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Castillos de Castilla (II): Tiedra, entre la Tierra de Campos y el Alfoz de Toro

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Primavera en Tiedra

La confluencia entre las provincias de Zamora, Valladolid y León es abundante en castillos y fortificaciones.

Su carácter de triple frontera entre los Reinos de León, Castilla y los diversos estados musulmanes que se fueron sucediendo al sur del Duero, más la proximidad, a partir del siglo XII, del Reino de Portugal hicieron muy importante la guarda y protección de estas tierras.

Tiedra es uno de estos castillos fronterizos que se construyeron para proteger a los colonos procedentes del norte con los que el reino leonés repobló estas tierras.

Castillo de Tiedra

Para ello se utilizó un cerro situado al lado de la villa vieja, Amallóbriga, una población más que milenaria fundada por los vacceos, antes de la llegada de los romanos, debido a que era más fácil de defender. La situación de Tiedra era estratégica ya que controlaba el paso entre la Tierra de Campos y el Alfoz de Toro, y se convirtió en villa de realengo, dependiendo directamente de la corona y no de algún señor feudal.

Para el siglo XIII, sin embargo, la familia de los Téllez de Meneses era quien controlaba Tiedra, convertida en una pequeña y próspera ciudad medieval. Fue esta familia la que dio al castillo su forma actual.

Ruinas de la Iglesia de San Pedro

Tiedra cambió de manos varias veces más, hasta que acabó en manos de la familia Osuna, su última propietaria, que la conservó hasta el siglo XIX, cuando se abolieron los señoríos.

Hoy Tiedra es una pequeña población en los Montes Torozos, que conoció decadencia pero que, al igual que vimos con Urueña, busca en su pasado el presente y el futuro. La reconstrucción de su castillo y una serie de actuaciones en su casco urbano buscan posicionarla para que los visitantes se acerquen a conocerla.

Tiedra desde el castillo


Además del castillo, Tiedra tiene una modesta plaza mayor, los restos de sus murallas y un aula de arqueología para conocer el pasado más que milenario tanto de la población actual como de Amallóbriga, su antecesora.

Para quienes vamos de lejos tal vez no merece la pena ir a propósito porque es muy pequeño y se ve enseguida, pero por suerte se puede hacer un circuito de uno o dos días visitando Tiedra y otros castillos de las cercanías, como Urueña o Villalonso.

El mapa

Ruta combinada

Más Lugares a Descubrir no demasiado lejos...



Castillos de Castilla (I): Urueña, la villa del libro.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Murallas y castillo (cementerio) de Urueña

El gran problema de hacer turismo por Castilla y León son las autovías. Son geniales para conectar el punto A con el punto B, pero eso hace que mucha gente no se pare a ver qué hay de camino. Simplemente marcan el destino en el GPS y tira p'alante.

Pero como ya os he mostrado en post anteriores de este blog, Castilla tiene mucho para ofrecer. Tanto, que sorprende. Hoy vamos a conocer Urueña, que no es exactamente una desconocida.

Urueña desde la Ermita de Nuestra Señora de la Anunciada

A pesar de ello, jamás ha sido visitada por la inmensa mayoría de los conductores habituales de la A-6, estando a tan sólo seis kilómetros de la salida 211, cerca de Villardefrades que, por cierto, tiene una iglesia en ruinas que es preciosa.

Murallas de Urueña

Vengáis del norte o del sur, la salida 211 es la que deberíais coger. No porque os quede mejor, ya que posiblemente la 216 le viene mejor a quien va en sentido Madrid, pero la vista de las murallas de Urueña desde la Ermita de Nuestra Señora de la Anunciada, es la mejor carta de presentación posible para la localidad.

En cualquier otro lugar de Castilla, Urueña destacaría únicamente por su castillo y sus vistas, pero Urueña tiene otro atractivo: es una Villa del Libro.

Adarve de la muralla de Urueña
Pero vayamos por partes.

Urueña es antigua y su emplazamiento estuvo poblado por los vacceos, después romanizada y reconquistada en el siglo X, convirtiéndose en uno de los innumerables puestos de frontera entre los Reinos de León y de Castilla y también con los estados musulmanes al sur del Duero.

El patrimonio de Urueña sufrió un gran descalabro en 1876, cuando un incendio se llevó por delante el ayuntamiento con su archivo, y de paso medio pueblo.

Ermita de Nuestra Señora de la Anunciada
En las últimas décadas el ayuntamiento ha emprendido un ambicioso programa de restauración que ha devuelto el esplendor a la villa. Hoy en día la muralla luce un aspecto inmejorable y al visitarla se hace imprescindible pasear por el adarve, con vistas a la comarca de los Montes Torozos y parte de la Tierra de Campos. Ya sólo por esto, merece la pena parar en Urueña.

Pero es que además Urueña es una Villa del Libro. Es un proyecto inspirado en otros que hay en Europa y la idea es crear una alternativa de turismo cultural y de promoción de la lectura y la escritura. Al calor de esta iniciativa varias librerías se abrieron en la villa, hasta una docena en tiempos anteriores a la pandemia del COVID-19, aunque no sé cuantas de ellas siguen abiertas actualmente. Urueña también cuenta con cinco museos.

Iglesia de San Andrés en Villardefrades

 Y todo ello con unos 200 habitantes.

Como digo, merece la pena parar.

 El mapa

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Castrillo de los Polvazares: un pueblo maragato

jueves, 20 de mayo de 2021

Entrada del pueblo viniendo de Astorga

A lo largo de los años que llevo escribiendo este blog he conocido muchos pueblos hermosos, algunos menos que parecen sacados de un cuento y unos pocos que parecen un escenario de cine.

Pero casi todos los que forman parte de esta categoría (Peratallada, Albarracín, Monsaraz...) tienen en común un pasado próspero en el que se conformó un patrimonio arquitectónico de primer orden.

Castrillo de los Polvazares, perteneciente al municipio de Astorga, es una de las raras excepciones. Aunque tuvo un pasado próspero nada tiene que ver con el de las localidades antes mencionadas, ni con murallas, castillos, capitalidades o casas que fueron auténticos palacios. Y al igual que en el caso de Ayllón y la trashumancia, la fuente de riqueza para sus vecinos vino ligada a la existencia de un gremio, el de los arrieros.

Crucero en el Camino de Santiago

Por decirlo así, los arrieros eran comerciantes que transportaban mercancías de un lado a otro y de entre estos los maragatos tenían fama de ser los más honrados y serios. Sus rutas comerciales empezaban en Galicia, donde compraban pescado para vender por el interior de la península y en el trayecto de vuelta transportaban productos de esas zonas, como los textiles, los embutidos o el aceite, que también vendían. La fama de honradez hizo que se les confiasen artículos de mayor valor, como dinero o joyas.

Calle Real
Fueron vitales para el comercio interior y el transporte de mercancías y por ello fueron protegidos por los reyes de España hasta que la llegada del ferrocarril y de otros transportes provocaron el declive y desaparición del oficio.

El producto de ese comercio puede verse en Castrillo de los Polvazares. Articulado en base a unas pocas calles que enlazan con la Calle Real, que es parte del Camino de Santiago (Camino Francés), el pueblo dispone de una arquitectura tradicional muy particular y propia de la comarca. 

Iglesia de Santa María Magdalena

Primero, por los materiales constructivos, con ese tono rojizo arcilloso del entorno. Y segundo, por las anchas puertas que tienen las casas, a menudo adinteladas o de medio punto. Al ser construidas por arrieros, se prepararon para que los carros pudieran guardarse en las casas.

Pasear por Castrillo es un placer para la vista, ya que ha sido restaurado con mimo y respeto, y hasta el adoquinado se ha hecho de forma que encaje con los edificios que flanquean la calle. Nada que ver con el adoquinado moderno que han puesto en la vecina Murias de Rechivaldo, que hubiese desvirtuado el conjunto.

Calle Real

Y si paseas antes de la hora de comer, además de ser un placer para la vista también lo será para el olfato, porque los varios restaurantes de la localidad, especializados en cocido maragato, estarán preparando la comida y dando un aroma único al pueblo. De vosotros dependerá si ese placer también se translada al gusto...

Como curiosidad decir que aquí se ambientó la novela "La esfinge maragata", de Concha Espina, aunque cambiando el nombre del pueblo al ficticio Valdecruces.

Calle lateral a la Calle Real

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Ayllón (Segovia, Castilla y León): Donde se reunían los pastores

miércoles, 3 de febrero de 2021

Iglesia de San Miguel

Si vivís en España posiblemente os suene haber visto por la televisión (o vivido en persona) cómo rebaños de ovejas cruzan las calles de Madrid.

Esto es así porque por Madrid pasaba una de las Cañadas Reales que desde la Edad Media están protegidas y permiten a los pastores trashumantes desplazarse desde los prados de verano en el norte peninsular a los prados de invierno en el sur. 

Arco Medieval
Durante mucho tiempo la industria de la lana fue vital para la economía del Reino de Castilla y por ello los pastores obtuvieron privilegios, poder e influencia encarnados en el Concejo de la Mesta, tal vez uno de los gremios más importantes de Europa.

 Este gremio tenía dos reuniones anuales, una en primavera, en Villanueva de la Serena (Badajoz) y la otra, en otoño, en Ayllón, Segovia.

Palacio de los Contreras
 Ayllón es uno de esos pueblos rojos que tanto me gustan, edificado en ladrillo en piedra de ese color, que se extrae de los alrededores, tiene frontera con las provincias de Guadalajara y Soria, estando además cerca de Madrid. Es uno de esos sitios que están en un cruce de caminos, cerca de todo pero, por alguna razón, no es tan conocido como debiera. No siempre fue así.

En la Edad Media Ayllón tenía mucha importancia siendo cabecera de una comunidad de villa y tierra, una entidad administrativa medieval creada al conquistarse el territorio a los estados musulmanes del sur y que servía para explotar de forma comunal las tierras bajo su jurisdicción.

Iglesia de San Miguel, Casa Consistorial y un coche que no tenía mejor sitio donde aparcar tapando la fuente

No era raro que los reyes castellanos pasaran tiempo aquí y de hecho aquí se concedieron fueros, se promulgaron leyes y se firmaron tratados con otros reinos. Esta cercanía con el poder real fue importante para que el Concejo de la Mesta se reuniese aquí.

El esplendor de esa época, que ya queda lejano, se nota en su patrimonio monumental. Conventos, iglesias, murallas, algún palacio y hasta una vigía se pueden ver por sus calles.

Vista de la Fuente de la Plaza Mayor desde San Miguel. Y un montón de plazas de aparcamiento libres.

Si empezásemos la visita cruzando el puente sobre el río Aguisejo entraríamos en Ayllón pasando bajo el Arco Medieval de Ayllón, que sirve de puerta a la población y que es la única de las tres que tenía la muralla en llegar a nuestros días.

Nada más entrar veríamos la fachada plateresca del Palacio de los Contreras o de Don Álvaro de Luna, del siglo XV, con tres blasones inclinados a la izquierda y una inscripción gótica bajo ellos que reza: " «Reinando en Castilla y Aragón los muy altos príncipes don Fernando y doña Isabel esta / casa mandó hacer el muy virtuoso fijodalgo: Juan de Contreras en el año MCCCCXCVII».
Santa María la Mayor

Avanzando un poco llegamos a la Plaza Mayor, con su fuente cuatro caños en medio y presidida por el edificio del Ayuntamiento y por la curiosa iglesia románica de San Miguel. Es una de las plazas mayores que más me han llamado la atención.

La Iglesia de San Miguel tiene una balconada lateral para permitir a la curia asistir cómodamente a los festejos taurinos que se celebraban en la plaza. Es realmente digna de ver.

Convento de la Purísima Concepción
Al lado de la iglesia se puede ver la Casa de la Torre, el edificio civil más antiguo de Ayllón. Entre sus múltiples usos a lo largo de la historia ha sido oficina bancaria, hogar de jubilados y cuartel de la Guardia Civil.

El Ayuntamiento ocupa el edificio de lo que fue el primer palacio de los marqueses de Villena en Ayllón, y fue cedido al municipio a principios del siglo XVII.

La Martina
Justo detrás se encuentra la parroquia de Santa María la Mayor, que cuenta con elementos traídos de otras parroquias de la villa que ya no existen, como el retablo mayor, que procede del antiguo Convento de San Francisco, hoy desaparecido, y cuyas ruinas se encuentran a la salida de Ayllón, en dirección a Aranda de Duero.

Siguiendo por la calle Doctor Tapia se llega al Convento de la Purísima Concepción, hoy privado y convertido en hospedería.

Iglesia de San Juan Evangelista
Y a un paso se encuentra otro templo hoy en manos privadas, el de San Juan Evangelista, una antigua iglesia románica reconvertida en museo en la que también se celebran bodas.

En la parte alta de Ayllón está una torre de vigía, La Martina, que es casi lo único que queda de su castillo. El día que fui no pude acercarme a ella porque había bastantes buitres posados y volando en torno a ella y no quise molestarles. A sus pies se encontraron restos celtíberos y romanos, prueba de que Ayllón ha estado habitado desde la prehistoria.

La Martina

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Ruta combinada

Ruta por Guadalajara

Ledesma (Salamanca, Castilla y León): Un castillo sobre el Tormes

viernes, 7 de junio de 2019

 

El caso de Ledesma es un poco el de Atienza. Lugares de gran historia, con mucho patrimonio pero hoy en día prácticamente desconocidas para el gran público. Al igual que Atienza, incluso es origen de un apellido relativamente común en España.

Ledesma se encuentra en una comarca cuyos suelos son pobres y por ello la agricultura nunca pasó de una actividad menor, siendo la cría del ganado, que pasta entre encinares, el principal producto de la zona.

Ledesma es, sin embargo, una zona con una belleza particular, como de una España olvidada de dehesas y campos apenas explotados, de naturaleza todavía predominante y donde el ser humano no deja de ser un invitado.

 

El Tormes, uno de los ríos más famosos de España gracias al célebre Lazarillo y a su paso por Alba de Tormes, capital del ducado más importante de España, cruza Ledesma en un tramo especialmente bonito. El río va encajonado en un pequeño cañón que corta la llanura, jalonada de rocas, pasando por la ciudad tranquilamente. Desde las murallas se ve como el agua pasa por debajo de los puentes, uno medieval, otro más moderno, del siglo XX.

Las rocas son omnipresentes y son la causa de la pobreza de la agricultura. Y a pesar de ello la comarca ha estado habitada desde antiguo. Se supone que Ledesma fue fundada como un castro y tuvo cierta importancia dentro de la Hispania romana.

La Caída del Imperio la convirtió en zona de frontera entre visigodos y suevos y prosperó con los musulmanes hasta que a mediados del siglo X cayó por primera vez en manos cristianas. La Reconquista aquí no terminaría hasta 1161, con la conquista definitiva.

 

Tras esto se funda la Comunidad de Villa y Tierra de Ledesma y obtiene fuero del rey Fernando II de León. Situada cerca de Portugal, Ledesma se benefició del comercio, al ser un cruce de caminos, y de la lejanía de los centros de poder, con lo que las intrigas y peleas internas del reino no la afectaron significativamente. Siendo además villa de realengo tuvo una cierta autonomía que le permitió defender mejor sus intereses. Esta pujanza atrajo a mucha gente, incluyendo a familias importantes que van a dejar testimonio de su paso por la villa en sus casas, palacios e iglesias.

De esta época es también el Castillo de Ledesma, hoy restaurado, y que se encuentra próximo al centro. Sus cimientos se construyeron sobre una losa de granito y aunque sus muros no son de grandes dimensiones transmite sensación de fortaleza. En tiempos fue mucho más grande ya que buena parte del recinto se ha perdido, incluyendo su muralla, torreones y algún edificio ya desaparecido.

 

La decadencia de Ledesma se inicia con el declive del Imperio Español. La voracidad de la hacienda real para sufragar sus guerras y las continuas levas tienen un fuerte impacto sobre la Villa. También tendría impacto la Guerra de la Independencia. Al estar en el camino a Portugal, y al igual que Ciudad Rodrigo, Ledesma fue ocupada por las tropas napoleónicas.

Durante las Desamortizaciones muchas de las propiedades de la villa acabaron en manos de la incipiente burguesía, que sería la casta dominante hasta finales del siglo XX. A nivel de patrimonio histórico fue un desastre: numerosos edificios eclesiásticos fueron demolidos, vendidos o cayeron en la ruina y muchas de las obras de arte y objetos que allí se encontraron desaparecieron.

 

La definitiva puntilla para Ledesma ocurrió durante el franquismo, cuando las dificultades para ganarse la vida en la villa y las necesidades de personal en otros lugares motivaron un éxodo de la población en busca de mejores ocupaciones en Madrid, Barcelona y otros lugares. Ledesma perdió su estatus de cabecera de partido judicial.

En la actualidad la ganadería y el turismo son dos de las mayores fuentes de ingresos de la Villa. La cercanía a Salamanca ayuda a que parte de la población trabaje en la capital provincial sin por ello dejar de residir en su localidad de origen.

 

Ledesma es hoy una villa tranquila. El tiempo parece haberse detenido aquí y el paseo entre sus calles se hace sin agobios ni aglomeraciones. En ese sentido es agradable recorrer los diferentes itinerarios que recorren Ledesma, sin prisas para ver los edificios y sin gente que impida hacer fotos. Las varias casas señoriales disponen de una pequeña plaquita que habla de las familias que las fundaron y del poder que tuvieron.

Este poder se refleja también en sus iglesias, como la de Santa María la Mayor, cuyo campanario tiene la peculiaridad de estar levantada sobre una calle, que cruza el edificio al tiempo que permite la entrada al templo

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La Alberca (Salamanca, Castilla y León), un pueblo de cuento de hadas

sábado, 27 de abril de 2019

 

España esconde muchos pueblos singulares. Pequeñas joyas arquitectónicas que son más o menos conocidas y donde el tiempo, al menos en lo que al urbanismo se refiere, parece haberse detenido.
Y en Salamanca está uno de los pueblos más espectaculares de España, La Alberca, muy cerca de Peña de Francia.

Las casas de La Alberca tienen un diseño muy reconocible, con paredes de adobe reforzadas con varios maderos diagonales y verticales. Otros pueblos de las cercanías, como Mogarraz (visita pendiente), siguen este mismo diseño. Las calles son estrechas y a menudo sombrías, lo que hace que en días fríos se agradezca el refugio que suponen contra el viento y que en verano las casas estén más frescas.

 

La comarca de la Sierra de Francia ha estado poblada desde antes de la llegada de los romanos, conservándose restos de un castro prerromano donde está el pueblo (y que no he visto porque no sabía que existía)

Durante la Edad Media Alfonso IX de León ordenó la repoblación de estas tierras. Una parte de los colonos eran de origen francés y de ahí el nombre de la comarca. Tal vez por ello La Alberca dependía directamente de la corona leonesa.

 

El culto mariano recibe un importante impulso al encontrarse la Virgen de la Peña de Francia, origen del actual santuario, y que se encuentra en lo alto del monte homónimo. Al estar relativamente cerca de la Ruta de la Plata, una parte de los peregrinos que iban a Compostela se desviaban para visitar a la Virgen.
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La pujante Casa de Alba tomó posesión de La Alberca y de Granadilla durante el siglo XV, gracias al favor de Juan II y de Fernando el Católico. En este momento La Alberca pasa a estar bajo jurisdicción de Granadilla, aunque con gran autonomía y logrando el control de Las Hurdes. Esta comarca fue famosa por su miseria a finales del XIX y principios del XX. La realización de documentales denunciando sus condiciones hizo que mereciese cierta atención por parte de los gobiernos de la época, con un éxito relativo puesto que la despoblación de la zona no parece haberse frenado.

 

En 1940 el extraordinario casco urbano de la villa mereció que La Alberca fuese el primer municipio español convertido en Monumento Histórico-Artístico.

Y no es para menos. Aparte de sus casas, verdaderamente espectaculares, hay algunos monumentos que destacan, como su iglesia con su campanario en forma de torreón o la ermita del Cristo del Humilladero, en la puerta de Salamanca o la de San Antonio.


Y por supuesto, el Valle de las Batuecas, sitio histórico de gran belleza y donde se encuentra un convento carmelita. La curiosidad de este valle es que el acceso natural al mismo es desde la provincia de Cáceres y no por la de Salamanca, a la cual pertenece.

La gran cantidad de templos cristianos se refleja en las fiestas locales, como la del Ofertorio en honor de la Virgen, o las varias romerías. Pero también en las inscripciones religiosas de las puertas de muchas casas o en Las Calaveras

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Gormaz (Soria, Castilla y León): La fortaleza más grande de Europa

lunes, 15 de abril de 2019



 

Tradicionalmente los castillos han dominado amplias regiones desde sus atalayas en lo alto. Esto, unido a su arquitectura le dan un aspecto colosal y uno imagina a sus moradores sintiéndose los amos del mundo viendo las amplias extensiones de terreno que controlaban desde su atalaya.

Pero muchos de estos castillos palidecen ante la majestuosidad del Castillo de Gormaz, en Soria.

Gormaz ha estado ocupado desde la prehistoria. Se han encontrado restos de moradores prehistóricos y casi cada civilización que ha pasado por esas tierras ha construido algo en la cima del cerro. Celtas, romanos, visigodos, árabes, castellanos...

 

Durante la Reconquista la zona de Gormaz era frontera. Los musulmanes construyeron un pequeño castillo aquí que sería tomado por los cristianos. Controlando las rutas del Duero y siendo parte importante de la defensa de Medinaceli, entonces una importante ciudad del Califato de Córdoba, fue profundamente reformado tras ser recuperada por las tropas califales en el siglo X y se convirtió en su momento en la fortaleza más grande de Europa, con un perímetro de 1200 metros y casi medio kilómetro de punta a punta.

Posiblemente diréis que hay ciudades cuyas murallas son mucho más grandes (Lugo, por ejemplo) y es verdad, pero eso son ciudades amuralladas y no un castillo construído en medio de la nada, sin casas que proteger dentro de sus defensas.

 

Sin embargo, antes de que terminase el siglo los leoneses conseguirían tomar el castillo tras varios intentos, aunque lo volverían a perder y no sería hasta 1060 cuando Gormaz pasó a ser definitivamente cristiana tras ser tomada por Fernando I de León. Uno de los señores de Gormaz sería Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid.

La última función del castillo antes de su abandono fue la de prisión, una vez que su importancia estratégica desapareció.


La fundación del pueblo ocurre en esta época. Dentro del plan de reploblación y consolidación de estas tierras se fundó la Comunidad de Villa y Tierra de Gormaz, aunque el pueblo nunca llegó a ser una población de importancia y ya durante el Censo del Marqués de Floridablanca su población se superaba por poco las 100 personas.

 

A pesar de ello Gormaz contó con dos iglesas y una ermita, la de San Miguel, del siglo XI y que está clasificada como monumento. Hay una curiosidad sobre esta ermita, y es que tiene elementos que proceden de una iglesa ya desaparecida, la de Santiago. También se encontraron pinturas de gran valor de estilo románico, parecidas a las de San Baudelio, que ya veremos en otro artículo. El descubrimiento de estas pinturas fue fortuito, tras desprenderse parte del estucado

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Caracena (Soria, Castilla y León): Entre dos cañones y un castillo

sábado, 13 de abril de 2019

 
 

Un tema recurrente dentro de los conductores españoles es lo aburrido que resulta recorrer Castilla y León. Y es que recorrer esta comunidad por autopista es, en muchos casos, un soberano coñazo.

Pero Castilla y León tiene lugares maravillosos en cuanto empezamos a escarbar en la superficie. Paisajes extraordinarios, lagunas misteriosas, angostos desfiladeros y vistas magníficas. Castillos medievales y monasterios milenarios.

 

Y pueblos. Pueblos como Covarrubias o Lerma, con mucha historia, mucho que contar y mucho que ver. Y si nos salimos de estos pueblos más conocidos y más turísticos siguen quedando un montón de pequeñas poblaciones para ver. Un patrimonio histórico extraordinario, muchas veces abandonado, y otra veces en uso y buen estado y sin adulterar por "puestas en valor" hacia los turistas que no siempre son afortunadas. Castilla debe ser recorrida por carreteras nacionales o de menor categoría.


Uno de estos maravillosos pueblos desconocidos es Caracena, en Soria, cerca de El Burgo de Osma. Es uno de esos lugares tan perdidos, tan aislados y tan sumamente olvidados que la única forma de enterarse de que existen es investigando mucho o teniendo amigos como Xosema, un auténtico fan de Castilla y León y sobre todo de la parte oriental de la comunidad.



Caracena es uno de esos pueblos que agonizan con el envejecimiento y éxodo de la población rural. Lugares que es mejor visitar ahora por si más adelante es demasiado tarde. En el caso de Caracena, por ejemplo, 15 almas mantienen vivo al pueblo (2018), formando parte de esa región a la que se da en llamar la Laponia española debido a que su densidad poblacional es similar a la de aquella región escandinava.

Situado en la confluencia de dos cañones calizos de enorme belleza Caracena está compuesto por unas decenas de casas que serpentean en la ladera de un promontorio coronado por un castillo. Son casas humildes, de arquitectura castellana, con paredes de adobe y cubiertas por teja.


Entre estos edificios se encuentran dos iglesias, la de Santa María, del siglo XII, y la más modesta de San Pedro, también de ese siglo. San Pedro se encuentra donde termina el pueblo, a los pies del castillo. En los capiteles se hayan representadas algunas escenas.

En el pasado Caracena tuvo mayor importancia. Siendo parada de la Ruta de la Lana, un ramal del Camino de Santiago que unía Burgos con Cuenca, Valencia y Alicante, la defendieron con un castillo que cerraba el paso que discurría entre los dos cañones. Caracena estaba entonces amurallada, aunque escasos restos quedan de la misma. A ella se entraba por el Puente Cantos, en la parte baja de la villa. Más arriba se encuentra su plaza, donde un rollo barroco indicaba la jurisdicción que allí regía. Caracena disponía de cárcel y de hospital de pobres.


Para visitarlo debemos dejar el coche al lado de la iglesia de San Pedro, y llegamos al castillo tras una corta pero empinada cuesta. Es un castillo muy fotogénico, a pesar de su estado de total ruina y abandono. Parece sacado de alguna escena de Juego de Tronos. También fue edificado en del siglo XII, aunque fue demolido por orden de los Reyes Católicos tras un conflicto con el señor de Caracena y reedificado por Alfonso Carrillo de Acuña, el nuevo señor a finales del XV. Aunque se puede visitar parcialmente atravesando por un agujero en el muro perimetral no recomiendo entrar en él debido al riesgo de desprendimientos.

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Frías, Burgos (Castilla y León)

lunes, 1 de enero de 2018

Tobera, Burgos (Castilla y León)
Tobera, Burgos


Frías, Burgos (Castilla y León)
Frías, Burgos


Puente de Frías, Burgos (Castilla y León)
Puente de Frías, Burgos


Puente de Frías, Burgos (Castilla y León)
Puente de Frías, Burgos


Frías, Burgos (Castilla y León)
Frías, Burgos


Frías, Burgos (Castilla y León)
Frías, Burgos


Frías, Burgos (Castilla y León)
Frías, Burgos


Santa María de Vadillo en Frías, Burgos (Castilla y León)
Santa María de Vadillo, Burgos


El curso alto del Ebro es tan desconocido como famoso su curso medio y bajo, en sus tramos aragonés y catalán.

Mucha gente ni siqueira sabe que el Ebro es un río que nace en Cantabria y cruza territorio castellano, bañando también tierras navarras y riojanas.

Y en esta parte alta, donde aún no ha alcanzado el caudal y anchura que le convierten en el río principal de la península a la que da nombre, hay mucho por ver y por descubrir.

Coronando el aún estrecho valle del Ebro está Frías, considerado como uno de los pueblos más bonitos de España. Al igual que otros muchos pueblos de Burgos su esencia se ha preservado y su arquitectura tradicional ha sobrevivido al paso del tiempo y de las modas, siendo hoy uno de sus principales activos.

Frías, cuyo nombre puede referirse a la temperatura de las aguas que discurren por sus cercanías, es un pueblo que impresiona cuando te acercas, con una enorme torre del homenaje presidiendo su casco urbano en lo alto de un escarpado peñasco que culmina el Cerro de La Muela. Como imitándola, algunas casas se asoman en lo alto de una pared caliza que servía de parapeto natural a la población. Desde la carretera que viene de Tobera la imagen da sensación de poderío.

El castillo de Frías, también conocido como Castillo de los Velasco, fue construido para guardar una de las rutas que unían a la Meseta con la costa cantábrica. Al castillo se accede por un puente levadizo desde la parte alta de la villa, cerca de la iglesia. Para visitar el castillo se debe adquirir una entrada en la oficina de turismo, un poco antes del puente de acceso.

Esta ruta del Cantábrico a la Meseta fue el principal motor económico de la población, cuyo casco urbano da testimonio de la prosperidad que alcanzó. En sus cercanías un puente con torres de guarda para el cobro del portazgo, muy similar al de Besalú, permitía cruzar el río por un paso utilizado desde tiempos de los romanos. De hecho, por Frías pasaban dos calzadas romanas, una que pasaba medio kilómetro río abajo contando desde el puente y otra que iba de Frías hacia La Rioja.

Las calles de Frías serpentean alrededor del cerro y están encerradas entre casas adosadas y construidas con muros de adobe o ladrillo y con la típica viga reforzando las paredes. Al igual que en Covarrubias aquí parece haberse detenido el tiempo y es fácil imaginar que uno ha viajado en el tiempo hacia la Edad Media.

Aunque hoy Frías se identifica profundamente con Castilla en originalmente formaba parte del Reino de Pamplona-Nájera, germen del futuro reino de Navarra, que no abandonó hasta el siglo XIII.

En los alrededores de Frías hay otros puntos de interés para visitar, como un convento extramuros, el de Santa María de Vadillo, o la capilla y cascadas de Tobera, si uno sigue en dirección sur, hacia la meseta. Aparcando al lado de la capilla hay una ruta de senderismo río abajo.

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