São Sebastião. Este fuerte se construyó tras la Guerra de Restauración, en que los portugueses se independizaron por última vez de la Corona de Castilla. El viejo castillo ya no era útil contra la artillería moderna y Castro-Marim, entonces principal plaza fuerte del Algarve, necesitaba una fortificación mejor preparada.

El complejo militar de la villa se completaba con el Revellín de São António, que se encuentra al este y donde hay una capilla

El mapa
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Portugal y Andalucía (III): Monchique, Silves y la desembocadura del Guadiana

sábado, 26 de diciembre de 2009

Monchique (Algarve, Portugal)
Monchique (Algarve, Portugal)

Convento de Nossa Senhora do Desterro, Monchique (Algarve, Portugal)
Nossa Senhora do Desterro, Monchique

Igreja em Silves (Algarve, Portugal)
Iglesia en Silves

Castelo de Silves (Algarve, Portugal)
Castelo de Silves

Castro Marim (Algarve, Portugal)
Castro Marim
Nuestra etapa anterior terminó en la península de Troia, y vamos a dar un pequeño salto hasta el Algarve. Para ver lo que hay entre medias, recomiendo mucho seguir una de las etapas de la ruta "Portugal de Norte a Sur", justo a partir de aquí. Ahí hay buenas recomendaciones acerca de la ruta, cosas a ver, etc. hasta Sines, hogar de Vasco da Gama.

Desde ese punto y hasta Arrifana, podéis consultar la siguiente etapa al completo. Si se hace con calma, lleva un día entero, a pesar de que la distancia en sí no es demasiada... pero hay tanto que ver. De hecho, el mapa que acompaña a esta ruta es esquemático desde Troia a Aljezur, sin detenerse en ninguno de los lugares mencionados en los post enlazados.

Recapitulando, este post va a servir para hablar de dos de los pueblos más interesantes del Algarve: Monchique y Silves. Este post también sirve para completar las dos últimas etapas (costa oeste y costa sur del Algarve) de "Portugal de Norte a Sur", donde se repasaban los lugares más interesantes de esta región portuguesa.

Monchique es una villa bastante pequeña de la Sierra homónima. Su arquitectura urbana es muy interesante, siguiendo el estilo propio del Algarve, pero con pequeñas adaptaciones debidas a la vida en la montaña. Su fama es debida a sus aguas, de propiedades terapéuticas y que ya conocían los romanos. Incluso hoy muchos promotores sin demasiado escrúpulo ni sentido estético intentan montar establecimientos de retiro destinados a jubilados británicos (he visto publicidad exclusivamente en inglés por esa zona referida a estos establecimientos).

Un punto interesante de visitar es el abandonado (pero en manos privadas y por tanto no visitable su interior) convento de Nossa Senhora do Desterro, en la parte más alta de la villa. Se puede llegar en coche hasta él, pero es absolutamente desaconsejable, debido a la pendiente y al estado de la vía. Las vistas y el bosque que le rodean son otro par de puntos a favor.

Callejear por Monchique es un placer: a sus calles empinadas y a sus casas, preciosas, se le suma la existencia de varios miradores distribuidos por toda su extensión que nos darán diferentes puntos de vista tanto del pueblo como del valle.

Nuestra siguiente parada es Silves, cuyo municipio antiguamente englobaba al de Monchique. Antigua capital del Algarve, los problemas de salubridad provocados por cambios en el curso del río Arade llevaron a la ciudad a estar prácticamente abandonada. Felizmente para ella, cambios económicos derivados de la industria del corcho sirvieron para que remontara el vuelo hasta su actual pujanza, derivada no solo del potencial turístico de su capitalidad, si no también por el de su escaso litoral, donde se emplaza uno de los enclaves playeros por excelencia del Algarve: Armação de Pera.

Pero volvamos a Silves. Tiene un pasado romano, como atestigua el hallazgo de monedas con la leyenda "Cilpes", que sería el nombre del lugar en aquellos tiempos. Más adelante los musulmanes construyeron su castillo, principal punto de interés hoy en día. Entre sus muros vivió el rey-poeta Al-Mutamid, de la Taifa de Sevilla, en sus años de juventud, antes de heredar el trono de su padre.

Tras la conquista cristiana, Silves siguió siendo capital del Algarve hasta que, como mencioné más arriba, el obispo se fue a Faro, la nueva capital, huyendo de los problemas de salubridad.

El castillo es visita obligada. De gran belleza y en un estupendo estado de conservación, con numerosos paneles que cuentan la historia del lugar y explican muchos de los elementos, creo que es un buen lugar para pasar un día tranquilo, antes de ir a la playa o, como será nuestro caso, proseguir viaje rumbo a la frontera española, donde empezará nuestra siguiente etapa. Para ello, podemos utilizar la ruta Infante de Sagres (una autovía libre de peaje) que recorre el Algarve de oeste a este o ir por la vieja carretera siguiendo el itinerario marcado en una de las etapas del año pasado, la que antes mencioné como costa sur.

Antes de pasar a España podemos detenernos en las villas fronterizas de la desembocadura del Guadiana, la poco conocida Castro-Marim y la mucho más famosa Vila Real de Santo Antonio.

Castro-Marim, con su castillo medieval (muy bien conservado y que conserva muy bien su sabor medieval, con casetas de madera a semejanza de las que en tiempos debieron existir) y su fuerte del siglo XVIII, que está tan bien conservado que tras las últimas obras de restauración parece recién construído, y cuya misión fue establecer una línea de defensa para el Algarve para evitar la entrada de tropas españolas.

Para finalizar, Vila Real de Santo Antonio fue una villa que nació en el siglo XVIII para que Castro Marim no estuviese sola en su labor de proteger la frontera meridional portuguesa. Sería el famoso Marqués de Pombal, benefactor de Lisboa tras el gran terremoto, el encargado de poner la primera piedra. Iniciada la construcción en marzo de 1774, para 1776 ya habían terminado su construcción.

Esta villa fue posiblemente una de las primeras ciudades del mundo construidas a base de piezas prefabricadas. Su urbanismo original está desplegado sobre una malla ortogonal y está basado, igual que el modo de construcción, en lo aprendido por los portugueses durante la reconstrucción lisboeta.

La jornada terminó para mí en el Cámping Giralda de Isla Cristina, que además de un precio razonable tenía internet gratis con Wi-fi, lo cual es para mí un puntazo a favor. Si bien hay un horario, si lo pides te dejan el AP conectado para que desde fuera de la cafetería puedas seguir utilizando la conexión (y también hay enchufe). Además, el personal es muy amable.

El mapa
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Pego do Inferno

viernes, 3 de julio de 2009

Pego do Inferno, Tavira (Algarve, Portugal)
Vista desde lo alto de las escaleras

Pego do Inferno, Tavira (Algarve, Portugal)
Vista desde la barandilla

Todo lo que sube, baja
Zambullida

¡Superman!
Saltando desde lo alto de las escaleras

Vuelo sin motor
Vuelo sin motor

Lo prometido es deuda: hoy voy a hablar del Pego do Inferno, un minúsculo lugar perdido en medio de plantaciones de cítricos en la parte occidental del Algarve, a un paso de la frontera de Huelva. Se trata de una pequeña cascada con una estética muy particular y aguas cálidas.

En el mapa de abajo indico como llegar al lugar desde Tavira, pero ignoro si fue el camino que seguí: se trataba de una pequeña pista asfaltada a mano derecha según me dirigía desde Pedras d'El Rei a la autovía A22 (Infante de Sagres), y luego seguí por ella durante algún tiempo. De hecho, recorrí un trecho majo y estuve a punto de darme la vuelta dándome por vencido, pero en el cruce donde iba a girar vi un segundo cartel y proseguí.

Lo primero que sorprende es que no parece que allí haya nada: los mismos huertos de cítricos (naranjos, creo), las mismas colinas quemadas por el sol... y un poco de vegetación a mano derecha. Si no fuera por unas escaleras de madera de las que se ponen en playas y parques y por la cantidad de coches aparcados, podría pasar de lado sin enterarme.

La vegetación no es más que la ribeira da Asseca, que es la que aporta el agua a la cascada. Según parece, las rocas por las que discurre son viejas de verdad, lo que explica también que el regato discurra por una especie de cañón en miniatura, varios metros por debajo del nivel del terreno circundante.

La caída no es muy alta pero sí bastante espectacular por la forma de las rocas, gastadas después de millones de años de paciente erosión.

La poza, de aguas cálidas y con un particular color verde oscuro, tiene unos siete metros de profundidad, aunque la leyenda dice que no tiene fondo. La gente suele saltar a ella desde los árboles circundantes o desde lo alto de la cascada, aunque algún loco, como el de la foto, es capaz de saltar desde la pasarela de madera. No sé cuánta altura puede haber, pero cuando saqué la foto del chico saltando los huevos se me pusieron de corbata.

El Pego do Inferno es un buen lugar para conocer un Algarve diferente y desintoxicarnos de tanta playa marítima (Tavira tiene unas playas excelentes, como la Praia do Barril, en Ilha de Tavira) y tanto coche.

El mapa

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Portugal de Norte a Sur (y V)

Praia da Boca do Río en Budens (Vila do Bispo, Portugal) (89 mil visitas)
Boca do Río

Barcos na Ponta da Piedade, Lagos (Algarve, Portugal)
Ponta da Piedade

Praia de Dona Ana, Lagos (Algarve, Portugal)
Praia de Dona Ana

Ribeira de Odiáxere y Ribeira do Farelo, entre Lagos y Portimão (Algarve, Portugal)
Ribeira de Odiáxere y Ribeira do Farelo

Praia da Rocha em Alvor, Portimão (Algarve, Portugal)
Praia da Rocha

Vista desde la fortaleza de Santa Catarina, Portimão (Algarve, Portugal)
Vista desde la fortaleza de Sta. Catarina

Praia de Carvoeiro, Lagoa (Algarve, Portugal)
Praia de Carvoeiro

Praia da Marinha, Lagoa (Algarve, Portugal)
Praia da Marinha (occidental)

Praia da Marinha, Lagoa (Algarve, Portugal)
Túnel de la Praia da Marinha

Praia da Marinha, Lagoa (Algarve, Portugal)
Praia da Marinha (occidental)

Praia da Marinha, Lagoa (Algarve, Portugal)
Praia da Marinha (occidental)

Canal de Fuseta, Olhão (Algarve, Portugal)
Canal de Fuseta

Comboizinho Pedras d'El Rei, Ilha de Tavira (Algarve, Portugal)
Comboizinho de la Ilha de Tavira

Praia da Ilha de Tavira (Algarve, Portugal)
Praia da Ilha de Tavira

Pego do Inferno, Tavira (Algarve, Portugal)
Pego do Inferno, Tavira

Vuelo sin motor
Pego do Inferno, Tavira
Última etapa de nuestro viaje por Portugal, y la primera en que no viajaremos de norte a sur, si no de oeste a este.

Por muchas razones esta es al mismo tiempo la etapa más fea y la más espectacular del viaje. Atrás quedan los grandes acantilados y las interminables playas de la costa occidental, y nos vamos a sumergir en una vorágine de edificaciones, hoteles, urbanizaciones y resorts que han destrozado casi irreversiblemente esta parte de la costa lusa.

El mapa es bastante más orientativo que en ocasiones anteriores, ya que hay docenas de caminos posibles (al fin y al cabo, tendremos muchos kilómetros urbanos) y los GPS nos pueden hacer todo tipo de rutas.

Mi ruta comenzó en el cámping de la Quinta dos Carriços, en Budens, Salema (por cierto, en Budens hay un Intermarché con gasolinera, así que es recomendable repostar aquí si es necesario: si lo hacemos bien no necesitaremos más combustible hasta España, donde es más barato).

La primera parada fue la pequeña playa de Boca do Río, a nada de empezar la ruta. Es una playa pequeña, bonita y coqueta. No parece masificada, aunque la vi de mañana. Al lado hay los restos de una fortaleza hecha polvo. Las defensas de Sagres, como ya había indicado, están destrozadas por el paso del tiempo y la canibalización de sus piedras. Es una vergüenza que Portugal se ocupe tan poco de su patrimonio.

Desde aquí iremos rumbo a la espectacular Ponta da Piedade, uno de los lugares más conocidos de Portugal por lo espectacular de sus acantilados, casi barrocos y con multitud de cuevas y la limpidez de sus aguas. En la segunda foto se ven muchos de los barcos que frecuentan la zona y las estelas de las lanchas turísticas que llevan a sus pasajeros a visitar las cuevas... por un módico precio.

Muy cerca está otra de las playas emblemáticas de Portugal: Dona Ana. Aunque por la foto pueda parecer una playa salvaje, lo cierto es que es una playa urbana perteneciente al núcleo de Lagos.

Sigamos camino hacia Portimão, pero sin perder de vista al mar, ya que merece la pena echar una rápida ojeada a la Ribeira do Farelo y Ribeiro de Odiáxere, donde los deportes naúticos son los reyes.

Justo antes de llegar a Portimão tenemos a Alvor y a su famosísima praia da Rocha, donde nuevamente esos acantilados naranjas y de retorcidas formas tan característicos de esta zona son el mayor atractivo. En la foto se aprecia bien la clase de destrozo urbanístico que se ha hecho por toda esta zona.

De Portimão me quedo con la Fortaleza de Santa Catarina, que protegía a la ciudad de ataques por mar. Está bastante bien conservada... pero el entorno... bueno, queda claro que el turismo salvaje es la mayor industria local, ¿no?

Antes de llegar al plato fuerte de la jornada, vamos a detenernos en un pequeño pueblo de pescadores hipertrofiado cuya parte antigua aún conserva el viejo olor marinero (diluido, pero lo conserva): Carvoeiro. La playa es pequeña y está en buen estado (pero masificada, claro), y la gente de la oficina de turismo es bastante poco diestra en castellano, aunque tienen un gran nivel de muchos otros idiomas (nunca entenderé por qué no forman personal en castellano teniendo tantísimos turistas españoles).

Y desde aquí, vamos a la playa por excelencia de Portugal, la que aparece en la cubierta de las guías de turismo debido a su gran belleza y extraordinarias formas: Praia da Marinha. Para mí, como gallego, es como la Praia das Catedráis... pero al cuadrado. Impresionante, sobre todo su parte occidental.

La playa en sí está dividida en dos partes: una oriental a la que se accede a través de un túnel (que se inunda en marea alta), y otra occidental que es donde están las formaciones más espectaculares, con columnatas, puentes, etc... sólo le falta ser nudista para ser perfecta.

Cuando estuve, aquí se terminó mi jornada y ya tuve que buscar un cámping, pero como para el día siguiente queda poquito que ver, he preferido fundir las dos etapas.

El cámping, por cierto, barato, limpio y enorme, está en Olhão y lo lleva el "Sindicato bancario do sul e ilhas" (no preguntéis) está en unas condiciones estupendas, es amplio, tiene multitud de servicios (incluyendo varios bares, restaurantes y discotecas) y a un precio genial. Yo lo elegiría como base de operaciones si fuera a quedarme una temporadita en la parte oriental del Algarve.

Nos hemos dejado atrás Faro, la capital del Algarve. No la conozco y no sé que tal es, aunque no me han dicho que sea imprescindible conocerla (dicen que es fea, pero ni idea).

Desde Faro hacia el oriente la costa vuelve a estar protegida: es lo que se llama la Ría Formosa: una serie de islas de arena alargadas a unos centenares de metros de la costa y que son lo que queda de un extenso cinturón dunar inundado tras el fin de la última glaciación.

Nuestra siguiente parada es Fuseta (o Fuzeta), desde donde podemos coger un barco para la Ilha da Armona. También hay una playa sin necesidad de cruzar el canal pero, la verdad, no es gran cosa.

Otra isla parecida pero de mayor fama es la Ilha de Tavira. Se puede cruzar a ella a través de un puente flotante y luego desplazarse hasta la Ilha do Barril en un trenecito diésel, o bien patear un poco (son unos 600 metros). Desde la Praia do Barril hacia el occidente (para los que estamos acostumbrados a mirar al norte, viene siendo a la derecha y no a la izquierda) podemos llegar a la parte nudista (con muy poquita gente) y que es una de las pocas autorizadas en todo el país.

Aguas limpias y cristalinas y no demasiado frías, y una arena finísima nos recibirán gustosos. Hace bastante calor, por cierto: no hay zonas de sombra ni nada donde resguardarse y todo el entorno es de arena, lo que hace que esta playa sea algo más cálida que la mayor parte de las playas que conocemos.

Y de aquí, vamos a un lugar que descubrí por casualidad mientras buscaba un parque de merendas para comer tranquilo y que resultó ser uno de mis lugares preferidos del Algarve: el Pego do Inferno, a la que dedicaré un artículo completo... porque se lo merece. Es un lugar realmente especial a un paso de la frontera española

Y de aquí podemos tirar hacia el equivalente portugués de Ayamonte: la Vila-Real de Santo Antônio, que guarda la desembocadura del Guadiana del mismo modo que la citada localidad onubense, que nos recibirá para volver a España y entrar en Andalucía.


El Mapa

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Portugal de Norte a Sur (IV)


Praia de Bordeira


, Aljezur (Algarve, Portugal)
Pequeño puerto en Carrapateira


, Aljezur (Algarve, Portugal)
Praia do Amado


 (Vila do Bispo, Portugal)
Praia da Murraçao


, Vila do Bispo (Algarve, Portugal)
Praia de Cordoama


, Vila do Bispo (Algarve, Portugal)
Praia do Castelejo


, Vila do Bispo (Algarve, Portugal)
Faro de São Vicente


, Vila do Bispo (Algarve, Portugal)
Beliche


, Vila do Bispo (Algarve, Portugal)
Praia do Zavial


 (Vila do Bispo - Algarve, Portugal)
Salema, Budens
Tras un parón mucho más largo de lo que pensaba, vamos a seguir con la ruta de Portugal. En el episodio anterior recorríamos la costa alentejana desde Sines hasta Arrifana, y hoy vamos a partir de aquí para recorrer lo que nos queda del Parque Natural del Sudoeste Alentejano y la Costa Vicentina... lo que vendría siendo lo más interesante del Algarve Occidental.

Una cosa sobre el mapa: el de hoy no es más que una aproximación, ya que muchas de las pistas que hay que coger para las playas no aparecen en Google Maps (sí en las ortofotos), así que mi recomendación es imprimir o guardar en un ordenador una captura de pantalla que abarque toda la zona y marcar sobre ella los itinerarios.

Otro detalle más: vamos a ir mucho por pistas de tierra en un estado tan jodido que a veces puede compensar más hacer un rodeo e ir por una carretera de asfalto, aunque haya que duplicar distancias... e independientemente de todo eso, el coche nos va a quedar hecho un asco con tanto polvo.

La primera parada del día va a ser la larguísima playa de Vale de Figueiras, de gran fama entre los surfistas que van a Portugal. Para llegar a ella habremos de coger una pista que nos va a indicar cómo va a ser el resto del día: larga, polvorienta, llena de pedruscos que pondrán a prueba las suspensiones (así que conducid despacito y con paciencia) y con el ambiente impregnado por el omnipresente olor de las jaras.

De aquí nos iremos hacia por la EN-268 Carrapateira, que nos recibe con una carretera sinuosa entre árboles y que nos descubre la hermosa playa de Bordeira, donde desemboca un pequeño regato (me niego a llamarlo río), y a partir de aquí comienza una zona de dunas y de acantilados con unas formas esculpidas por la erosión que se antojan caprichosas.

La costa de Carrapateira es árida y desagradable a la vida, pero los colores y las formas son un espectáculo digno de ver. Es sintomático un pequeño puerto de pescadores que no es más que unas cuantas cabañas de madera resistiendo sobre el acantilado como buenamente pueden: la costa es tan áspera que ni refugio da a quienes viven del mar.

La Praia do Amado es nuestra siguiente parada. Carrapateira es un pueblo literalmente tomado por los surfistas, y esta playa, junto con Bordeira, es el lugar donde se van a concentrar. Creo que nunca vi tanto surfista junto como aquí. Creo que si alguien tirase una piedra le daría a dos o tres antes de hundirse definitivamente.

Regresamos a la carretera a través de una pequeña carretera rodeada de áloe vera y nos ponemos en rumbo hacia Murração, que está a tomar por culo de todo y aún así tiene hasta chiringuito.

Podemos volver sobre nuestros pasos hacia la carretera, o seguir por una pista de tierra hacia Cordoama y Castelejo, dos playas inmensas separadas por un promontorio (que no las separa en marea baja) desde el que se tiene una panorámica privilegiada de estos dos arenales.

Se supone que el norte de Cordoama es nudista, pero los dos policías portugueses a los que pregunté (no es legal más que en zonas autorizadas) no sabían nada del tema pero me aseguraron que salvo que alguien denunciase nadie iba a molestar. Lo mejor es buscarse un rincón más o menos tranquilo y no debería haber problemas.

Desde aquí ya arrancamos hacia Cabo São Vicente pero antes, si miráis el mapa, podemos acercarnos a una playa que hay cerca de Vila do Bispo (pueblo bastante anodino y pequeño, por cierto, aunque la capital del municipio que ocupa casi toda la ruta de hoy). En este punto podéis ver las limitaciones de Google Maps. De lo que recuerdo mientras buscaba (sin suerte) esa playa es que había varias trampas de arena. Ignoro todo de ella: si es nudista, como se llama o si tiene alguna clase de servicios.

Cabo São Vicente es el fin de la costa portuguesa que va de Norte a Sur y el comienzo de una la que va de oeste a este... por decirlo de alguna manera, es el límite entre la fachada atlántica y el suelo de Portugal.

Los acantilados aquí son pavorosos, como cortados a pico: estas en tierra firme y en dos metros una caída de 60 metros al mar, como bien supo el pobre de Sven Greeff en sus últimos y trágicos momentos de vida.

Yendo hacia el este nos encontramos con algunos lugares interesantes, como la playa de Beliche (otra presunta playa nudista), los restos de la escuela donde se formaban marinos de la talla de Vasco da Gama bajo el patrocinio de Henrique el Navegante o la muy turística villa de Sagres, preludio de lo que será buena parte del Algarve, salvajemente ocupada por el turismo de sol y playa (y mínimo respeto por el entorno natural). En Sagres podemos ver el fuerte (no particularmente interesante) y su puerto, el primero digno de ese nombre desde Sines.

Los que gusten del nudismo pueden acercarse a la playa de Zavial, muy ventosa siempre (o eso intuyo a juzgar por la cantidad de muros de pedruscos levantados por los bañistas para protegerse de la arena), pero de una rara belleza.

De aquí podemos ir hasta la playa de Figueira, que dicen que es nudista (pero llegué demasiado tarde para averiguarlo) y que tiene los restos muy derruidos de un antiguo fuerte que protegía a Sagres. El tiempo no ha sido clemente con las fortificaciones defensivas, tal vez canibalizadas por los lugareños para construir muros con sus piedras.

La última parada del día será Salema, que es un pueblo de pescadores que se está convirtiendo a marchas forzadas en un nuevo horror turístico con la construcción masiva de chalés y adosados. Si uno se acerca a los acantilados de la parte occidental aún tiene una vista interesante de la zona... y más vale sacar fotos porque tal vez no haya oportunidad de volver a verlo en ese estado.

Para alojarse recomendaría el cámping Quinta dos Carriços, enorme (y con ello quiero decir que es enorme, con áreas que ni siquiera han sido parceladas porque... siempre sobran plazas) y con unas instalaciones en muy buenas condiciones, abundancia de puntos de luz y de agua.

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