Valle del Jerte (Cáceres, Extremadura): Millón y medio de cerezos en flor

viernes, 3 de mayo de 2019



 
El Valle del Jerte es quizás el valle más conocido de Extremadura. Las cerezas que en nada comenzarán a venderse en toda España proceden en gran parte de esta zona del noreste de Cáceres. Fruterías, puestos ambulantes en las cunetas de las carreteras, supermercados... encontrar cereza del Jerte no es difícil. Al menos en Galicia.

Todas estas cerezas, claro, tienen que venir de cerezos. Y semejante cantidad de fruto requiere una cantidad enorme de árboles que las produzcan. Y uno de los árboles más bonitos de la naturaleza, en mi opinión, es el cerezo en flor.

 

Pues imaginad millón y medio de cerezos floreciendo más o menos al mismo tiempo en un valle escarpado. Es un espectáculo grandioso que merece la pena ver al menos una vez en la vida. Tal vez no tenga la fama de la sakura japonesa, pero es definitivamente el mayor espectáculo floral que puedes ver en la Península Ibérica.

La N-110, también conocida como Soria-Plasencia, recorre en sus últimos kilómetros todo el Valle del Jerte desde el Puerto de Tornavacas, lindando con la provincia de Ávila, hasta la frontera de los municipios El Torno y Casas del Castañar con el de Plasencia.


Durante la floración, que dependiendo del año puede ser desde mediados de marzo hasta principios de abril, es una de las carreteras más bonitas de España, rodeada de huertos de cerezos que tiñen de blanco el fondo y las laderas del Valle. Así que esta carretera es un buen punto de partida para ver este espectáculo.

Pero tontos seréis si, como muchos, os quedáis con los huertos que están a ambos lados de la carretera. No hay muchos sitios para parar y es fácil que el huerto que queráis fotografiar esté lleno de gente.

 

De hecho, debido a la afluencia de turistas muchos de estos huertos están cerrados. Por desgracia, un pequeño pero destructivo número de visitantes no tiene mejor cosa que hacer que llevarse alguna ramita "de recuerdo", o coger los pétalos de las flores para hacer alguna foto bastante típica. Lamentablemente no parecen darse cuenta (o les da absolutamente igual) que su foto o su recuerdo están restando kilos de producción a gente que vive de esto.

 

Lo ideal es recorrer algunas de las carreteras que suben a los pueblos que se encuentran en la parte alta del valle, como Piornal o El Torno. En la utilísima web de Turismo del Jerte os proponen una ruta circular por los pueblos de la parte final del Valle que os permitirá verlo desde todas las alturas, con bastantes sitios donde parar y disfrutar de la belleza del lugar de una manera mucho más solitaria (y silenciosa).

No entréis en los huertos sin autorización de sus propietarios. Aparte de la evidente educación y cortesía de no meterse en terreno de los demás sin permiso, imaginad el daño que tanta gente pisando la tierra puede hacerle a los cerezos.


Pero no sólo hay cerezos para ver en El Valle. Algunos pueblos como Valdastillas tienen un conjunto arquitectónico de gran interés ya que muchas casas están construidas según la arquitectura tradicional de la comarca

Y hay más naturaleza. Aparte de las varias piscinas naturales en el Jerte y en sus ríos y riachuelos (gargantas) tributarios hay algunas cascadas de gran belleza como la de Caozo (entre Valdastillas y Piornal) o una ruta de senderismo como la de la Garganta de los Infiernos, que empieza al lado del campo de fútbol de Cabezuela del Valle y que discurre entre bosques de roble y algunos huertos hasta llegar a la zona de Los Pilones, donde un riachuelo baja entre rocas graníticas.


Y si no salimos un poco del Valle, hasta Plasencia, dispone de un casco antiguo muy bonito rodeado por unas murallas en muy buen estado de conservación. La catedral es, asimismo, un edificio digno de ser visitado. Si podéis y tenéis ganas, os recomiendo visitarlo a primera hora de la mañana, cuando ya es de día pero todavía no hay nadie.

 

Algunos consejos:
- Si tenéis pensado comer en algún restaurante, los días de máxima afluencia en la mayoría no atienden a nadie sin reserva
- Si tenéis que comer en el chiringo al lado de la playa fluvial de Jerte, mejor coged el coche e id a comer a Plasencia o al Barco de Ávila. Acabaréis antes, os saldrá más a cuenta y la comida será mejor. Y además en El Barco hay un castillo.
- Los embutidos del Valle son muy buenos. En Piornal hay un par de fábricas que venden muy buen producto y que es posible encontrar en muchos puestos para turistas por los pueblos.
- Estando al lado de la Comarca de la Vera te venden pimentón local en cualquier sitio. Y es el más rico que he probado. Tiene un toque ahumado que lo hace único.

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Juromenha (Alentejo, Portugal): la abandonada centinela del Guadiana

miércoles, 1 de mayo de 2019

 

España y Portugal han sido vecinos desde la Edad Media, cuando el condado de Portugal accedió a la independencia con Afonso I Henríques. Algunos tramos de la frontera original entre ambos países siguen siendo válidos hoy en día, diez siglos después.

Pero esa frontera ha sido escenario de muchas guerras y muchas desconfianzas. Con el tiempo España y Portugal han pasado a ser amigos además de hermanos y algunas de las fortificaciones que se construyeron hoy están abandonadas o reconvertidas en atracción turística. Y algunas, incluso olvidadas.


Juromenha podría ser la más espectacular de estas fortificaciones olvidadas. Igual que el fuerte de Lovelhe, en Vila Nova de Cerveira, se trata de un fuerte moderno, del siglo XVII, aunque en su caso es el heredero de complejos anteriores que se remontan hasta la prehistoria. Aún es posible encontrar elementos de origen romano en sus muros.

El castillo, núcleo del complejo, es de origen musulmán. Formaba parte de las defensas de la Taifa de Badajoz y fue musulmana hasta que Geraldo Sem Pavor (Gerardo Sin Miedo), un aventurero portugués al servicio de Afonso Henríques que era muy activo por estas tierras, consiguió tomar el castillo.


Durante siglos Juromenha, varias veces reformada, fue suficiente para la protección de la frontera. Una de estas reformas fue, paradójicamente, la causa de la caída de la plaza. La reforma en la que se abaluartó el recinto fue encargada a un ingeniero francés que seguía los métodos de Vauban, Nicolas de Langres, que luego vendería los planos a los castellanos. En última instancia Castilla perdió la guerra y Portugal volvió a ser independiente, con lo cual Juromenha volvió a manos portuguesas.

La duradera paz entre España y Portugal fue restando importancia a Juromenha, que entraría en decadencia a partir del siglo XIX. La población civil fue abandonando las murallas e instalándose en el arrabal que se sitúa a las puertas. Juromenha perdió su municipalidad y se convirtió en una freguesía de Alandroal hasta hace unos años, cuando fue extinguida. En los años veinte del siglo pasado los últimos habitantes de la muralla la abandonaron y la moderna Juromenha son un par de hileras de casas de planta baja frente a la entrada principal.


Que una fortaleza esté en ruinas es algo tristemente habitual. Pero que una que ha sido ocupada hasta tiempos recientes se caiga a pedazos es mucho más infrecuente y descorazonador. No hay razón para que tal cosa ocurra. Una vez franqueada el panorama puede ser desolador: dependiendo del momento Juromenha será transitable o una selva de malas hierbas y matorral, o lo mismo de antes pero desbrozado.

Las casas más humildes hace tiempo que desaparecieron, hundidas por los elementos, podrida su madera o canibalizados sus materiales. El saqueo se extendió a los edificios más notables: las iglesias (una de las cuales sirvió para tres bodas reales), el antiguo ayuntamiento, y el resto de edificios civiles o militares han sido concienzudamente expoliados


Presidiendo el conjunto está lo que queda de su castillo medieval. Una solitaria bandera portuguesa ondea en lo alto de la torre del homenaje. Un triste recordatorio de lo que un día fue una de los castillos principales del Reino de Portugal.

La creación del lago Alqueva representa una pequeña esperanza de prosperidad para los habitantes de Juromenha, en su mayoría agricultores. La subida del cauce del Guadiana, impresionante en este tramo, ha permitido la construcción de un par de muelles. La cercanía con Elvas y Badajoz permite soñar con un florecimiento del sector turístico y de la navegación fluvial. El embalse mide desde aquí casi ochenta kilómetros, con multitud de rincones para explorar para quienes se puedan permitir un barco.

 

En la actualidad hay un proyecto para convertir lo que queda de la fortaleza en una pousada, aunque desconozco si a manos de Pousadas de Portugal (la versión lusa de nuestros Paradores) o de una iniciativa privada. Por lo que he leído hay controversia acerca del proyecto y parece estar paralizado. Esperemos que Juromenha sobreviva hasta que el gobierno portugués se decida a efectuar las obras necesarias.

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Marvão (Alentejo, Portugal): la fortaleza inexpugnable

lunes, 29 de abril de 2019



Ibn Marwan, "el Gallego", fue un poderoso señor del Emirato de Córdoba originario de Mérida. Dedicó su vida a crearse su propio emirato y, de hecho, consiguió la independencia de facto con respecto a Córdoba. Su estado se extendía por el sudoeste peninsular, desde Extremadura hasta el Algarve. Este territorio estuvo fuera del control Omeya hasta la creación del Califato.

 

Durante una de las muchas peripecias que tuvo Ibn Marwan acabó fundando Badajoz, siguiendo una especie de destierro que tenía más pinta de premio que otra cosa, porque la construcción de la ciudad fue en parte pagada por el Emir y estaba situada justo donde más le interesaba.

Pero Badajoz no fue el único de los asentamientos que fundó Ibn Marwan. Hay uno que lleva el nombre de su fundador, Marvão, y queda un poco más al norte, cerca de Alburquerque. En realidad ya lo había visitado antes, pero por aquella época no dedicaba demasiado tiempo a los sitios y me centraba más en las rutas.


Y es una pena, porque Marvão lo merece. El pueblo es conocido por su castillo, situado en lo alto de una pequeña montaña desde la que domina la frontera entre España y Portugal. Su silueta, igual que pasa con el de Atienza, es bastante característica e impresiona un poco para aquellos que vienen desde España. Para ellos Marvão cabalga una inmensa roca que sobresale sobre un mar boscoso. La sensación de protección y poderío que debieron tener los señores del castillo sólo podemos intuirla, pero Marvão tenía fama de fortaleza inexpugnable.

 

Desde la carretera de Castelo de Vide (muy característica, con sus árboles pintados con una franja blanca que mejore su visibilidad nocturna) no impresionan tanto pero aparece como una atalaya privilegiada, reposando sobre una montaña de cumbre plana.

Hay varios aparcamientos, pero recomiendo dejar el coche fuera de las murallas, donde empieza la ruta que os pongo en el mapa. Os evitaréis problemas y posiblemente restricciones de tráfico. Creo recordar que cuando fui la última vez no se permitía el acceso de vehículos pero no sé si era algo temporal por festivales o algo permanente.

En cualquier caso, una vez que se entra en Marvão se debe subir por las calles adoquinadas de la villa. Es un paseo agradable, pero si hace calor y se sube a pie se puede hacer un poquito cuesta arriba.Con calma, que nadie os mete prisa.


Antes de entrar en el castillo hay varios jardines cuidados con el habitual mimo que los portugueses dedican a sus zonas verdes. Desde allí hay buenas vistas, aunque no son comparables con las que hay desde la fortaleza, como si fuesen una pequeña introducción de las que estamos por disfrutar.

El acceso al castillo se hace a través de una amplia calle adoquinada que te lleva a la puerta y te introduce en el primer recinto. Amplio, despejado, en tiempos de guerra podía dar cobijo a una buena guarnición y a los habitantes del pueblo.


Pasada la puerta del recinto interior la amplitud se termina y los caminos se vuelven estrechos. Dentro del recinto hay varios patios, algunos de los cuales se utilizan en verano para la realización de conciertos y otros actos al aire libre.

Las mejores vistas son desde la torre del homenaje. Desde ahí dominas hasta las montañas que hacen las veces de frontera con España y hasta mucho más allá de la cercana Castelo de Vide. Hacia el pueblo se ve el comienzo de las casas tras su iglesia.



Y para el final una pequeña sorpresa. Marvão tiene dos aljibes. Uno de tamaño mediano y otro enorme. Tan grande que hoy en día se utiliza como sala de exposiciones y conciertos. Para llegar a los aljibes los caminos están señalados, pero sin demasiada visibilidad. Si veis acanaladuras en el suelo podéis seguirlas porque se utilizaban para llenar las cisternas. Con un poco de suerte los encontraréis iluminados y podréis ver como son. Si no la tenéis, una ténue penumbra y la linterna del móvil os podrán dar una pista de sus dimensiones.

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La Alberca (Salamanca, Castilla y León), un pueblo de cuento de hadas

sábado, 27 de abril de 2019

 

España esconde muchos pueblos singulares. Pequeñas joyas arquitectónicas que son más o menos conocidas y donde el tiempo, al menos en lo que al urbanismo se refiere, parece haberse detenido.
Y en Salamanca está uno de los pueblos más espectaculares de España, La Alberca, muy cerca de Peña de Francia.

Las casas de La Alberca tienen un diseño muy reconocible, con paredes de adobe reforzadas con varios maderos diagonales y verticales. Otros pueblos de las cercanías, como Mogarraz (visita pendiente), siguen este mismo diseño. Las calles son estrechas y a menudo sombrías, lo que hace que en días fríos se agradezca el refugio que suponen contra el viento y que en verano las casas estén más frescas.

 

La comarca de la Sierra de Francia ha estado poblada desde antes de la llegada de los romanos, conservándose restos de un castro prerromano donde está el pueblo (y que no he visto porque no sabía que existía)

Durante la Edad Media Alfonso IX de León ordenó la repoblación de estas tierras. Una parte de los colonos eran de origen francés y de ahí el nombre de la comarca. Tal vez por ello La Alberca dependía directamente de la corona leonesa.

 

El culto mariano recibe un importante impulso al encontrarse la Virgen de la Peña de Francia, origen del actual santuario, y que se encuentra en lo alto del monte homónimo. Al estar relativamente cerca de la Ruta de la Plata, una parte de los peregrinos que iban a Compostela se desviaban para visitar a la Virgen.
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La pujante Casa de Alba tomó posesión de La Alberca y de Granadilla durante el siglo XV, gracias al favor de Juan II y de Fernando el Católico. En este momento La Alberca pasa a estar bajo jurisdicción de Granadilla, aunque con gran autonomía y logrando el control de Las Hurdes. Esta comarca fue famosa por su miseria a finales del XIX y principios del XX. La realización de documentales denunciando sus condiciones hizo que mereciese cierta atención por parte de los gobiernos de la época, con un éxito relativo puesto que la despoblación de la zona no parece haberse frenado.

 

En 1940 el extraordinario casco urbano de la villa mereció que La Alberca fuese el primer municipio español convertido en Monumento Histórico-Artístico.

Y no es para menos. Aparte de sus casas, verdaderamente espectaculares, hay algunos monumentos que destacan, como su iglesia con su campanario en forma de torreón o la ermita del Cristo del Humilladero, en la puerta de Salamanca o la de San Antonio.


Y por supuesto, el Valle de las Batuecas, sitio histórico de gran belleza y donde se encuentra un convento carmelita. La curiosidad de este valle es que el acceso natural al mismo es desde la provincia de Cáceres y no por la de Salamanca, a la cual pertenece.

La gran cantidad de templos cristianos se refleja en las fiestas locales, como la del Ofertorio en honor de la Virgen, o las varias romerías. Pero también en las inscripciones religiosas de las puertas de muchas casas o en Las Calaveras

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Sigüenza (Guadalajara, Castilla-La Mancha), la guardiana del Henares

jueves, 25 de abril de 2019

 

Sigüenza es otro de esos pueblos medievales que abundan en la mitad norte de la península, de cuando la Reconquista era cosa seria. Aunque la ciudad en sí no es del todo conocida, sí que lo es el apellido Sigüenza, que es relativamente frecuente en España.

Sigüenza es un festín para los ojos. Dispone de una concatedral que preside una plaza rodeada de soportales y desde la que parte una calle que sube hasta el castillo, que actualmente es Parador Nacional. Estos tres elementos son lo más espectacular de la ciudad (tal es su título), pero no son ni mucho menos lo único que merece la pena ver.

Murallas de Sigüenza

Sigüenza dispone de un casco histórico que merece mucho la pena visitar. Sus calles ofrecen innumerables rincones para el aficionado a la arquitectura o a la fotografía. Casas que parecen tener siglos a sus espaldas y que lucen como el primer día.

En tiempos Sigüenza fue un lugar importante. Su situación, en el valle del Henares, la hace controlar una de las principales rutas de comunicación de la península. Por ejemplo, igual que Daroca, está en uno de los caminos que unen Madrid con Barcelona. Y en la ruta más directa a Zaragoza, la otra capital de la Corona de Aragón.
 
Plaza Mayor y Catedral

Pero la historia de la ciudad comienza mucho antes y hay evidencias de poblaciones antes de la llegada del Imperio Romano, tanto cerca de la ubicación actual como en lugares cercanos, como el castro de Castilviejo. Ya era importante para los celtíberos y fue asediada por el cartaginés Aníbal. Para los romanos también era importante porque la calzada que unía Zaragoza con Mérida pasaba por aquí. La diócesis fue fundada en primer término durante la ocupación visigoda o tal vez en los últimos tiempos del Imperio.

 
Castillo de Sigüenza (Parador de Turismo)

Como casi toda la península Sigüenza fue ocupada por los invasores árabes, que construyeron una alcazaba para guardar el valle del Alto Henares. Tras la conquista cristiana se recuperó la diócesis y se construyó su imponente catedral, finalizada siglos después, y la alcazaba fue reformada para darle su aspecto actual. La Reconquista fue un período complicado para la ciudad puesto que estaba en zona fronteriza y sufrió ataques de uno y otro lado debido a su valor estratégico. La plaza que está enfrente de la catedral fue construida por el futuro Cardenal Mendoza, que llevó a la ciudad a su máxima prosperidad. Por bula de este cardenal Juan López de Medina fundó la Universidad de Sigüenza, que desaparecería durante el siglo XIX para integrarse en la de Alcalá.
 
Plazuela de la Cárcel

Durante la Guerra Civil Sigüenza quedó en el territorio controlado por la república y la guarnición de la ciudad, que no pertenecía al ejército regular fusiló al obispo. A finales de 1936 las tropas franquistas tomaron la ciuda y más tarde fue bombardeada por los republicanos. De estos episodios aún restan desperfectos y las huellas de los impactos de balas en las paredes de la catedral y otros edificios

Además de la catedral, la plaza y el castillo, destacan en Sigüenza sobre todo edificios religiosos, como numerosas iglesias y monasterios y algún humilladero, algún edificio civil como la Casa del Doncel o la antigua plaza mayor, de origen medieval y restos de las murallas de la ciudad. Este importante patrimonio le valió a Sigüenza la declaración de conjunto histórico artístico a mediados del siglo XX.

 
Castillo de Riba de Santiuste

Pero no sólo merece la pena visitar la capital municipal de Sigüenza. En su término municipal hay otros puntos de interés, como las Salinas de Imón o la población de Palazuelos, con su castillo y lo que queda de sus murallas (y que no visité porque estaba diluviando), el castillo de Riba de Santiuste o el castillo de Pelerina.

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