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Castillos de Castilla (II): Tiedra, entre la Tierra de Campos y el Alfoz de Toro

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Primavera en Tiedra

La confluencia entre las provincias de Zamora, Valladolid y León es abundante en castillos y fortificaciones.

Su carácter de triple frontera entre los Reinos de León, Castilla y los diversos estados musulmanes que se fueron sucediendo al sur del Duero, más la proximidad, a partir del siglo XII, del Reino de Portugal hicieron muy importante la guarda y protección de estas tierras.

Tiedra es uno de estos castillos fronterizos que se construyeron para proteger a los colonos procedentes del norte con los que el reino leonés repobló estas tierras.

Castillo de Tiedra

Para ello se utilizó un cerro situado al lado de la villa vieja, Amallóbriga, una población más que milenaria fundada por los vacceos, antes de la llegada de los romanos, debido a que era más fácil de defender. La situación de Tiedra era estratégica ya que controlaba el paso entre la Tierra de Campos y el Alfoz de Toro, y se convirtió en villa de realengo, dependiendo directamente de la corona y no de algún señor feudal.

Para el siglo XIII, sin embargo, la familia de los Téllez de Meneses era quien controlaba Tiedra, convertida en una pequeña y próspera ciudad medieval. Fue esta familia la que dio al castillo su forma actual.

Ruinas de la Iglesia de San Pedro

Tiedra cambió de manos varias veces más, hasta que acabó en manos de la familia Osuna, su última propietaria, que la conservó hasta el siglo XIX, cuando se abolieron los señoríos.

Hoy Tiedra es una pequeña población en los Montes Torozos, que conoció decadencia pero que, al igual que vimos con Urueña, busca en su pasado el presente y el futuro. La reconstrucción de su castillo y una serie de actuaciones en su casco urbano buscan posicionarla para que los visitantes se acerquen a conocerla.

Tiedra desde el castillo


Además del castillo, Tiedra tiene una modesta plaza mayor, los restos de sus murallas y un aula de arqueología para conocer el pasado más que milenario tanto de la población actual como de Amallóbriga, su antecesora.

Para quienes vamos de lejos tal vez no merece la pena ir a propósito porque es muy pequeño y se ve enseguida, pero por suerte se puede hacer un circuito de uno o dos días visitando Tiedra y otros castillos de las cercanías, como Urueña o Villalonso.

El mapa

Ruta combinada

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Castillos de Castilla (I): Urueña, la villa del libro.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Murallas y castillo (cementerio) de Urueña

El gran problema de hacer turismo por Castilla y León son las autovías. Son geniales para conectar el punto A con el punto B, pero eso hace que mucha gente no se pare a ver qué hay de camino. Simplemente marcan el destino en el GPS y tira p'alante.

Pero como ya os he mostrado en post anteriores de este blog, Castilla tiene mucho para ofrecer. Tanto, que sorprende. Hoy vamos a conocer Urueña, que no es exactamente una desconocida.

Urueña desde la Ermita de Nuestra Señora de la Anunciada

A pesar de ello, jamás ha sido visitada por la inmensa mayoría de los conductores habituales de la A-6, estando a tan sólo seis kilómetros de la salida 211, cerca de Villardefrades que, por cierto, tiene una iglesia en ruinas que es preciosa.

Murallas de Urueña

Vengáis del norte o del sur, la salida 211 es la que deberíais coger. No porque os quede mejor, ya que posiblemente la 216 le viene mejor a quien va en sentido Madrid, pero la vista de las murallas de Urueña desde la Ermita de Nuestra Señora de la Anunciada, es la mejor carta de presentación posible para la localidad.

En cualquier otro lugar de Castilla, Urueña destacaría únicamente por su castillo y sus vistas, pero Urueña tiene otro atractivo: es una Villa del Libro.

Adarve de la muralla de Urueña
Pero vayamos por partes.

Urueña es antigua y su emplazamiento estuvo poblado por los vacceos, después romanizada y reconquistada en el siglo X, convirtiéndose en uno de los innumerables puestos de frontera entre los Reinos de León y de Castilla y también con los estados musulmanes al sur del Duero.

El patrimonio de Urueña sufrió un gran descalabro en 1876, cuando un incendio se llevó por delante el ayuntamiento con su archivo, y de paso medio pueblo.

Ermita de Nuestra Señora de la Anunciada
En las últimas décadas el ayuntamiento ha emprendido un ambicioso programa de restauración que ha devuelto el esplendor a la villa. Hoy en día la muralla luce un aspecto inmejorable y al visitarla se hace imprescindible pasear por el adarve, con vistas a la comarca de los Montes Torozos y parte de la Tierra de Campos. Ya sólo por esto, merece la pena parar en Urueña.

Pero es que además Urueña es una Villa del Libro. Es un proyecto inspirado en otros que hay en Europa y la idea es crear una alternativa de turismo cultural y de promoción de la lectura y la escritura. Al calor de esta iniciativa varias librerías se abrieron en la villa, hasta una docena en tiempos anteriores a la pandemia del COVID-19, aunque no sé cuantas de ellas siguen abiertas actualmente. Urueña también cuenta con cinco museos.

Iglesia de San Andrés en Villardefrades

 Y todo ello con unos 200 habitantes.

Como digo, merece la pena parar.

 El mapa

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Pastrana (Guadalajara, Castilla-La Mancha): de la princesa tuerta al "Sí de las niñas"

martes, 25 de mayo de 2021

Palacio ducal de Pastrana en la Plaza de la Hora

Aunque dispongo de un extenso mapa con destinos visitados y por visitar dentro de la Península Ibérica siempre hay sitios que se escapan a mi radar y acabo descubriéndolos por casualidad. Ya me había pasado con Montblanc, en Tarragona y me ha pasado en otros sitios.

En el caso de Pastrana había estado viendo Madrid y Alcalá de Henares y mi siguiente destino era Cuenca. Y como suelo hacer cuando voy de ruta, busqué un hotel y dentro de los filtros que tenía el que más me seducía, más o menos en mi ruta, estaba en Pastrana, en plena Alcarria. Era una noche terrible, con mucha lluvia y poca visibilidad, así que literalmente no vi nada al llegar. Y mi idea era no entretenerme mucho allí.

Calle de Pastrana que desemboca en la Plaza de la Hora

Pero por la mañana, al ir a buscar el coche me gustó mucho lo que vi y decidí que Pastrana bien merecía un paseo. Y lo merece.

Pastrana ahora no es muy conocida, fuera de su zona, pero en siglos pasados tuvo su importancia e influencia ya que estaban muy bien relacionados en la Corte madrileña. Villa de realengo, perdió esta condición al ser vendida a Ana de la Cerda. Y esta mujer fue la abuela de Ana de Mendoza de la Cerda, cuyo nombre puede que no os diga nada, pero cuyo retrato, el de una mujer tuerta y con cuello cervantino, debería sonaros del colegio. 

La otra entrada a la Plaza de la Hora

A Ana de Mendoza se la conocía como Princesa de Éboli (título procedente de su matrimonio) y fue la primera Duquesa de Pastrana, título concedido a su marido por Felipe II, en agradecimiento a su colaboración. 

Pero no era simplemente "la mujer" de Ruy Gómez de Silva. Por sí misma consiguió reputación de ser una mujer inteligente y preparada, a la muerte de su marido, se retiró primero a un convento, donde se las tuvo tiesas con Santa Teresa de Jesús, y después fue parte activa de las intrigas palaciegas de la época. Su relación con el nefasto Antonio Pérez, secretario del rey, le valió ser encerrada en su palacio de Pastrana. No se sabe exactamente por qué, pero Felipe II murió odiándola.

Fuente en el casco histórico de Pastrana

La prosperidad de la villa terminaron cuando los Duques de Pastrana abandonaron la ciudad para transladarse a la Corte, en el siglo XVIII.

De aquellos años de esplendor quedó un importante patrimonio histórico, artístico y arquitectónico, con varias casonas, el palacio ducal y varias iglesias y conventos que han sobrevivido hasta nuestros días, aunque a veces con cambios en su función, como el antiguo convento de San Francisco, que ha sido cárcel, restaurante, cuartel de la Guardia Civil y centro cultural.

Pasadizo en Pastrana

De Pastrana era también la madre de Leandro Fernández de Moratín, que vivió en la villa largas temporadas y donde escribió algunas de sus obras, como La comedia nueva o El Café o la mucho más famosa El sí de las niñas, a donde se retiró gracias a la protección de Godoy, favorito del rey. Cuando este cayó debido a su papel en el estallido de la Guerra de la Independencia, hubo de huir a Vitoria primero, y después a París, donde moriría. La casa que construyó y en la que vivió antes de su huida todavía está en pie, aunque no es visitable.

Mapa

Ruta por Guadalajara

Castrillo de los Polvazares: un pueblo maragato

jueves, 20 de mayo de 2021

Entrada del pueblo viniendo de Astorga

A lo largo de los años que llevo escribiendo este blog he conocido muchos pueblos hermosos, algunos menos que parecen sacados de un cuento y unos pocos que parecen un escenario de cine.

Pero casi todos los que forman parte de esta categoría (Peratallada, Albarracín, Monsaraz...) tienen en común un pasado próspero en el que se conformó un patrimonio arquitectónico de primer orden.

Castrillo de los Polvazares, perteneciente al municipio de Astorga, es una de las raras excepciones. Aunque tuvo un pasado próspero nada tiene que ver con el de las localidades antes mencionadas, ni con murallas, castillos, capitalidades o casas que fueron auténticos palacios. Y al igual que en el caso de Ayllón y la trashumancia, la fuente de riqueza para sus vecinos vino ligada a la existencia de un gremio, el de los arrieros.

Crucero en el Camino de Santiago

Por decirlo así, los arrieros eran comerciantes que transportaban mercancías de un lado a otro y de entre estos los maragatos tenían fama de ser los más honrados y serios. Sus rutas comerciales empezaban en Galicia, donde compraban pescado para vender por el interior de la península y en el trayecto de vuelta transportaban productos de esas zonas, como los textiles, los embutidos o el aceite, que también vendían. La fama de honradez hizo que se les confiasen artículos de mayor valor, como dinero o joyas.

Calle Real
Fueron vitales para el comercio interior y el transporte de mercancías y por ello fueron protegidos por los reyes de España hasta que la llegada del ferrocarril y de otros transportes provocaron el declive y desaparición del oficio.

El producto de ese comercio puede verse en Castrillo de los Polvazares. Articulado en base a unas pocas calles que enlazan con la Calle Real, que es parte del Camino de Santiago (Camino Francés), el pueblo dispone de una arquitectura tradicional muy particular y propia de la comarca. 

Iglesia de Santa María Magdalena

Primero, por los materiales constructivos, con ese tono rojizo arcilloso del entorno. Y segundo, por las anchas puertas que tienen las casas, a menudo adinteladas o de medio punto. Al ser construidas por arrieros, se prepararon para que los carros pudieran guardarse en las casas.

Pasear por Castrillo es un placer para la vista, ya que ha sido restaurado con mimo y respeto, y hasta el adoquinado se ha hecho de forma que encaje con los edificios que flanquean la calle. Nada que ver con el adoquinado moderno que han puesto en la vecina Murias de Rechivaldo, que hubiese desvirtuado el conjunto.

Calle Real

Y si paseas antes de la hora de comer, además de ser un placer para la vista también lo será para el olfato, porque los varios restaurantes de la localidad, especializados en cocido maragato, estarán preparando la comida y dando un aroma único al pueblo. De vosotros dependerá si ese placer también se translada al gusto...

Como curiosidad decir que aquí se ambientó la novela "La esfinge maragata", de Concha Espina, aunque cambiando el nombre del pueblo al ficticio Valdecruces.

Calle lateral a la Calle Real

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Ayllón (Segovia, Castilla y León): Donde se reunían los pastores

miércoles, 3 de febrero de 2021

Iglesia de San Miguel

Si vivís en España posiblemente os suene haber visto por la televisión (o vivido en persona) cómo rebaños de ovejas cruzan las calles de Madrid.

Esto es así porque por Madrid pasaba una de las Cañadas Reales que desde la Edad Media están protegidas y permiten a los pastores trashumantes desplazarse desde los prados de verano en el norte peninsular a los prados de invierno en el sur. 

Arco Medieval
Durante mucho tiempo la industria de la lana fue vital para la economía del Reino de Castilla y por ello los pastores obtuvieron privilegios, poder e influencia encarnados en el Concejo de la Mesta, tal vez uno de los gremios más importantes de Europa.

 Este gremio tenía dos reuniones anuales, una en primavera, en Villanueva de la Serena (Badajoz) y la otra, en otoño, en Ayllón, Segovia.

Palacio de los Contreras
 Ayllón es uno de esos pueblos rojos que tanto me gustan, edificado en ladrillo en piedra de ese color, que se extrae de los alrededores, tiene frontera con las provincias de Guadalajara y Soria, estando además cerca de Madrid. Es uno de esos sitios que están en un cruce de caminos, cerca de todo pero, por alguna razón, no es tan conocido como debiera. No siempre fue así.

En la Edad Media Ayllón tenía mucha importancia siendo cabecera de una comunidad de villa y tierra, una entidad administrativa medieval creada al conquistarse el territorio a los estados musulmanes del sur y que servía para explotar de forma comunal las tierras bajo su jurisdicción.

Iglesia de San Miguel, Casa Consistorial y un coche que no tenía mejor sitio donde aparcar tapando la fuente

No era raro que los reyes castellanos pasaran tiempo aquí y de hecho aquí se concedieron fueros, se promulgaron leyes y se firmaron tratados con otros reinos. Esta cercanía con el poder real fue importante para que el Concejo de la Mesta se reuniese aquí.

El esplendor de esa época, que ya queda lejano, se nota en su patrimonio monumental. Conventos, iglesias, murallas, algún palacio y hasta una vigía se pueden ver por sus calles.

Vista de la Fuente de la Plaza Mayor desde San Miguel. Y un montón de plazas de aparcamiento libres.

Si empezásemos la visita cruzando el puente sobre el río Aguisejo entraríamos en Ayllón pasando bajo el Arco Medieval de Ayllón, que sirve de puerta a la población y que es la única de las tres que tenía la muralla en llegar a nuestros días.

Nada más entrar veríamos la fachada plateresca del Palacio de los Contreras o de Don Álvaro de Luna, del siglo XV, con tres blasones inclinados a la izquierda y una inscripción gótica bajo ellos que reza: " «Reinando en Castilla y Aragón los muy altos príncipes don Fernando y doña Isabel esta / casa mandó hacer el muy virtuoso fijodalgo: Juan de Contreras en el año MCCCCXCVII».
Santa María la Mayor

Avanzando un poco llegamos a la Plaza Mayor, con su fuente cuatro caños en medio y presidida por el edificio del Ayuntamiento y por la curiosa iglesia románica de San Miguel. Es una de las plazas mayores que más me han llamado la atención.

La Iglesia de San Miguel tiene una balconada lateral para permitir a la curia asistir cómodamente a los festejos taurinos que se celebraban en la plaza. Es realmente digna de ver.

Convento de la Purísima Concepción
Al lado de la iglesia se puede ver la Casa de la Torre, el edificio civil más antiguo de Ayllón. Entre sus múltiples usos a lo largo de la historia ha sido oficina bancaria, hogar de jubilados y cuartel de la Guardia Civil.

El Ayuntamiento ocupa el edificio de lo que fue el primer palacio de los marqueses de Villena en Ayllón, y fue cedido al municipio a principios del siglo XVII.

La Martina
Justo detrás se encuentra la parroquia de Santa María la Mayor, que cuenta con elementos traídos de otras parroquias de la villa que ya no existen, como el retablo mayor, que procede del antiguo Convento de San Francisco, hoy desaparecido, y cuyas ruinas se encuentran a la salida de Ayllón, en dirección a Aranda de Duero.

Siguiendo por la calle Doctor Tapia se llega al Convento de la Purísima Concepción, hoy privado y convertido en hospedería.

Iglesia de San Juan Evangelista
Y a un paso se encuentra otro templo hoy en manos privadas, el de San Juan Evangelista, una antigua iglesia románica reconvertida en museo en la que también se celebran bodas.

En la parte alta de Ayllón está una torre de vigía, La Martina, que es casi lo único que queda de su castillo. El día que fui no pude acercarme a ella porque había bastantes buitres posados y volando en torno a ella y no quise molestarles. A sus pies se encontraron restos celtíberos y romanos, prueba de que Ayllón ha estado habitado desde la prehistoria.

La Martina

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Ruta por Guadalajara

Albarracín (Teruel, Aragón): Tal vez el pueblo más bonito de España

viernes, 12 de junio de 2020


En toda lista de Pueblos Más Bonitos de España aparece, y nunca en uno de los últimos lugares. Albarracín es, para muchos, el pueblo más bonito de España y con toda la razón.

Albarracín está situado en un lugar muy particular de la península ibérica ya que desde su término municipal los ríos pueden verter en el Mediterráneo o el Atlántico. De hecho, el Tajo nace muy cerca de Albarracín, donde comienza su periplo hasta desembocar en Lisboa, casi mil kilómetros después.


Pero aparte de estas curiosidades geográficas, Albarracín brilla con luz propia gracias a su casco antiguo y a su muralla, en un espectacular estado de conservación y sin dar la impresión de estar recorriendo un parque temático como ocurre en otras zonas. Albarracín te transporta a la Edad Media más que ningún otro lugar que conozca, ya que sus edificios siguen manteniendo ese aspecto irregular y artesanal que en otros lugares se ha perdido, con paredes trazadas con escuadra y cartabón y losas de piedra perfectamente lisas y brillantes. Además, la coloración rojiza del rodeno le da una apariencia estética muy particular que contribuye a aumentar esa sensación.


Lo fácil hubiera sido "modernizar" el aspecto del pueblo, como ha pasado en otros lugares, pero en Albarracín comprendieron que sería un error porque la gracia (y la prosperidad) de la villa dependen de esta identidad.

A mí me tocó visitar Albarracín en un día de lluvia. A pesar de lo que pueda parecer lo agradezco, a pesar de la incomodidad de cargar con el paraguas. La lluvia le daba un aspecto más único si cabe. Ver esa luz filtrada en las estrechísimas calles que van desde la Plaza Mayor hasta la Puerta de la muralla es una de las estampas más bonitas que puedo imaginar.


Albarracín tiene su origen en la tribu celta de los lobetanos y fue habitada también por romanos y visigodos. Pero su época de mayor esplendor llegó durante la Edad Media. A la caída del Califato de Córdoba los gobernadores de la zona, los Banu Razin, a los que la población debe su nombre, consiguieron la independencia. Durante alrededor de un siglo la pequeña Taifa de Albarracín sobrevivió entre reinos cristianos de Castilla, Aragón y Navarra y las poderosas taifas de Toledo, Valencia y Zaragoza. Finalmente un gobernador de Valencia fue el que derrocó al último rey albarracinense.

Curiosamente pasó a manos cristianas por cesión y no por conquista, ya que el último señor islámico, el Rey de  se la entregó al señor de Estella como pago por los servicios prestados en su lucha contra los Almohades. Así que Albarracín tuvo un segundo período de independencia durante la época cristiana, pero bajo posesión de un vasallo del rey de Navarra.

 

Las murallas fueron entonces ampliadas para llegar a lo alto de la ladera en que se asienta el pueblo, alcanzando la torre de vigilancia que ya estaba allí construida. Pero esta mejora defensiva no evitó que la ciudad cayese en manos aragonesas tras su conquista definitiva por parte de Pedro IV de Aragón. Los fueros que tenía entonces Albarracín pervivieron hasta su abolición parcial por Felipe II y su abolición total con los Decretos de Nueva Planta de Felipe V. De hecho, buena parte de la historia de Albarracín es la de la lucha por proteger sus fueros y parte de su decadencia se debe a haber perdido esta lucha: Felipe II creó el obispado de Segorbe para minar al de Albarracín y con el tiempo ese fue uno de los factores de su declive.


Siguió sufriendo la ciudad en la Guerra de la Independencia, ya durante el siglo XIX, cuando fue sometida a sitio y bombardeada por las tropas napoleónicas. Prácticamente toda la industria de la ciudad, basada en molinos, talleres textiles y fundiciones, fue destruída. Quedar en la zona rebelde durante las Guerras Carlistas acentuó la crisis que ya se venía sufriendo desde tiempos de Felipe II.

Albarracín, dentro del proceso de conservación histórica que se inició en el siglo XX, fue elegido Monumento Nacional en 1961 y es actualmente candidata a ser Patrimonio de la Humanidad.

 

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Vila Real de Santo António (Algarve, Portugal): La ciudad prefabricada

viernes, 3 de abril de 2020

 
Praça do Marqués de Pombal

Las ciudades planificadas parecen algo moderno, contemporáneo, pero es casi tan viejo como el hombre. Los romanos, a partir de sus campamentos, fundaron numerosas ciudades. Y otras muchas culturas también lo hicieron.

Así que podríamos pensar que Vila Real de Santo António no tiene nada de particular. Y nos equivocaríamos. Lo que hace singular a Vila Real es que fue una ciudad planificada y construida a partir de edificios prefabricados. Teniendo en cuenta que los trabajos empezaron a finales del siglo XVIII hablamos de una obra adelantada a su tiempo.

 
Detalle de la cuadrícula urbana de Vila Real de Santo António

La historia de Vila Real empieza de algún modo con el Gran Terremoto de Lisboa (1755). Os recomiendo que leáis la entrada de la wikipedia sobre este terremoto porque su impacto en la historia fue indeleble. Sirvió para fundar la sismología, impactó en la filosofía e incluso se construyeron algunos edificios resistentes a terremotos durante la reconstrucción.

En el momento de producirse dicho terremoto había una guerra abierta entre la alta nobleza portuguesa y el favorito del Rey, el Marqués de Pombal. Los primeros consideraban al segundo un advenedizo sin nobleza y el Marqués, por su parte, consideraba que los nobles eran corruptos e ineficaces.

 
Edificios al lado del puerto

La competente respuesta del Marqués al terremoto le granjeó una gran popularidad. La reconstrucción en tiempo récord de la capital y la forma en que gestionó el cuidado de los supervivientes le dieron un crédito ilimitado. La inmensa popularidad ganada acabó con el poder de la nobleza y un poco claro intento de magnicidio sobre el Rey poco tiempo más tarde condujo a la exterminación de la familia Távora, una de las más poderosas, y a la consolidación de la posición del Marqués, que se acabaría convirtiendo en una figura central de la historia portuguesa.

Años después, ya siendo hombre fuerte del país de forma indiscutida y tras una breve guerra con España, el Marqués estimó que el Algarve estaba desprotegido ante una eventual invasión desde Sevilla. Tan sólo Castro-Marim al sur y Alcoutim un poco más al norte, enfrente a Sanlúcar de Guadiana, pero demasiado retirado para ser de ayuda, se interponían en el camino de esa hipotética invasión. Además existía la necesidad de controlar el tráfico de mercancías que entraba y salía por el Guadiana, que es navegable por muchos kilómetros.

 
Puerto deportivo de Vila Real de Santo António

Para aumentar las defensas de la frontera decidió que necesitaba aumentar la población local. Para ello se decidió la construcción de una ciudad totalmente nueva siguiendo los mismos principios que se habían aplicado en la Baixa lisboeta.

El lugar elegido fue el que ocupaba una aldea de pescadores que se llamaba Santo António da Arenilha.

Se estableció una malla ortogonal a partir de la plaza principal, que hoy lleva su nombre. En esta plaza fue donde se erigieron los primeros edificios, entre ellos el del ayuntamiento, la iglesia y la Casa de la Guardia.

 
Barcos en el puerto deportivo

Las canterías necesarias para la construcción se elaboraban en Lisboa y se enviaban por barco hasta Vila-Real, donde se utilizaban de forma inmediata. En apenas dos años la ciudad fue levantada en el lugar de una antigua aldea de pescadores que había desaparecido tragada por las arenas y las tempestades. La nueva ciudad se convirtió en un puerto de mercancías y desde un primer momento fue una población próspera.

El comercio marítimo-fluvial y la pesca fueron grandes motores económicos, junto con la explotación agrícola de sus tierras. En las últimas décadas el sector turístico ganó peso debido al extenso arenal que nace en la desembocadura del Guadiana y que es una prolongación de los de la Ría Formosa.

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Sanlúcar de Guadiana (Huelva, Andalucía): La tirolina que une a dos países

miércoles, 19 de junio de 2019

 
 El Guadiana es la mayor frontera fluvial entre España y Portugal.

Desde el momento en que el Guadiana toca la frontera portuguesa, entre Badajoz y el lugar de Ajuda (Elvas, Alentejo), hasta su desembocadura entre Ayamonte y Vila Real de Santo António, y con la excepción de un tramo en el cual se convierte en un río completamente portugués, sus orillas ven a numerosas localidades que antes antes estaban separadas y ahora unidas por él.

Una de estas villas es Sanlúcar de Guadiana, en la provincia de Huelva, cuyo fuerte guardaba la frontera española. Frente a él está Alcoutim, en el Algarve. Y ambas están unidas por la única tirolina internacional de Europa.

 

Sí, sí. Una tirolina. Un cable de acero que va desde Sanlúcar hacia Alcoutim, así que si uno es un aventurero o quiere vivir una experiencia raruna para contar a sus amigos aquí tiene una buena idea.

Pero si a uno no le gusta correr tantos riesgos para cruzar de un país a otro tiene la opción de hacerlo en barco, que es mucho más relajado.

Después de haber visto la grandiosidad del Lago Alqueva cerca de Monsaraz, el Guadiana en este tramo es un río pequeño. Como el Miño en Tui o incluso menos. Y navegable. Aún así la tirolina tiene una longitud de unos 720 metros.

Y no son los únicos deportes acuáticos que podrías practicar aquí: flyboard, kayaks, waterball... la oferta es amplia. Y por supuesto, navegar en barco.

 

En los puertos de Alcoutim y Sanlúcar hay barcos bajo diferentes banderas, lo que indica que han remontado el río desde la costa, a unos 40 kms río abajo. En el lado español hay algunos bares cerca del puerto desde los cuales se puede ver el río, que baja tranquilo en este punto y los pocos barcos que lo navegan.

Si os parece extraño que se remonte tanto el río, puedo deciros que se considera navegable hasta el salto de Pulo do Lobo. Y que si no fuese por ese salto de media docena de metros el río sería navegable hasta Villanueva de la Serena, bien dentro de Badajoz. De hecho Mértola, que está como a 70 kms de la desembocadura, era un importante puerto comercial durante la antigüedad y hasta allí llegaban fenicios y cartagineses. Y hasta allí llegan las mareas. En Sanlúcar se notan mucho más y alcanzan un diferencial de unos dos metros entre bajamar y pleamar.

Las calles tienen poco movimiento pero son bonitas, de casas blancas hechas con gusto y cuyas ventanas a veces están toldadas. El suelo es de adoquín y no hay muchos coches aparcados. Me dio una sensación de lugar pacífico, sin mucho estrés y sin mucho ruido. Un lugar tranquilo ideal para el descanso.

 

Sanlúcar de Guadiana fue fundada por los portugueses tras haber sido reconquistado el lugar por parte de Sancho II. Hasta entonces el territorio en que se asienta el municipio formaba parte de la Taifa de Niebla (Huelva). Más adelante pasaría a manos castellanas, cuando el Guadiana pasó a ser frontera.

En un cerro en las cercanías de Sanlúcar se encuentra el Castillo de San Marcos, propiedad del ayuntamiento y que ha conocido etapas de ruina desde el final de su uso militar. El día que fui no estaba cerrado (¡comprobad el horario!) y me horrorizó ver sus muros pintados de blanco desde el lugar en que se cerraba el acceso. Por si os pasa lo mismo que a mi y se os da por buscar fotos del lugar veréis que antes de que se pintase (o se encalase, no puedo asegurar cómo se hizo) sus muros ya presentaban trazas de haber tenido este mismo color en el pasado.

 

Las vistas desde el castillo son estupendas, aunque sólo he podido disfrutar de ellas en foto. Desde allí hay una buena vista de Sanlúcar a un lado y de Alcoutim atravesando el río. Dentro del castillo hay un centro de interpretación que me hubiese gustado visitar.


También debe haber buenas vistas desde los molinos de viento que se encuentran al sur de Sanlúcar, pero se me hacía un poco tarde y quedarán para otra visita.

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Ledesma (Salamanca, Castilla y León): Un castillo sobre el Tormes

viernes, 7 de junio de 2019

 

El caso de Ledesma es un poco el de Atienza. Lugares de gran historia, con mucho patrimonio pero hoy en día prácticamente desconocidas para el gran público. Al igual que Atienza, incluso es origen de un apellido relativamente común en España.

Ledesma se encuentra en una comarca cuyos suelos son pobres y por ello la agricultura nunca pasó de una actividad menor, siendo la cría del ganado, que pasta entre encinares, el principal producto de la zona.

Ledesma es, sin embargo, una zona con una belleza particular, como de una España olvidada de dehesas y campos apenas explotados, de naturaleza todavía predominante y donde el ser humano no deja de ser un invitado.

 

El Tormes, uno de los ríos más famosos de España gracias al célebre Lazarillo y a su paso por Alba de Tormes, capital del ducado más importante de España, cruza Ledesma en un tramo especialmente bonito. El río va encajonado en un pequeño cañón que corta la llanura, jalonada de rocas, pasando por la ciudad tranquilamente. Desde las murallas se ve como el agua pasa por debajo de los puentes, uno medieval, otro más moderno, del siglo XX.

Las rocas son omnipresentes y son la causa de la pobreza de la agricultura. Y a pesar de ello la comarca ha estado habitada desde antiguo. Se supone que Ledesma fue fundada como un castro y tuvo cierta importancia dentro de la Hispania romana.

La Caída del Imperio la convirtió en zona de frontera entre visigodos y suevos y prosperó con los musulmanes hasta que a mediados del siglo X cayó por primera vez en manos cristianas. La Reconquista aquí no terminaría hasta 1161, con la conquista definitiva.

 

Tras esto se funda la Comunidad de Villa y Tierra de Ledesma y obtiene fuero del rey Fernando II de León. Situada cerca de Portugal, Ledesma se benefició del comercio, al ser un cruce de caminos, y de la lejanía de los centros de poder, con lo que las intrigas y peleas internas del reino no la afectaron significativamente. Siendo además villa de realengo tuvo una cierta autonomía que le permitió defender mejor sus intereses. Esta pujanza atrajo a mucha gente, incluyendo a familias importantes que van a dejar testimonio de su paso por la villa en sus casas, palacios e iglesias.

De esta época es también el Castillo de Ledesma, hoy restaurado, y que se encuentra próximo al centro. Sus cimientos se construyeron sobre una losa de granito y aunque sus muros no son de grandes dimensiones transmite sensación de fortaleza. En tiempos fue mucho más grande ya que buena parte del recinto se ha perdido, incluyendo su muralla, torreones y algún edificio ya desaparecido.

 

La decadencia de Ledesma se inicia con el declive del Imperio Español. La voracidad de la hacienda real para sufragar sus guerras y las continuas levas tienen un fuerte impacto sobre la Villa. También tendría impacto la Guerra de la Independencia. Al estar en el camino a Portugal, y al igual que Ciudad Rodrigo, Ledesma fue ocupada por las tropas napoleónicas.

Durante las Desamortizaciones muchas de las propiedades de la villa acabaron en manos de la incipiente burguesía, que sería la casta dominante hasta finales del siglo XX. A nivel de patrimonio histórico fue un desastre: numerosos edificios eclesiásticos fueron demolidos, vendidos o cayeron en la ruina y muchas de las obras de arte y objetos que allí se encontraron desaparecieron.

 

La definitiva puntilla para Ledesma ocurrió durante el franquismo, cuando las dificultades para ganarse la vida en la villa y las necesidades de personal en otros lugares motivaron un éxodo de la población en busca de mejores ocupaciones en Madrid, Barcelona y otros lugares. Ledesma perdió su estatus de cabecera de partido judicial.

En la actualidad la ganadería y el turismo son dos de las mayores fuentes de ingresos de la Villa. La cercanía a Salamanca ayuda a que parte de la población trabaje en la capital provincial sin por ello dejar de residir en su localidad de origen.

 

Ledesma es hoy una villa tranquila. El tiempo parece haberse detenido aquí y el paseo entre sus calles se hace sin agobios ni aglomeraciones. En ese sentido es agradable recorrer los diferentes itinerarios que recorren Ledesma, sin prisas para ver los edificios y sin gente que impida hacer fotos. Las varias casas señoriales disponen de una pequeña plaquita que habla de las familias que las fundaron y del poder que tuvieron.

Este poder se refleja también en sus iglesias, como la de Santa María la Mayor, cuyo campanario tiene la peculiaridad de estar levantada sobre una calle, que cruza el edificio al tiempo que permite la entrada al templo

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