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Las Salinas de Imón (Sigüenza, Castilla-La Mancha): una factoría de sal abandonada en Guadalajara

jueves, 9 de mayo de 2019




Aquellos que somos de costa asociamos la producción de sal con instalaciones situadas al borde del mar, como las Salinas de Janubio en Lanzarote o las fábricas de sal de Torrevieja.

Pero en tiempos pasados fueron explotadas salinas en el interior, muy lejos de cualquier mar actual. En una época en que los transportes eran pocos y la costa insegura, tener fuentes de sal en mitad de la península era un recurso muy valioso.

 

Ya habíamos visto Sigüenza en uno de los últimos post y hoy voy a hablar de unas que están en su término municipal: las Salinas de Imón, que en su día fueron las de mayor producción de la Península y que estuvieron funcionando hasta la década pasada.

Según leo en la Wikipedia, parece que volvieron a explotarse a partir de 2015, pero a finales de 2017 y de 2018, las dos veces que he pasado por allí, el lugar me parecía completamente abandonado. El truco está en que las cinco nuevas piscinas que abrieron están siguiendo el curso del río hacia el este. Desde la carretera no resultan fáciles de ver, al menos si vienes desde Sigüenza o Riba de Santiuste. Un rápido vistado a Google Maps os ayudará si pretendéis visitarlas.



La explotación de la sal en Imón comenzó durante la ocupación romana, aunque las salinas parecen haber sido fundadas como tal allá por el siglo X, una vez recuperadas estas tierras de manos musulmanas. Al principio eran utilizadas por la Corona para pagar favores a grandes señores y obispos, hasta que finalmente fueron concedidas al obispado de Sigüenza.

Con el tiempo volverían a manos de la Corona, que en tiempos de Carlos III construirían el antiguo complejo, que estuvo en funcionamiento hasta principios de este siglo. Los edificios, que están en la carretera que comunica Atienza con Sigüenza, están en estado ruinoso y es una lástima. Son una muestra de arquitectura industrial del siglo XVIII que debería preservarse. Si véis las imágenes de la zona en Google Street View veréis el rápido deterioro de los mismos. En las imágenes de 2008 el tejado, deteriorado, aun se mantenía en pie. Hoy en día nada queda de él, salvo escombro.

 

Las salinas de Imón aprovechan los salares subterráneos que están a orillas del Río Salado, que también alimentaba las cercanas salinas de Bujalcayao (que no conozco). La técnica es la misma que en otros sitios: algunas norias extraen el agua para depositarla en las diferentes piscinas. En ellas la sal se separa del agua por evaporación y tras varios procesos para aumentar la calidad del producto se lleva a los almacenes en espera de ser transportada a los clientes.

 

Es una lástima que el tejado del almacén de Imón se haya desplomado. Su fachada es monumental y lo que se puede adivinar a través de las rendijas de la puerta era digno de ver: una gran nave con gruesas vigas de madera que sostenían el techo. Nada mal para el siglo XVIII

El mapa

Ruta por Guadalajara

Granadilla (Cáceres, Extremadura): Una ciudad medieval expropiada

miércoles, 17 de abril de 2019


Aunque en España, en general, se suele respetar el patrimonio hay algunas aberraciones de difícil explicación y aún peor justificación. Granadilla es el ejemplo paradigmático de estos casos.

Hasta mediados del siglo XX Granadilla, al norte de Cáceres, era fácilmente la ciudad medieval mejor conservada de España. Y la más espectacular de las que conozco por mucho. Y entonces llegó el progreso. O mejor dicho, una versión torticera del mismo apoyada en cálculos erróneos.


Granadilla fue expropiada y su término municipal extinguido para la construcción de un embalse, el de Gabriel y Galán. Como solía pasar en esos casos los vecinos fueron desalojados y recibieron una magra compensación por sus tierras y casas. Granadilla era capital de su comarca y de su partido judicial. Creo que nunca en la historia de España se expropió una población de similar importancia.

Y Granadilla jamás fue alcanzada por las aguas. Ni siquiera en los años de mayor volumen embalsado porque incluso la parte más baja de sus muros cuenta con un buen margen en cota con respecto a la máxima capacidad.

 

Pero el daño ya estaba hecho. Sin nadie que las mantuviese, las casas fueron reduciéndose a un montón de escombros. A pesar de que tan sólo unos años después de descubrir que Granadilla jamás se inundaría se empezo a trabajar en la recuperación de las casas, el alcance de estos trabajos distaba muchísimo de lo necesario para evitar su ruina total. Hoy es un pálido reflejo de lo que debió ser en su día.

La parte reconstruida de Granadilla es su calle principal, su ayuntamiento y algunos edificios más. Se mantiene la iglesia y se han consolidado sus murallas, pero Granadilla es un monumento a la dejadez y la incompetencia, como puede serlo Belchite pero aún peor, porque ninguna guerra y ningún dogmatismo político causaron su ruina. Y todo tenía una solución relativamente sencilla.

 

Granadilla fue fundada como un puesto de avanzada para proteger la frontera del avance del Reino de León, allá por el siglo IX. Finalmente, en el siglo XII Granada, que así se llamaba entonces, cayó en manos leonesas, que la reforzaron para proteger su frontera, uno de los pocos bastiones al sur del Sistema Central. Pocos años después fue cedida a la Orden de Santiago. Siglos más tarde volvería a manos de la Corona y su influencia era tal que llegó a tener voto en Cortes a partir de principios del siglo XIV. En el siglo siguiente Granadilla pasó a la Casa de Alba, con quien prosperó y quien ordenó la construcción de su castillo. La importancia de Granadilla durante este período era tal que su señorío comprendía diecisiete municipios, incluyendo La Alberca, que ya conoceremos.

Por esta época y para evitar confusiones, Granada recibió el nombre oficial de Granadilla tras la conquista del último reino musulmán de la península, aunque hasta el siglo XIX fue el nombre que el concejo siguió utilizando en sus papeles.


Granadilla perteneció a la Casa de Alba hasta la Desamortización, momento en que se deshacen de todas sus posesiones en la villa, excepto el castillo, pasando muchas de ellas a manos de la familia Giménez, que las retendrían hasta la construcción del embalse, que recibe el nombre de Gabriel y Galán, un poeta de la región emparentado con los últimos descendientes de los Giménez.

Veinte años después de la expropiación fue declarado Conjunto histórico-artístico y cuatro años más tarde incluída en el Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados. Y por lo que se ve, tras treinta años de reconstrucción, no parece que el programa haya servido de gran cosa. De hecho, hasta parece que la intervención en algunas de las casas no fue nada afortunada, ya que no se respetaron los edificios originales.

 

Por ejemplo, la Casa de las Conchas era la más grande de la villa. Pues bien, de ella sólo queda la fachada porque tras la inclusión en el Programa se utilizó parte de su solar para construir una pista deportiva y hasta corrales. Increíble.

O la Casa de los Arcos, que es la unión de varias casas más pequeñas y cuya estructura es, por tanto, una invención de los encargados de su "recuperación". Tampoco el castillo se libró. Su ruinoso estado mereció una intervención urgente que no fue muy respetuosa con el edificio original.

El único edificio de Granadilla que no pasó a ser propiedad de la Confederación Hidrográfica es la iglesia parroquial, que sigue perteneciendo a la diócesis de Coria-Cáceres. No sé si es por cosa suya, o por la restauración, pero es un edificio alto que antaño estuvo entre casas y hoy parece estar en mitad de un descampado.


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Ruta Combinada
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Caracena (Soria, Castilla y León): Entre dos cañones y un castillo

sábado, 13 de abril de 2019

 
 

Un tema recurrente dentro de los conductores españoles es lo aburrido que resulta recorrer Castilla y León. Y es que recorrer esta comunidad por autopista es, en muchos casos, un soberano coñazo.

Pero Castilla y León tiene lugares maravillosos en cuanto empezamos a escarbar en la superficie. Paisajes extraordinarios, lagunas misteriosas, angostos desfiladeros y vistas magníficas. Castillos medievales y monasterios milenarios.

 

Y pueblos. Pueblos como Covarrubias o Lerma, con mucha historia, mucho que contar y mucho que ver. Y si nos salimos de estos pueblos más conocidos y más turísticos siguen quedando un montón de pequeñas poblaciones para ver. Un patrimonio histórico extraordinario, muchas veces abandonado, y otra veces en uso y buen estado y sin adulterar por "puestas en valor" hacia los turistas que no siempre son afortunadas. Castilla debe ser recorrida por carreteras nacionales o de menor categoría.


Uno de estos maravillosos pueblos desconocidos es Caracena, en Soria, cerca de El Burgo de Osma. Es uno de esos lugares tan perdidos, tan aislados y tan sumamente olvidados que la única forma de enterarse de que existen es investigando mucho o teniendo amigos como Xosema, un auténtico fan de Castilla y León y sobre todo de la parte oriental de la comunidad.



Caracena es uno de esos pueblos que agonizan con el envejecimiento y éxodo de la población rural. Lugares que es mejor visitar ahora por si más adelante es demasiado tarde. En el caso de Caracena, por ejemplo, 15 almas mantienen vivo al pueblo (2018), formando parte de esa región a la que se da en llamar la Laponia española debido a que su densidad poblacional es similar a la de aquella región escandinava.

Situado en la confluencia de dos cañones calizos de enorme belleza Caracena está compuesto por unas decenas de casas que serpentean en la ladera de un promontorio coronado por un castillo. Son casas humildes, de arquitectura castellana, con paredes de adobe y cubiertas por teja.


Entre estos edificios se encuentran dos iglesias, la de Santa María, del siglo XII, y la más modesta de San Pedro, también de ese siglo. San Pedro se encuentra donde termina el pueblo, a los pies del castillo. En los capiteles se hayan representadas algunas escenas.

En el pasado Caracena tuvo mayor importancia. Siendo parada de la Ruta de la Lana, un ramal del Camino de Santiago que unía Burgos con Cuenca, Valencia y Alicante, la defendieron con un castillo que cerraba el paso que discurría entre los dos cañones. Caracena estaba entonces amurallada, aunque escasos restos quedan de la misma. A ella se entraba por el Puente Cantos, en la parte baja de la villa. Más arriba se encuentra su plaza, donde un rollo barroco indicaba la jurisdicción que allí regía. Caracena disponía de cárcel y de hospital de pobres.


Para visitarlo debemos dejar el coche al lado de la iglesia de San Pedro, y llegamos al castillo tras una corta pero empinada cuesta. Es un castillo muy fotogénico, a pesar de su estado de total ruina y abandono. Parece sacado de alguna escena de Juego de Tronos. También fue edificado en del siglo XII, aunque fue demolido por orden de los Reyes Católicos tras un conflicto con el señor de Caracena y reedificado por Alfonso Carrillo de Acuña, el nuevo señor a finales del XV. Aunque se puede visitar parcialmente atravesando por un agujero en el muro perimetral no recomiendo entrar en él debido al riesgo de desprendimientos.

El Mapa

Ruta combinada

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Belchite, Zaragoza (Aragón)

domingo, 20 de diciembre de 2015

Puerta de Belchite (Zaragoza, España)
Entrada de Belchite


Calle Mayor de Belchite (Zaragoza, España)
Calle Mayor de Belchite


Iglesia de San Martín de Tours (Belchite, Zaragoza)
Iglesia de San Martín de Tours


Iglesia de San Martín de Tours (Belchite, Zaragoza)
Iglesia de San Martín de Tours


Iglesia de San Martín de Tours (Belchite, Zaragoza)
Iglesia de San Martín de Tours


Iglesia del Convento de San Agustín (Belchite, Zaragoza)
Iglesia de S. Agustín


Belchite (Zaragoza, Aragón)
Iglesia de S. Agustín


He oído hablar de Belchite desde que era niño y como soy aficionado a la historia siempre lo tuve como una visita pendiente, hasta este año. Lo que fue una joya de la arquitectura y del urbanismo mudéjar se convirtió en el símbolo de otras cosas.

Belchite, según los guías, era una ciudad cerrada de forma que se pudiese aislar del exterior en tiempos de epidemias, dejando tan sólo pasar a aquellos que estuviesen sanos. Esta característica fue parte también de los problemas que tuvo durante la Guerra Civil Española de 1936-39.

Situada en pleno teatro de operaciones de la Batalla del Ebro, Belchite fue tomada por el autodenominado bando "nacional" y fue sitiada y duramente atacada por parte de las tropas leales a la república. El asedio tanto para los ocupantes como para los habitantes que habían permanecido entre sus muros fue terrible, y los francotiradores obligaron a los sitiados a abrirse camino rompiendo los tabiques que separaban una casa de su adyacente. Un viejo pozo de la localidad, ya seco, sirvió como improvisada fosa común para aquellos que fueron abatidos.

Los sucesivos combates, bombardeos y demoliciones afectaron enormemente a las casas y templos que había en Belchite, que quedó en un estado de ruina. Tras la toma los republicanos apenas resistieron el primer intento de sus enemigos por recuperarla y pronto quedó bajo el control de los sublevados, esta vez de forma definitiva.

Tras la guerra, y a pesar de haber prometido su reconstrucción, Franco decidió convertir a Belchite en un símbolo de la barbarie de las tropas republicanas, así que ordenó la construcción del Pueblo Nuevo y prohibió toda reparación sobre el llamado pueblo viejo.

Y pasó lo que tenía que pasar: los vecinos fueron expulsados del viejo pueblo por la política y las circunstancias. Incluso aquellos que no pudieron comprar una de las viviendas del Nuevo Belchite tuvieron que irse ante la amenaza de desplome.

Hoy en día Belchite sirve tanto como lección de los desastres de la guerra, como muestra de lo que le pasa a un pueblo construido en barro y adobe cuando lo dejas durante décadas sin mantenimiento: buena parte de lo que un día fue un próspero pueblo, que llegó a tener su propia orden de caballería durante la Edad Media, hoy es un conjunto de montones de barro y madera distribuidos por una planicie. Incluso las dos plazas principales del pueblo hoy tienen más aspecto de descampado que de centro de la vida social de la vieja villa.

Si lo preferís, sirve como lección de lo poco que interesa en España la historia y la conservación apropiada del patrimonio, más allá de las atracciones más visitadas y reconocidas en los mayores centros de población. Belchite nos recuerda cosas que incomodan, nos habla de lecciones que nadie quiere aprender. No queda bien en fotos y no atrae al turismo de masas. Por tanto su conservación no es prioritaria.

Si podéis id a visitar Belchite: cualquier año de estos deja de existir definitivamente. De alguna forma la prohibición por parte de Franco de tocar el pueblo continúa en forma de falta de fondos para consolidar lo poco que aún se conserva del mismo.

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Comarca de Arlanza (II): el Monasterio de San Pedro de Arlanza

domingo, 16 de agosto de 2015

Monasterio de San Pedro de Arlanza
San Pedro de Arlanza


Monasterio de San Pedro de Arlanza
Salida hacia Hortigüela


Monasterio de San Pedro de Arlanza
Entrada trasera


Monasterio de San Pedro de Arlanza
Carretera de Hortigüela


Monasterio de San Pedro de Arlanza
San Pedro y el Río Arlanza


Cuando la gente se pone en plan digno a reclamar la expropiación de todas las posesiones de la Iglesia pensando que eso va a resolver la crisis me doy cuenta inmediatamente de que no tienen ni idea de historia. Algo así ya se hizo en el pasado, no sólo en España, y el resultado, económica y socialmente y desde el punto de la conservación del patrimonio ha sido desastroso. Aún hoy seguimos sufriendo las consecuencias de la forma en la que se hizo todo, con el Estado y otras administraciones adquiriendo edificios singulares que están en un riesgo claro de desaparición.

San Pedro de Arlanza, por ejemplo, fue una de las víctimas de este proceso. Se trata de un monasterio cuyo origen hay que buscarlo en el siglo X cuando Fernán González, el primer conde independiente de Castilla, fundó un pequeño eremitorio. Desde entonces y hasta la funesta Desamortización de Mendizábal la llamada Cuna de Castilla estuvo en funcionamiento.

Para el siglo XI ya se habían iniciado las obras de la actual iglesia, en su ubicación definitiva.

Aunque originalmente los restos de Fernán González descansaban (se supone) en la ermita de Santa María de Lara, con el tiempo se transladaron aquí y al cerrar el monasterio se movieron hasta Covarrubias para que no se perdiesen.

El templo fue saqueado legalmente ya que varios elementos del mismo fueron transladados a otros lugares, como las citadas tumbas, frescos que acabaron en el Museo Metropolitano de Nueva York y en el Nacional de Arte de Cataluña y la portada de la iglesia que está en el Arqueológico Nacional.

Aparte de eso, lo que le hayan canibalizado los lugareños y lo que hayan robado los saqueadores o quienes adquiriesen el inmueble en la Desamortización.

En lo alto de uno de los montes cercanos que rodean al templo se encuentra la ermita de San Pelayo, tal vez origen del recinto monástico (hay una leyenda que cuenta que Fernán González entró en él durante una cacería y encontró a tres ermitaños en su interior, que serían los primeros ocupantes del nuevo monasterio). Este templo también se encuentra en un estado lamentable.

Para llegar al Monasterio se debe utilizar la carretera que une las poblaciones de Hortigüela, a cuyo municipio pertenece, y Covarrubias, siguiendo la orilla del Arlanza.

Como véis en las fotos el paisaje no se parece en nada al que habíamos visto en Lerma. La llanura seca que se extendía a los pies de la Villa Ducal ha sido sustituida por un monte ondulado de pino y rebollo (creo que era rebollo) y empiezan a verse los primeros desfiladeros karsticos de la Sierra de la Demanda, aunque todavía lejos de la espectacularidad del Cañón del Río Lobos, tal vez el más conocido de la provincia, y al lado del río una zona llana que fue en tiempos cultivada por los monjes y que hoy aparece recuperada por la vegetación del río.

Hay una leyenda que liga el destino de Castilla al del monasterio, y se supone que el esplendor del mismo implica el del antiguo Reino. Como vemos, no les va demasiado bien.

Horario de Visitas
– Abril a Septiembre: 9,30 a 14,00 y 16,00 a 19,00
– Octubre a Marzo: 9,00 a 17,00. Cerrado lunes, martes y último fin semana de cada mes

El Mapa

Ruta combinada
 
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Mosteiro de Pitões das Júnias, Montalegre (Trás-os-Montes e Alto Douro, Portugal)

jueves, 9 de julio de 2009

Sta Maria das Junias, Montalegre (Vila Real, Portugal)
Sta Maria das Junias

Mosteiro de Pitões das Júnias, Montalegre (Vila Real, Portugal)
Mosteiro de Pitões das Júnias

Moinho do Mosteiro de Pitões das Júnias (Montalegre, Vila Real)
Moinho do Mosteiro

Pitões das Junias, Montalegre (Vila Real, Portugal)
Acceso al monasterio

Montalegre, Vila-Real (Trás-os-Montes e Alto Douro, Portugal)
Montalegre

Igreja de Sta María do Castelo, Montalegre (Vila-Real, Portugal)
Sta María do Castelo

Castelo de Montalegre (Vila Real, Portugal) (v2)
Castelo de Montalegre

Torre de Homenaje en Montalegre (Vila Real, Portugal)
Torre de Homenaje
Los edificios históricos abandonados siempre han ejercido una extraña atracción sobre los viajeros. Tal vez por saber cómo una construcción que tuvo una historia más o menos dilatada en el tiempo pudo haber llegado hasta eso.

En el caso de castillos y monasterios, antiguos centros de poder, esta atracción es mayor: ¿qué llevó a la decadencia y abandono a un lugar que antaño recibía tributos y era temido en mayor o menor medida por aquellos que vivían en las cercanías.

Es un poco el caso del monasterio de Pitões das Júnias, en las cercanías de la aldea del mismo nombre y a orillas del regato Campesinho, a un paso del Parque Nacional A Peneda-Gêres.

Cuenta la leyenda que dos nobles que estaban cazando, viendo que sus perros se detuvieron agachando la cabeza frente a un roble, se acercaron y descubrieron allí a la Virgen María. Por ello prometieron construir allí un monasterio.

Sin embargo la historia, mucho menos romántica, nos habla de un origen ermitaño, de monjes que buscaban el aislamiento (de ahí su fondo paisajístico) y de un monasterio humilde que vivía del pastoreo y que sólo muchos siglos después alcanzó su esplendor obteniendo tierras y rentas tanto en Portugal como en Galicia, de la cual dependía antiguamente al ser inicialmente una dependencia del monasterio de Oseira. Se supone que este monasterio se construyó antes de la fundación de Portugal, aunque lo que hoy vemos es el resultado de las obras del siglo XVII.

Y la ruina, viene en parte tanto de la decadencia del siglo XVIII, de la extinción de los monasterios de 1834 (parecida a nuestra Desamortización) y que llevó último monje a convertirse en el párroco del pueblo, Pitões das Júnias, y finalmente al incendio que destruyó casi todas las dependencias

No queda gran cosa de lo que debió ser el monasterio, bastante modesto en su tamaño como consecuencia de los magros tributos que debió recibir de los habitantes de estas ásperas tierras, conocidas como la Comarca do Barroso.

En el pueblo hay un pequeño museo que nos da cuenta de la dureza de las condiciones de vida de los habitantes hasta hace bien poco, lo que nos lleva a pensar en la vida que pudieron llevar sus antepasados cuando rendían tributo al monasterio.

Tan sólo algunas paredes y algunos arcos restan de lo que fue el monasterio, conservándose en buen estado, techada y en uso la que fue la iglesia de Santa María donde imagino que hoy en día se celebrará romería.

Hasta aquí se puede acceder desde el pueblo a través de una pista que remata en una bifurcación de dos caminos: uno hacia una cascada (que no tuve ocasión de ver) y otro hacia el monasterio, ambos señalizados.

Este camino empieza siendo de tierra y continúa siendo una calzada muy irregular, destrozada por el paso del tiempo y donde aún se adivinan las roderas de los carros que llevaban mercancías y tributos al monasterio.

Para terminar la ruta se puede ir hasta Montalegre y visitar su castillo, cuyas murallas casi han desaparecido pero cuyas torres se encuentran muy bien conservadas y están siendo restauradas.

Algunos derrumbamientos no fueron por el tiempo, lo que no hubiera sido de extrañar dado que cayó en decadencia sobre el siglo XVIII, si no por los efectos del terremoto de Lisboa. Debió ser increíblemente potente para que sus efectos fuesen dañinos a tanta distancia de la capital portuguesa.

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Ruta de los Miradores (Valença do Minho, Portugal)

lunes, 6 de julio de 2009

Muro de Sanfins (Valença do Minho, Portugal)
Muro de Sanfins


Claustro de Sanfins (Valença do Minho, Portugal)
Claustro de Sanfins


Capela en Sanfins (Valença do Minho, Portugal)
Cripta en Sanfins


Sto Ouvidio (Valença do Minho, Portugal)
Santo Ovídio


Torre de Lapela (Monção, Portugal)
Torre de Lapela


Miño entre Lapela y Nsa Sra da Cabeça
Miño entre Lapela y Nsa Sra da Cabeça


Puente internacional de Tui-Valença
Valença y Tui
Esta va a ser una ruta cortita y que puede formar parte tanto de la ruta del Miño como de la primera de las de Portugal de norte a sur porque sus trazados son casi coincidentes.

Vamos a partir de Monção con dirección a Valença do Minho hasta el cruce de Gondomil, donde un cartel nos indica "Mosteiro de Sanfins", que será nuestro primer destino.

Unos kilómetros más adelante habrá un segundo cartel, pero es un poco difícil de ver ya que queda detrás de una curva y además está tapado en parte por un árbol, pero nos indica el camino a seguir.

Un tercer cartel nos indicará el último cruce que debemos tomar y un par de kilómetros después la carretera termina en un aparcamiento. Mucho ojo cuando termina la cuesta arriba después del pueblo de Eiras porque el aparcamiento aparece sin previo aviso y no es el primero que se come el bordillo.

El coche se deja aquí y se continúa a pie. Aunque veáis roderas de coches no merece la pena porque el camino está interrumpido más abajo por dos bloques de granito. Y aunque no lo estuviera, el estado de la pista no es el mejor para un turismo.

Al final de la pista de tierra un muro de piedra nos impide el paso. Este muro es el cierre del patio del monasterio de Sanfins, abandonado hace ya mucho tiempo y con tan sólo su iglesia mantenida en buen estado... el resto da un poco de vergüenza, con muros desplomándose y escombros que han caído hace años sin que los responsables del patrimonio luso hagan mucho al respecto, aunque en los últimos años al menos desbrozan el terreno adyacente, supongo que por prevención de incendios. Una lástima que no se consoliden los muros.

En tiempos fue un monasterio de gran importancia ya que data de los primeros tiempos de la independencia portuguesa y gozó de numerosos privilegios por parte del Rey.

Para ver, además del patio y los restos del claustro, es muy interesante visitar la huerta que queda detrás del muro que vemos en frente a la iglesia (hay que buscar el camino avanzando hacia la derecha del mismo, y buscando tras las casas abandonadas). En esta huerta hay restos de un viejo molino y una cisterna para la acumulación de agua.

Es muy impresionante el aprovechamiento hídrico que tenía esta gente: por encima del muro que nos cierra el paso al principio circulaba un acueducto que distribuía agua por el monasterio y por la huerta que había detrás de este, y un segundo acueducto alimentaba al molino y también a la huerta de detrás del muro.

Además, se puede visitar una cripta abandonada en lo alto de un peñasco, a la que se accede por el camino que parte del patio y va por las casas abandonadas. La primera vez que fui la vegetación era tan densa que en épocas del año dificultaba el paso, pero las vistas desde allí merecen la pena.

Una cosa más: existe la posibilidad de que un rebaño de vacas se pasee a sus anchas entre todo el abandono. Hay que tenerlo en cuenta porque puede limitar las zonas visitables del mosteiro.

Volviendo sobre nuestros pasos hacia el último cruce, podemos ver un pequeño cementerio antes de terminar el camino de tierra y que también sirve de mirador.

Continuaremos camino hasta el cruce y una vez en él, a la derecha, hacia Sanfins (el pueblo que da/recibe nombre al monasterio) y un poco más adelante hay un desvío a la derecha para el mirador de Santo Ovidio, nuestra segunda parada.

Hay que tener cuidado cuando se termina el asfalto, porque el adoquinado (hay que ver lo que les gusta el adoquinado a los portugueses) es bastante irregular y castiga las suspensiones del coche. Hay una pequeña zona para comer con mesas antes de llegar, al lado de un punto de agua construido para abastecer a los helicópteros anti incendios, y que tiene unas buenas vistas de la parte interior del valle, hacia Gondomil.

Santo Ovidio aparece un poco más adelante, en la cima de una pequeña colina. Las vistas desde aquí son bastante impresionantes, divisándose casi todo el sur de la provincia de Pontevedra (salvo parte del Baixo Miño), y las cumbres del Xurés/Gêrés a la izquierda, con la Torre de Lapela justo en frente y bajo nuestros pies los tejados del mosteiro de Sanfins.

De vuelta a la carretera, iremos hacia nuestra penúltima parada. En el cruce otra vez a la derecha, y al llegar al final de la carretera otra vez a la derecha, para ir a la capilla de Santa Ana en Monte Faro.

La capillita es interesante y su entorno se ha preparado para escapadas de fin de semana, con mesas y asaderos. Hay varios bares-restaurantes y creo que en tiempos ofrecieron alojamiento. No tengo idea de si siguen ofreciéndolo y sería una pena, porque el entorno merece la pena.

Un poco más adelante, tenemos otra pequeña capilla con unas vistas impresionantes, que nos muestran todo el Baixo Miño y parte del Condado, llegando a divisar Santa Tegra y el océano a lo lejos, así como todo el valle en el que está Valença do Minho.

Y de aquí, podemos bajar hasta Valença y visitar sus murallas con vistas a Tui y al puente que Eiffel hizo para unir ambas orillas del río.

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