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Monsaraz (Alentejo, Portugal): la perla del Alentejo

martes, 7 de mayo de 2019


 

Os había contado algo acerca del Lago Alqueva en el post acerca de Juromenha. El problema es que en Juromenha, a pesar de las magníficas vistas, sólo estábamos en la cola del embalse y luce mucho menos.

Pero hay un lugar con unas vistas privilegiadas sobre el embalse y que, además resulta que es realmente precioso.


Y ese lugar es Monsaraz, para muchos el pueblo más bonito del Alentejo. Y es decir mucho porque hay pueblos como Marvão son realmente bonitos.

Monsaraz era una villa fortificada en lo alto de una montaña y que domina una amplia región sobre el Valle del Guadiana. Si bien en su época de mayor poder la vista debió ser impresionante actualmente está a otro nivel.

 

Alqueva es una obra reciente, realizada a principios de este mismo siglo, y constituye el mayor lago artificial de Europa. De punta a punta hay unos 83 kilómetros en línea recta y su costa es de 1160 kms, que es más o menos la que resultaría de sumar la costa continental de Portugal y la de Madeira e Islas Salvajes. Todo el país menos las Azores.

La vista desde Monsaraz de esta colosal reserva de agua dulce es francamente impresionante. Es como si tuviese su propio, estrecho y recortado mar. Algo así como una ría lejísimos del océano.


Pero Monsaraz no es un mirador. Como dije antes, es el pueblo más bonito del Alentejo para muchos que conocen la región mejor que yo y es de largo el más bonito de los que he visitado. Para los portugueses Monsaraz es una de las Siete Maravillas de Portugal. Será por algo.

Monsaraz fue habitada desde la antigüedad. Numerosos restos prehistóricos como un par de menhires y un cromlech existen en la parroquia

 

Durante la Reconquista Monsaraz fue arrebatada a los musulmanes en la segunda mitad del siglo XII, por Gerardo Sin Miedo, el mismo que había conquistado Juromenha. Pasaría más de un siglo hasta que recibió fueros, lo que es algo extraño teniendo en cuenta la importancia estratégica de la plaza, primero por su cercanía a los territorios musulmanes y segundo por su posición cercana a la frontera con el Reino de Castilla.

A pesar de ello y de estar en lo alto de una montaña hay aparcamiento gratuito suficiente, al menos en días de semana, para aquellos que se acercan con su coche y sin alejarse demasiado de la puerta principal.


La piedra de la muralla es oscura y contrasta vivamente con las casas del interior, que recuerdan a los Pueblos Blancos andaluces. La forma del pueblo es como un huso, adaptándose al terreno, y desde la puerta de entrada, flanqueada por dos torres, parten varias calles que convergen en las cercanías del castillo, en el extremo opuesto de la muralla.

El castillo es una fortaleza articulada entorno a un pequeño patio de armas que hoy en día aparece rodeado por un graderío y presidido por una gruesa torre del homenaje. En Portugal está prohibido matar a los toros durante los festejos taurinos, pero este patio de armas es uno de los dos únicos lugares de del país donde esta prohibición no tiene efecto.

 

Las calles, adoquinadas, están cerradas al tráfico y son una preciosa área peatonal. Hay talleres de artesanía y restaurantes por todas partes. Y pequeñas terrazas que sirven de mirador hacia un lado u otro del pueblo, alcanzando la vista muchos kilómetros en cualquier dirección. Pero esta sensación de poder es aparente. Monsaraz no es capital de su municipio desde el siglo XIX, cuando Reguengos de Monsaraz pasó a ser la capital del ayuntamiento.

La afluencia de visitantes y la belleza del entorno se ve enriquecida durante el mes de julio de forma bienal celebrando el llamado "Monsaraz, Museo Abierto". Además de esto la Iglesia de Santiago es una galería de arte donde hay permanentemente exposiciones.

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Juromenha (Alentejo, Portugal): la abandonada centinela del Guadiana

miércoles, 1 de mayo de 2019

 

España y Portugal han sido vecinos desde la Edad Media, cuando el condado de Portugal accedió a la independencia con Afonso I Henríques. Algunos tramos de la frontera original entre ambos países siguen siendo válidos hoy en día, diez siglos después.

Pero esa frontera ha sido escenario de muchas guerras y muchas desconfianzas. Con el tiempo España y Portugal han pasado a ser amigos además de hermanos y algunas de las fortificaciones que se construyeron hoy están abandonadas o reconvertidas en atracción turística. Y algunas, incluso olvidadas.


Juromenha podría ser la más espectacular de estas fortificaciones olvidadas. Igual que el fuerte de Lovelhe, en Vila Nova de Cerveira, se trata de un fuerte moderno, del siglo XVII, aunque en su caso es el heredero de complejos anteriores que se remontan hasta la prehistoria. Aún es posible encontrar elementos de origen romano en sus muros.

El castillo, núcleo del complejo, es de origen musulmán. Formaba parte de las defensas de la Taifa de Badajoz y fue musulmana hasta que Geraldo Sem Pavor (Gerardo Sin Miedo), un aventurero portugués al servicio de Afonso Henríques que era muy activo por estas tierras, consiguió tomar el castillo.


Durante siglos Juromenha, varias veces reformada, fue suficiente para la protección de la frontera. Una de estas reformas fue, paradójicamente, la causa de la caída de la plaza. La reforma en la que se abaluartó el recinto fue encargada a un ingeniero francés que seguía los métodos de Vauban, Nicolas de Langres, que luego vendería los planos a los castellanos. En última instancia Castilla perdió la guerra y Portugal volvió a ser independiente, con lo cual Juromenha volvió a manos portuguesas.

La duradera paz entre España y Portugal fue restando importancia a Juromenha, que entraría en decadencia a partir del siglo XIX. La población civil fue abandonando las murallas e instalándose en el arrabal que se sitúa a las puertas. Juromenha perdió su municipalidad y se convirtió en una freguesía de Alandroal hasta hace unos años, cuando fue extinguida. En los años veinte del siglo pasado los últimos habitantes de la muralla la abandonaron y la moderna Juromenha son un par de hileras de casas de planta baja frente a la entrada principal.


Que una fortaleza esté en ruinas es algo tristemente habitual. Pero que una que ha sido ocupada hasta tiempos recientes se caiga a pedazos es mucho más infrecuente y descorazonador. No hay razón para que tal cosa ocurra. Una vez franqueada el panorama puede ser desolador: dependiendo del momento Juromenha será transitable o una selva de malas hierbas y matorral, o lo mismo de antes pero desbrozado.

Las casas más humildes hace tiempo que desaparecieron, hundidas por los elementos, podrida su madera o canibalizados sus materiales. El saqueo se extendió a los edificios más notables: las iglesias (una de las cuales sirvió para tres bodas reales), el antiguo ayuntamiento, y el resto de edificios civiles o militares han sido concienzudamente expoliados


Presidiendo el conjunto está lo que queda de su castillo medieval. Una solitaria bandera portuguesa ondea en lo alto de la torre del homenaje. Un triste recordatorio de lo que un día fue una de los castillos principales del Reino de Portugal.

La creación del lago Alqueva representa una pequeña esperanza de prosperidad para los habitantes de Juromenha, en su mayoría agricultores. La subida del cauce del Guadiana, impresionante en este tramo, ha permitido la construcción de un par de muelles. La cercanía con Elvas y Badajoz permite soñar con un florecimiento del sector turístico y de la navegación fluvial. El embalse mide desde aquí casi ochenta kilómetros, con multitud de rincones para explorar para quienes se puedan permitir un barco.

 

En la actualidad hay un proyecto para convertir lo que queda de la fortaleza en una pousada, aunque desconozco si a manos de Pousadas de Portugal (la versión lusa de nuestros Paradores) o de una iniciativa privada. Por lo que he leído hay controversia acerca del proyecto y parece estar paralizado. Esperemos que Juromenha sobreviva hasta que el gobierno portugués se decida a efectuar las obras necesarias.

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