Parque Nacional A Peneda- Gêres (I) (Portugal)

lunes, 24 de enero de 2011

Melgaço (Minho, Portugal)
Melgaço


Castelo de Melgaço (Minho, Portugal)
Melgaço


Mosteiro de Fiães (Melgaço, Portugal)
Mosteiro de Fiães


Porta de Lamas de Mouro (Melgaço, Portugal)
Porta de Lamas de Mouro


A Serra da Peneda (Melgaço, Portugal)
Porta de Lamas de Mouro


Santuario da Peneda (Arcos de Valdevez, Portugal)
Santuario da Peneda


Gavieira (Arcos de Valdevez, Portugal)
Gavieira


Adrão (Arcos de Valdevez, Portugal)
Adrão (Gavieira)


Os espigueiros de Soajo (Arcos de Valdevez, Portugal)
Os espigueiros de Soajo


Streets of Soajo (Arcos de Valdevez, Portugal)
Calles de Soajo


Mosteiro de Ermelo (Arcos de Valdevez, Portugal)
Mosteiro de Ermelo

Espigueiros de Lindoso (Ponte da Barca, Portugal)
Espigueiros de Lindoso


Castelo de Lindoso (Ponte da Barca, Portugal)
Castelo de Lindoso



Cuando la gente se plantea el irse a Portugal frecuentemente piensa en sus playas o sus dos grandes ciudades, Oporto y Lisboa. Pero Portugal cuenta con grandísimos atractivos en su interior que son aún más ignorados, si cabe, que el resto del país.

La ruta que vamos a tratar aquí ha sido uno de mis pecados de los últimos años, puesto que hace bastante que me la planteaba y no la hice hasta ahora, cuando por fin me he decidido a coger el coche y hacer un pequeño recorrido por el único Parque Nacional del país.

Es una ruta para tomarse con calma: a pesar de la estimación de Google Maps, la ruta lleva su tiempo... tanto que hacerla en un día es un poco justo: no te da tiempo a ver nada de nada. De hecho, hay tantas cosas que contar que voy a dividir la ruta en dos partes, cubriendo una las terras de A Peneda y la segunda se dedicará a la Serra do Gêres.

Partimos de Melgaço, villa balnearia, y famosa por sus vinhos verdes y su lamprea. Para los habituales del blog le sonará porque ya se había visto en alguna otra ruta. Del patrimonio histórico de la capital del municipio podemos destacar los restos de su castillo, que es la fortaleza (y el municipio) más septentrional de Portugal. Para acceder a Melgaço podemos utilizar su puente internacional, que la une a la villa pontevedresa de Arbo.

Si seguimos la carretera en dirección a São Gregorio encontraremos un desvío hacia Lamas de Mouro y el Parque. Normalmente la gente nos dirá que vayamos por aquí... pero entre que los GPS dicen que es un camino más lento (y me inclino a darles la razón en este caso) y que hay cosas que ver por el otro camino, seguiremos un poquito más hasta la salida de Fiães.

Y en Fiães está  nuestra segunda parada del día, los restos de su monasterio que básicamente se reducen a unas cuantas ruinas y a la iglesia parroquial, que en su momento lo fue del monasterio. Hoy en día es un templo que sirve a una freguesía de unas 300 personas, pero en el pasado fue un poderoso e influyente centro monástico con 20 abadías y numerosos cotos repartidos por Galicia y las regiones portuguesas de Minho y Tras-os-Montes. Se decía que el segundo hombre más poderoso del país (tras el rey, obviamente) era el Abad de Fiães.

Un poco antes de Lamas de Mouro hay un desvío a Castro Laboreiro, casi en la frontera con España. Se trata de una freguesía de Melgaço con bastante historia y un par de curiosidades, como el haber sido municipio independiente (minúsculo y muy pobre) o el de albergar a la entidad de población portuguesa situada a más altura (Curral do Gonçalo)... pero sobre todo por tener una raza de perro propia, el Perro de Castro Laboreiro (el enlace en portugués es muchísimo más completo). Pero no subimos hasta aquí para ver perros o para tocar el techo habitado del país, si no para ver el Castelo de Castro Laboreiro, del que quedan sólo unas ruinas pero que fue crucial para la independencia Portuguesa durante varios siglos, conteniendo a las tropas leonesas y castellanas en varias ocasiones.

Volviendo a nuestra ruta, al llegar a Lamas de Mouro tendremos el acceso al Parque Nacional. Un agradable bosque de coníferas con pequeños riachuelos que se ha acondicionado como área recreativa nos da la bienvenida al Parque. A partir de aquí veremos formaciones rocosas bastante majestuosas y de gran belleza, mientras avanzamos hacia el Santuario de A Peneda, dejando atrás el concelho de Melgaço y entrando en el de Arcos de Valdevez. Mucho cuidado a partir de aquí: detrás de cualquier curva te puede salir un coche, una vaca, un caballo, una señora mayor... aquí más que nunca mucha concentración al volante.

Se trata de un edificio terminado en el siglo XIX y que cuenta con numerosos adeptos a sus romerías. Desde aquí parten varias rutas de senderismo, de las cuales la más famosa es la que parte desde detrás del templo hasta los penedos que se encuentran monte arriba (unos 45 minutos de subida). Al final del camino se encuentra un pequeño embalse, cuyas aguas son las que alimentan una cascada que se desliza hasta un lateral del santuario y una campa donde pastan las vacas de los habitantes del pueblo. Desde allí hay unas muy buenas vistas del valle y de la población.

Nuestro camino va a continuar por el valle (mejor retroceder y cruzar al otro lado del río) y seguiremos hasta Rouças (me temo que no está señalizado... o yo no lo he visto) y luego tomar un desvío hacia Gavieira y seguir hasta el siguiente pueblo, São Bento do Cando, desde donde hay unas vistas bastante buenas del valle, con una espectacular ladera granítica que debe hacer las delicias de los amantes de la escalada. Podemos seguir unos kilómetros más hasta un cruce, sólo por ver el paisaje, pero al terminar debemos desandar el camino hasta Rouças y continuar hacia el sur, hacia Adrão (pueblo con muchas casas abandonadas y un refugio que urge restaurar) y Soajo, cuyos hórreos (espigueiros) forman un conjunto histórico muy peculiar y merecen una visita. Además es interesante callejear por el casco urbano y ver cómo adaptaron las construcciones a la realidad del terreno, lleno de penedos graníticos. Y también se puede visitar el pelourinho, tal vez emblema del municipio que encabezó durante varios siglos.

¿Os acordáis del perro de Castro Leboreiro? Pues en Soajo lo llaman "cão de Soajo" y dicen que los de Castro Leboreiro se lo han robado. Soajo tiene una idiosincrasia muy marcada y se recuerda mucho que un día fueron un ayuntamiento independiente.

Y pasando Soajo ya casi estamos en el final de esta primera etapa, los restos del monasterio de São Bento de Ermelo del que no he encontrado demasiada información, pero al igual que en el caso de Fiães sólo parece quedar la iglesia en pie. Una curiosidad de esta pequeña población encaramada en una de las riberas del río Lima (o Limia en su  tramo gallego) es la cantidad de naranjos que cultivan los lugareños.

Podemos terminar esta primera parte haciendo una pequeña parada en la antigua central hidroeléctrica de Lindoso, nada más cruzar el río. Necesita un pequeño mantenimiento, pero es una parada interesante para aquellos a los que les gusta la arquitectura industrial.

O podemos continuar un poco más y acercarnos hasta Lindoso, unos cuantos kilómetros río arriba, donde podemos ver su castillo y su conjunto de espigueiros, aún más grande que el de Soajo

El Mapa
Rutas relacionadas
Fotos relacionadas

Fortificaciones portuguesas del Miño

domingo, 2 de enero de 2011

Torre de Lapela (Monção, Portugal)
Torre de Lapela


Puente internacional de Tui-Valença
Valença do Minho


Esteiro do Minho en Caminha (Minho, Portugal)
Esteiro do Minho en Caminha


Forte da Ínsua (Caminha, Portugal)
Forte da Ínsua, Caminha


Forte do Cão em Gelfa, Caminha (Minho, Portugal)
Forte do Cão em Gelfa, Caminha


Forte de Paçô (Viana do Castelo, Portugal)
Forte de Paçô


Río Lima desde Sta Luzía (Viana do Castelo, Portugal)
Desembocadura del Lima



Como buenos vecinos, España y Portugal se han matado el uno al otro durante siglos y eso nos ha legado un rico patrimonio de arquitectura militar que hoy en día está en un estado de conservación bastante desigual., pero que nos puede servir para hacer una escapadita de un día o de un fin de semana.

Nuestra ruta comienza en Melgaço, frente a la localidad pontevedresa de Arbo. Al igual que su vecina española, Melgaço cuenta con el Albariño y la lamprea como grandes bazas turísticas, y añade la presencia muy cercana del Parque Nacional de A Peneda - Gêres (es muy recomendable la visita al santuario y al lago). Además de eso, Melgaço es villa balnearia. Pero lo que nos interesa para esta ruta es su pasado militar.

El castillo, situado en el casco urbano de Melgaço, fue construido por indicación de Afonso Henriques, primer rey de Portugal allá por el siglo XII y se trata de la fortificación más septentrional del país. En el siglo XIV, de hecho, se estableció la obligatoriedad de cruzar a Galicia únicamente por aquí ya que se convirtió en el único paso fronterizo autorizado.

Nuestro siguiente paso será la vecina Monção, capital del Alvarinho portugués y a su vez, del Vinho verde. Sus vinos gozan de gran prestigio en todo Portugal y no es difícil encontrarlos en cualquier superficie comercial del país. Igual que Melgaço dispone de balneario, aunque no dispone de habitaciones para alojar a sus clientes.

Las murallas de Monção son de mayor tamaño que las de Melgaço y sirvieron para proteger este paso durante las diferentes guerras fronterizas. Parece ser que fue construido en el siglo XIV y sus murallas, en el marco de sus sucesivas mejoras, canibalizaron otras fortificaciones cercanas, como las del castillo de Lapela, que es nuestra siguiente parada.

Lapela hoy en día es un pequeño núcleo urbano a orillas del Miño y a la sombra de la torre de homenaje de un antiguo castillo también del siglo XIV ya desaparecido y cuyas piedras sirvieron de material para una de las obras de mejora de las murallas de Monçao. Hoy en día es posible subir a ella, pero no sé dónde se pide la llave. Habría que preguntar a los vecinos. Otro interés turístico de Lapela es que por aquí pasa la ecopista que va desde las afueras de Monção hasta Valença y que ocupa el lugar de la antigua vía férrea. En el marco de su construcción se recuperó el edificio de la antigua estación del pueblo, que antaño conoció gran importancia en el tráfico de madera.

De camino a Valença podemos ver el pórtico de la Quinta do Crasto o incluso desviarnos al monasterio abandonado de Sanfins, pero se salen del propósito de esta ruta.

Valença do Minho es la localidad de frontera más conocida del norte de Portugal. Su mercadillo y sus poderosas murallas con vista al Miño y a la vecina Tui son perfectamente conocidas por un número bastante importante de gallegos... tanto que el mercadillo tuvo que dejar su emplazamiento original a los pies de la fortaleza para ubicarlo en unas instalaciones construidas al efecto.

En cuanto al castillo, parece que su origen está en los siglos XII o XIII, poco después de la independencia del país para proteger el norte de incursiones desde Galicia y que fue fuertemente reformado durante la guerra de restauración portuguesa para adaptarla a las necesidades de defensa frente a ataques con artillería.

A partir de aquí, las murallas están bastante hechas polvo, como la de Vila Nova de Cerveira, hoy completamente destrozada y coronada por un restaurante que tiene una arquitectura de finales del Siglo XX que no tiene nada que ver con el edificio sobre el que se asienta. Un desastre.

También en las cercanías está el fuerte de Lovelhe, pero no lo conozco en persona y las fotos que he localizado lo muestran en estado de abandono o semiabandono. Al parecer están con obras de "valorización" (me imagino que algunas prospecciones arqueológicas y desbroce).

La siguiente fortaleza, que debió ser de gran importancia a juzgar por los escasos restos que se conservan hasta nuestros días fue la de Caminha, pero aparte de algunos vestigios del muro integradas en viviendas muy posteriores y alguna garita, se puede decir que no existe castillo como tal, aunque visitar la desembocadura del Miño siempre es interesante.

Desde el parque forestal de Caminha, un poco pasada la villa, podemos acceder a la playa marítima más septentrional de Portugal y desde allí tenemos vistas del fuerte que vigilaba la desembocadura del río y sería la primera fortaleza marítima portuguesa si vamos de norte a sur. Se trata del Forte da Ínsua, en Moledo. El fuerte se encuentra en una isla, y desde tierra parece estar en buen estado, pero cualquiera sabe. En la wikipedia se dice que está en mal estado.

Una curiosidad sobre este fuerte es que en su interior hay un pozo de agua potable. Lo cual es acojonante teniendo en cuenta que se trata de un islote rocoso de escaso tamaño. Según la wikipedia se trata de uno de los únicos tres pozos de agua potable del mundo que se halla en el mar.

Cerca de este se encuentra, ya en Vila Praia de Âncora, el fuerte de A Lagarteira, que no conozco, pero que está en un excelente estado ya que se encuentra en el casco urbano de una localidad eminentemente turística. Sus últimas obras datan de 1997.

El que no tiene tanta suerte y eso que se encuentra bastante cerca es el Forte do Cão, en Gelfa, en estado de abandono y al lado de la playa. No se puede visitar, y los muros están en un estado bastante mejorable. En verano es un buen lugar para ir a la playa, ya que está rodeado de arenales.

La penúltima parada de nuestro recorrido será el Forte de Paçô, en Carreço, ya dentro del municipio de Viana do Castelo. Por internet se puede leer que está en estado de restauración, pero lo cierto es que no es así: de hecho el cartel que está sobre los muros del castillo se refiere a unas obras de infraestructuras y no a la restauración propiamente dicha. El estado del edificio es bastante malo.

Y para finalizar, podemos acercarnos hasta Viana do Castelo a ver el Forte de Santiago da Barra, sede de la Región de Turismo del Alto Miño y cuenta con un auditorio. Su estado de conservación es magnífico, por tanto. Se encuentra a orillas del río Lima, cuya desembocadura protegía


Ya que estamos en Viana podemos aprovechar para pasear por sus calles o subir hasta el santuario de Santa Luzía que tiene unas vistas excelentes de la ciudad y de su entorno (el río Lima, la costa atlántica, etc).

El Mapa
Rutas relacionadas
Fotos relacionadas 

La costa estremeña (Estremadura, Portugal)

lunes, 20 de diciembre de 2010

Igreja de Nossa Senhora de Nazaré (Leiría, Portugal)
Igreja de Nossa Senhora de Nazaré


Nazaré (Leiría, Portugal)
Nazaré


Santuario do Senhor Jesús da Pedra (Óbidos, Portugal)
Santuario do Senhor Jesús da Pedra


Óbidos (Portugal)
Óbidos

Porto Novo, Vimeiro (Torres Novas, Portugal)
Porto Novo, Vimeiro


Praia de Ribeira d'Ilhas (Ericeira, Portugal)
Ribeira d'Ilhas


Praia dos Pescadores (Ericeira, Portugal)
Praia dos Pescadores (Ericeira, Portugal)


Praia do Sul (Ericeira, Portugal)
Playa en Ericeira

Azenhas do Mar (Sintra, Portugal)
Azenhas de Mar

Azenhas de Mar, Sintra (Portugal)
Azenhas de Mar


Aunque hoy en día no existe Estremadura como tal región administrativa en Portugal, históricamente sí que lo hizo, y su costa norte se corresponde bastante aproximadamente con la ruta que os propongo. Aunque no he visitado todos los lugares de los que voy a hablar, tengo inmejorables referencias de ellos.

Y uno de esos lugares es la pequeña villa de São Pedro de Moel, donde comenzará nuestro recorrido. Se trata de una población que conoció tiempos mejores en lo que a turismo se refiere. El suyo era un turismo elitista que aún hoy da fama al lugar, a pesar de que este carácter se ha perdido y parece que se aprecia una cierta decadencia... al menos si atiendo a lo que leo por ahí. Tienen fama sus parques entre pinares y la Pena da Saudade, donde dice la leyenda que la Duquesa de Caminha lloraba cada día a su ejecutado esposo... lamentos que alguna gente cree aún percibir en el sonido del mar.

Hacia el sur se encuentra Nazaré, otro de los grandes destinos turísticos de playa de Portugal y, para mí, uno de los pueblos más bonitos del país. No es tan espectacular como Sintra, ni tan encantador como Óbidos, pero como pueblo turístico con encanto no creo que haya muchos que superen a Nazaré en el país. Sus calles de casas blancas, su enorme playa y sobre todo la zona del mirador que está al norte de la población son muy recomendables, con sus vistas y la Igreja de Nossa Senhora.

São Martinho do Porto parece (no la conozco) un poco maltratada por el turismo, ya que en primera línea de playa se ven bastantes edificios que parecen hoteles. De todas formas, la gente habla bastante bien de su playa y de su ambiente.

Si pena tengo por no conocer São Martinho y São Pedro, más me queda por no conocer Foz do Arelho, aunque sólo sea por las curiosidades del lugar: parece estar en la desembocadura de un río, como dice su nombre... pero es que no existe ningún río Arelho y tampoco está en la desembocadura de ninguno. Foz do Arelho está en la desembocadura de la Lagoa de Óbidos, una laguna litoral del mismo tipo que otras vistas en rutas anteriores como la Lagoa de Santo André en Sines o la Lagoa de Albufeira en Sesimbra. Las fotos muestran un lugar realmente interesante... y a mi estas lagunas litorales me pierden.

La siguiente parada sería Óbidos, ya vista en rutas anteriores. Se trata de un pueblo construido mayoritariamente dentro de unas murallas y en lo alto de una pequeña elevación sobre el terreno circundante y en el que merece la pena detenerse. Por el castillo, por las vistas, por el acueducto de la entrada, por callejear... elegid la razón, pero para mí Óbidos es parada obligatoria cuando paso por esa región.

Desde aquí podemos ir hacia Peniche (cuidado, usuarios de Sygic... calcula fatal esta ruta: el mejor camino es por la vía rápida). En Peniche hay poco que ver en comparación: sus acantilados son realmente bonitos, de arenisca, y se puede coger un barco hasta las Ilhas Berlengas, unas islas a un puñado de kilómetros de la costa en las que no he estado, pero cuyo aspecto en fotos me seduce bastante. También tiene una fortaleza, pero es bastante ordinaria.

A propósito, Peniche tiene dos cámpings: el privado, con personal borde y maleducado que además trata bastante mal a los españoles y unas duchas en un estado, hablo de 2008, bastante malo y el público, mucho más barato y a la entrada del pueblo según sales de la vía rápida y con un personal muy amable y educado (y unas duchas en mejores condiciones)

A partir de este punto los amantes del surf pueden ir prestando más atención. Peniche en sí mismo y sospecho que los pueblos que he ido mencionando antes son lugares de peregrinación surfera... pero de aquí en adelante vienen las mejores playas o eso tengo entendido. Y por acojonante que parezca, el turismo no ha destrozado completamente el lugar, como podéis ver en la foto de Porto Novo, Vimeiro, donde podemos parar para ver cómo la arena fosilizada y compactada se está convirtiendo en roca... y un hotel que rompe por completo el encanto del lugar.

Por esta zona hay playas como São Lourenço, Ribeira d'Ilhas y otras, que nos van a regalar la vista hasta que lleguemos a Ericeira, otro pueblo que ya se había visto en otra ruta y famoso tanto por su turismo, como por el hecho de haber sido el punto de huida del último monarca portugués, que salvó su vida por un margen de dos escasas horas.

De Ericeira nos vamos hasta Azenhas de Mar (en muchos GPS no aparece y lo más cercano posicionado es Praia das Maças). Hay un momento en que llegamos a un cruce. Mi GPS me marcaba que es mejor ir a mano izquierda, pero por experiencia, ya que he ido por ambos caminos, es más satisfactorio ir por la derecha, aunque sea un poco más largo.

De Azenhas de Mar lo interesante es la arquitectura y el urbanismo del pueblo, construido en las riberas de una azenha, que es una torrentera que acaba en el mar. Y también es interesante ver la piscina de agua marina de la parte inferior del pueblo: durante la pleamar queda sumergida y en la bajamar esa agua queda retenida, siendo mucho mejor para el baño que la abrupta costa, que no está exenta de peligro. Por cierto que los acantilados de la zona que va de Ericeira a Azenhas son bastante interesantes de ver por lo diferentes a lo que estamos acostumbrados de ver en el norte de España.

Azenhas, por cierto, pertenece a Sintra, que aunque no queda en esta ruta siempre es digna de ver. Sintra es, en mi opinión, el pueblo más bonito de Portugal.

Y enfilamos los últimos tramos de nuestra ruta visitando el Cabo de Roca, de espectaculares acantilados y que es el punto más occidental de la Europa continental. Hace un viento del carajo, así que si vais en invierno, mejor bien abrigados.

Y para finalizar, Cascáis y Estoril, dos poblaciones que en tiempos fueron lugar de veraneo de la flor y la nata de la alta sociedad europea y que hoy se benefician de las villas y palacetes que quedaron de ese tiempo para seguir siendo uno de los destinos turísticos más conocidos del país vecino.


El Mapa
Rutas relacionadas
Fotos relacionadas

Palacios reales en París (y alrededores)

jueves, 30 de septiembre de 2010

Le Château de Vincennes (Île de France, Francia)
Le Château de Vincennes


Le Louvre (París, Francia)
Le Louvre


El Louvre desde Tullerías (París, Francia)
El Louvre desde Tullerías


La pirámide del Louvre
La pirámide del Louvre


El Arco del Carrusel (París, Francia)
El Arco del Carrusel (Louvre)


La Venus de Milo
La Venus de Milo (Louvre)


Château de Saint-Germain-en-Laye (Île de France, Francia)
Château de Saint-Germain-en-Laye


Le Château de Versailles (Île de France, Francia)
Le Château de Versailles


Francia ha sido históricamente una de las grandes potencias mundiales. Desde que Carlomagno la puso en el mapa el país ha sido, en mayor o menor medida, uno de los grandes actores del mundo conocido (desde la perspectiva occidental).

En esta ruta recorreremos algunas de las sedes del poder regio francés. Me hubiera gustado añadir alguna más, pero me da la impresión de que los merovingios no nos han legado gran cosa.

Tendremos cuatro paradas, dos de las cuales pasan muy desapercibidas para el turista medio a pesar de su dilatada historia, otra es muy famosa... pero no por haber sido palacio real y la última es el paradigma de la majestad.

Hablo del castillo de Vincennes, el palacio del Louvre, el palacio de Sant-Germain-en-Laye y el palacio de Versalles

 Nuestra primera parada será el Château de Vincennes. Se trata de un emplazamiento que ha conocido muchas funciones, desde el pabellón de caza que fue en sus orígenes a fábrica de porcelanas o convento de monjas. La idea es que en el futuro sea sede de un museo de la historia de Francia.

Se trata de un edificio absolutamente majestuoso que tiene el honor de ser el mayor castillo medieval del mundo, siendo su torre del homenaje difícilmente comparable con cualquier otra que conozca. La foto creo que habla por si sola.

Lo bueno de esta ruta es que tres de los destinos son fácilmente enlazables por RER A y la línea 1 del metro. Cualquiera de las dos nos deja en el Palacio del Louvre, anteriormente palacio y que ha sido sede de reyes de Francia de forma intermitente desde el siglo XVI hasta el siglo XIX, cuando Napoleón III fue desalojado del poder.

El complejo actual es el resultado de una interminable serie de construcciones, reconstrucciones y reestructuraciones desde la fortaleza original, tal vez de tiempo de los merovingios, hasta el palacio actual, fruto de una reconstrucción parcial tras la Comuna, durante la cual se quemó una parte del palacio que se perdió para siempre. Creo que no es necesario decir a qué se dedica hoy en día. Sólo diré que merece mucho la pena visitar sus colecciones.

Uno de los ramales del RER A nos llevará a la siguiente parada de esta ruta: el palacio de Saint-Germain-en-Laye. Oficialmente no consta como sede de la corte francesa, pero fue residencia principal de muchos reyes hasta la Revolución Francesa. De hecho, fue aquí dónde nació Luis XIV, el Rey Sol y fue desde aquí desde donde se mudó a Versalles.

El lugar conocería relevancia una vez más durante la Segunda Guerra Mundial, puesto que fue la oficina central del Ejército Alemán que ocupó la mayor parte del país.

No tengo mucha idea de cómo ir a Versalles desde aquí, pero imagino que desde la parada de buses que hay frente al palacio, al lado de la estación de RER, habrá alguna línea que una la villa con la capital del departamento. En caso contrario, creo que hay que ir hasta la Défense para coger un Transilien o un RER C

El Palacio de Versalles es sin duda el palacio real más conocido y famoso del mundo, con permiso de Buckinham, y el más glamouroso sin duda alguna.

Para aquellos que, como yo, vayan un poco despistados, avisar de que las muchísimas hectáreas de jardines apenas contienen flores. Se trata de una serie de explanadas cubiertas de césped, algunos bosques (algunos más ornamentales que otros) y estanques que sorprenden por la vasta cantidad de terreno que ocupan.

El palacio en si no impresiona como el Louvre o Vincennes, pero tiene una arquitectura realmente bonita. Al parecer lo más importante son las colecciones del edificio, pero llegué tras la hora de cierre del edificio y me tuve que conformar con visitar los jardines

El mapa
Rutas relacionadas
Fotos relacionadas 

La Côte d'Emeraude (Bretaña, Francia)

jueves, 27 de mayo de 2010

Acceso a Mont Saint Michel (Normandía, Francia)
Acceso a Mont Saint Michel


Le Mont-Sant-Michel, Manche (Normandía, Francia)
Le Mont-Saint-Michel


Le Mont-Saint-Michel
Le Mont-Saint-Michel


Fort National en Saint-Malo, Île et Villaine (Bretaña, Francia)
Fort National en Saint-Malo


Puerto de Saint-Malo (Bretaña, Francia)
Puerto de Saint-Malo


Dinard/Dinarzh, Ille et Vilaine (Bretaña, Francia)
Dinard/Dinarzh y La Rance


Fort La Latte, Cap Fréhel (Bretagne, Francia)
Fort La Latte, Cap Fréhel

La Côte d'Emeraude o Costa Esmeralda es una pequeña faja costera situada entre el Cap Fréhel y el límite entre Bretaña y Normandía, en Francia.

Es una tierra de dilatada historia a la que tuve la ocasión de hacer una pequeña escapada. Hoy vamos a ver una pequeña ruta que nos va a permitir conocer algunas de sus localidades más señeras. No es un recorrido tan exhaustivo como me gustaría y estoy muy seguro de olvidar muchas cosas importantes, pero tal vez ayude un poco a quienes tengan pensado visitar esas tierras.

Nuestro viaje comienza en el mítico Mont Saint-Michel, en lo que fue la frontera histórica entre Bretaña y Normandía, aunque hoy la frontera se haya movido unos cuantos kilómetros al oeste, posiblemente para evitar los caprichos del río Couesnon, que desemboca a los pies del monte. Ya lo dice el refrán "Le Couesnon dans sa folie mit le Mont en Normandie" (El Couesnon con su tontería puso el Monte en Normandía), y que alude al hecho de que originalmente la abadía estaba en el lado bretón del río, hasta que un cambio de curso lo convirtió en normando.

Es tal vez la parada más imprescincible de todo el viaje, ya no sólo por los valores artísticos, arquitectónicos o históricos del lugar, que sería lo más normal, si no también por la fuerza de la naturaleza en este lugar, cuyas mareas son francamente impresionantes. Además, ver todo el material que arrastran el río y las mareas y cómo este se deposita en las costas es interesantísimo.

Un advertencia: hacerse con una tabla de mareas, ya que el aparcamiento queda cubierto por el agua cuando esta sube. Sería desastroso quedarse en el monte mientras el agua se lleva nuestro vehículo.

Entrando ya en tierras bretonas podemos visitar Dol-de-Bretagne, con su dolmen, que nos habla de su fundación céltica y su catedral, de arquitectura anglo normanda. Fue una ciudad muchas veces saqueada por los vikingos, así que se ha perdido casi todo el patrimonio anterior a esta época. Muy cerquita está el Mont-Dol, que forma un estupendo mirador sobre los marais.

Nuestra siguiente parada es Cancale, famosa por sus ostras planas y que en el pasado conoció invasiones de todo tipo... ¡hasta portuguesas! Aquí es donde comienza la Côte d'Emeraude propiamente dicha. Buenas panorámicas y excelente gastronomía, el defecto que puede tener es el mismo que todas las poblaciones de la zona: una explotación turística desmesurada desde hace más de un siglo.

Siguiendo por la costa podemos ir hasta Saint-Malo, situado en la desembocadura del Rance. Aunque parece una ciudad antigua (e históricamente lo es) lo cierto es que la inmensa mayoría de sus edificios tienen apenas 70 años ya que durante la Segunda Guerra Mundial fue bombardeado a conciencia.

Pero a pesar de todo, hay muchas cosas para ver en esta bella ciudad pesquera: desde sus murallas, algunas iglesias o su edificio municipal, hasta el Fort National, el único museo del que tengo noticia cuyo horario de apertura depende de las mareas, ya que está situado en un islote frente a la costa al que se puede llegar caminando en bajamar.

Justo frente a Saint-Malo se encuentra Dinard, que sería el lugar donde se inventó el turismo. Aquí llegaron los ingleses a finales del XIX y construyeron villas en las que pasar sus momentos de asueto viniendo desde la relativamente cercana Gran Bretaña. Arquitectónicamente es bastante interesante y establece el canon a partir del cual se construyeron otras muchas villas turísticas del mundo.

Olvidaba decir que entre Saint-Malo y Dinard se encuentra la central maremotriz de La Rance, que bloquea la salida de la ría, lo que ambientalmente hablando tiene que ser una auténtica putada.

Saliéndonos un poco de la ruta podemos acercarnos hasta Dinan, para ver su castillo, sus puentes y su casco urbano medieval, aunque tampoco puedo recomendar gran cosa porque no tuve tiempo de ir. Lo tengo en pendientes.

Siguiendo hacia Cap Fréhel podemos seguir la costa y pasar por Saint-Cast-le-Guildo, con un interesante patrimonio artístico e histórico. A decir verdad, no es nada infrecuente toparse con restos de murallas, fortalezas o fuertes por toda la región. Su situación geográfica ha hecho de Bretaña un campo de batalla hasta épocas relativamente cercanas en el tiempo.

Y finalmente Cap Fréhel, con sus vistas y sus acantilados... y con sus fuertes. Justo aquí podemos visitar el Fort-la-Latte, en un excepcional estado de conservación. Hay que llegar para verlo antes de las cinco de la tarde, que es la hora a la que dejan de recibir visitas, y la verdad es que merece la pena pagar los cinco euros que cuesta la entrada por verlo.

El mapa

Fotos relacionadas