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Madeira (III): el interior

sábado, 1 de marzo de 2014

Calheta desde arriba (Madeira, Portugal)
Calheta desde arriba


Terras altas da Calheta (Madeira, Portugal)
Terras altas da Calheta


Paul da Serra (Madeira, Portugal)
Paul da Serra


Vales de Ribeira Brava (Madeira, Portugal)
Vales de Ribeira Brava


Amanecer en la selva (Ribeiro Frío, Madeira)
Ribeiro Frío


Casas de Ribeiro Frío (Santana, Madeira)
Ribeiro Frío


Caminho dos Balcões (Ribeiro Frío, Madeira)
Caminho dos Balcões


Vista dos Balcões de Ribeiro Frío (Santana, Madeira)
Vista dos Balcões

Parte alta do Vale do Faial (Madeira, Portugal)
Parte alta do Vale do Faial

No Faial (Santana, Madeira)
Faial


Ribeira do Faial (Santana, Madeira)
Faial


Hasta ahora hemos recorrido la costa de Madeira, con sus acantilados, sus poblaciones y sus peculiaridades ya que tiene muy pocas playas.

Pero mucha de la gente que viene a Madeira no busca tanto esto como su interior, muy diferente de su costa.

Como ya se dijo, Madeira es volcánica, y debido a eso sus paisajes son muy abruptos, con caídas de centenares de metros que, debido a su ubicación con respecto a los vientos alísios, son también una explosión de vida y de agua. No he visto tantas cascadas en mi vida como en esta isla.

Sin embargo, el interior tiene dos partes bien diferenciadas: el extremo occidental, más llano, con el Paúl da Serra como principal característica, y el centro y zona oriental, mucho más montañosa y escarpada. La frontera entre estas dos zonas habría que ponerla en el valle por el que circula la carretera que une Ribeira Brava con São Vicente.

La zona occidental

El camino podría recorrerse desde Porto Moniz, por ejemplo, donde nace la ER-110 hasta el cruce con la ER-228, la antigua carretera que sube São Vicente para comunicar con Ribeira Brava.

Aviso, antes de nada, que es fácil encontrarse con densos bancos de niebla que no te permitan ver prácticamente nada y con un asfalto que dependiendo del tramo puede estar entre perfecto y muy mal. Depende del día, la época del año y cómo sople el viento.

Es un camino que, aunque no lo parezca, está bastante transitado. Multitud de coches de alquiler, particulares, taxis y autobuses turísticos la recorren ya que hay varios miradores hacia la costa sur a lo largo del primer tramo, siendo el más visitado uno que queda al lado de una torre forestal. Tiene aparcamiento y se puede ver el funcionamiento de un colector de agua que envía hacia la costa sur, a Calheta.

Desde Google Maps, si seguís desde el marcador, podéis ver cómo bajan estas tuberías desde lo más alto de la montaña hasta algo que parece una minicentral y como desde ahí salen un par de canalizaciones, una que parece seguir una cota y la otra que baja casi directa hasta casi la desembocadura de una torrentera.

La zona en sí no tiene nada "particular" que ver, pero todo el camino merece la pena, aunque a los gallegos nos dé un poco de sensación de familiaridad, porque se parece bastante a las zonas altas y peladas de Galicia, como la Serra da Capelada, O Xurés o partes de la Serra da Groba. De hecho, muchas de las especies vegetales provienen de Europa.

Y ojo con las vacas, que campan a sus anchas por toda la carretera. Mencionaba en la ruta por la costa sur que había lavado el coche bajo una cascada. Pues bien, eso fue necesario porque antes del mirador en el que paramos antes era imposible esquivar todas las boñigas que había esparcidas por el asfalto. Fue un poco desagradable.

Lo que viene a continuación son algunos de los tramos de carretera recta más largos de Portugal, cruzando el Paúl da Serra, una enorme (para la escala de la isla) meseta en lo alto de las montañas que un día fueron el terreno de pasto más importante de Madeira. Hoy en día es zona protegida y se puede ver cómo la vegetación comienza a expandirse.

Pudiera parecer un poco caprichosa la prohibición del pastoreo en esta zona, pero es vital en un lugar tan aislado y tan frágil su conservación: su escasa pendiente le convierte en el mayor punto de recarga de aguas subterráneas. Y con eso no se juega.

Lo que sí se ha instalado en esta zona son varios parques eólicos que aprovechan el paso de los vientos remontando la isla, lo que tiene mucho sentido ya que al estar tan lejos del continente para Madeira lo de la independencia energética es mucho más que una cuestión de principios. Importar energía hasta aquí es realmente caro. Y lento, muy lento. Por toda la isla se pueden ver paneles solares para calentar agua, y en las zonas más soleadas pude ver alguna pequeña granja solar. Me pareció tan increíble la falta de utilización de energía solar termoeléctrica y fotovoltaica en Canarias como la apuesta tan generalizada por lo mismo en Madeira, teniendo mucho menos sol. Ejemplo a seguir, sin duda.

Llegando al final de la carretera empezamos a bajar por valles bastante escarpados con unas vistas geniales... y sitios no demasiado buenos, ni cómodos para parar a hacer una foto o simplemente disfrutar el paisaje. Y alguna zona con desprendimientos. De nuevo, mucha precaución.

La zona oriental

La parte oriental del interior isleño es diferente a la que hemos visto. Mucho más boscosa y sin llanuras corresponde a un área más salvaje y mejor conservada debido a lo inaccesible del lugar durante varios siglos.

El recorrido que hice en su momento fue seguir la carretera que une Funchal, saliendo de Monte, con Santana y pasando por el Parque Ecológico do Funchal y el Parque Natural do Ribeiro Frío. Por cuestiones meteorológicas y de tiempo (niebla con visibilidad cero y lluvia) no subí al Pico do Arieiro que juntamente con el Pico Ruivo son los dos puntos más elevados del archipiélago. Hay una ruta de senderismo muy recomendada que une ambos lugares.

Ribeiro Frío es un pueblo precioso. Algunos de los que vieron las fotos que hice allí mencionaro Hobbiton o algún cuento de hadas. Su integración con el bosque circundante y la luz del amanecer me dieron unas fotos mágicas.

Pero Ribeiro Frío es mucho más que el pueblo y la famosa piscifactoría de truchas. Ribeiro Frío es la salida de varias rutas por las levadas. Yo me paré para hacer una cortita pero con un final espectacular: Os Balcões (Los balcones). He puesto el marcador en el punto en el que se inicia la ruta (en el lado izquierdo de la carretera si venís desde Funchal).

Os Balcões es muy sencilla: casi llana, muy amplia... hasta una persona en silla de ruedas podría hacerla sin muchas incomodidades, más allá de las raíces o algun tubo de canalización. Y la sensación de sumergirse en un bosque como este, que ya no se parece en nada a los europeos y tras un ratito de caminata hay una bifurcación, con el ramal izquierdo cortado al público en general y que debe llevar a una minicentral varios kilómetros más adelante.

Sólo unos metros más adelante esa especie de túnel vegetal se termina, se llega a un mirador abalconado y el panorama se abre a un valle cubierto de bosque y con cascadas a lo lejos. Espectacular. Para que una foto le hiciera justicia tendría que proyectarse en una pantalla de cine, porque la sensación de enormidad es sobrecogedora.

El resto del camino hasta la carretera de la costa y Santana es por valles que han sufrido una colonización mucho más acusada, con especies vegetales que provienen de la Península Ibérica y con algún punto de interés como el entorno de la Casa do Chá de Faial, con vistas a dos valles con torrenteras y caídas de agua. Ya había visto Faial cuando recorrí la costa norte, pero os aseguro que esta parte de la freguesía es mucho más bonita.

Ya sólo nos queda desplazarnos hasta Queimadas para hacer nuestra última ruta: las levadas de Caldeirão Verde y Caldeirão do Inferno.

El Mapa
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Madeira (II): La costa sur

domingo, 9 de febrero de 2014

Farol da Ponta do Pargo (Calheta, Madeira)
Ponta do Pargo


Paul do Mar desde Ponta do Pargo (Calheta, Madeira)
Paul do Mar desde Ponta do Pargo


Praia do Paul do Mar (Calheta, Madeira)
Paul do Mar desde Ponta do Pargo

El Camino Real (Calheta, Madeira)
El Camino Real

Bananas
Plantación de plátano

Teleférico de Fajã dos Padres (Ribeira Brava, Madeira)
Teleférico de Fajã dos Padres


Ponta do Sol (Calheta, Madeira)
Ribeira Brava


Túnel de Lavado (Porto do Sol, Calheta)
Túnel de Lavado


El muelle
Muelle de Funchal


Viadutos do Campanário (Ribeira Brava, Madeira)
Viadutos do Campanário


Obras en el puerto (Funchal, Madeira)
Puerto de Funchal

Funchal desde el teleférico
Funchal desde el teleférico


Os Carros (Monte, Funchal)
Carros de cestos

Nossa Senhora do Monte (Monte, Funchal)
Nossa Senhora do Monte

Praia de Santa Cruz (Madeira, Portugal)
Santa Cruz


Machico (Madeira, Portugal)
Machico
Tras varios meses sin actualizar el blog por una mezcla de mucho trabajo y vagancia extrema (estos articulitos llevan bastante tiempo, sobre todo porque a veces no recuerdas el orden en que haces las cosas), retomo la explicación de Madeira. A ver si voy dando un poco de caña a todo lo que hice desde el ya lejano mes de mayo hasta ahora.

En la ruta anterior nos habíamos quedado en el mirador de Lombada Velha, sobre un enorme acantilado, en el concelho de Porto Moniz.

Pues desde ahí vamos a continuar hacia Calheta para ver Ponta do Pargo, que debe su nombre a esta especie piscícola y que es además la freguesía que se encuentra a mayor distancia de Funchal. Es un sitio tranquilo y con unos acantilados muy espectaculares, tal vez los más espectaculares que hemos visto hasta el momento, sobre todo en la zona del faro.

En el momento de escribir esto hay un error en Google Maps entre el faro y el mirador que tiene al lado, ya que esa carretera ha dejado de existir. Sí, tal cual: han retirado el asfalto y la han convertido en una pista de tierra, lo que en el momento me supuso una caminata con la que no contaba al haberme liado con los accesos.

Vamos a seguir camino por esta zona tan escarpada, por una carretera con muchas curvas y teniendo paciencia si se nos cuela un autobús, un tractor o un coche que circule lento por delante hasta llegar al mirador de Fajã da Ovelha, desde el que hay unas vistas espectaculares del cercano Paul do Mar.

Y a Paul do Mar podemos bajar por una carretera con curvas muy cerradas para poder bajar por una ladera muy escarpada. Paciencia, cuidado con las rocas desprendidas y a disfrutar de las vistas si vamos de acompañantes en el coche.

En otros lugares Paul do Mar sería un pueblo muy turístico a orillas del Océano. Aquí nos sirve para ver cómo es un calhau de cerca y sin haber tenido que tomar uno de esos teleféricos para valientes como el que vimos en Achadas da Cruz. El pueblo está bien, hay cultivo de plátano y la vista de los barrancos es espectacular, pero en quince minutos has visto todo lo que tenías que ver.

Y de aquí a Jardim do Mar hay un túnel. Aunque por toda Madeira hay muchos túneles uno no termina de acostumbrarse a ellos. Por esta zona he visto túneles modernos, pero también algunos antiguos que parecen excavados a pico y con tantas filtraciones de agua que parece que llueve. En esta carretera que estamos siguiendo, lo más cerca posible de la costa, nos encontraremos un poco de todo.

De Jardim do Mar no tengo recuerdos. Ni siquiera viendo las fotos consigo acordarme de gran cosa. Es un pueblo como otros tantos de la costa sur de la isla. Pero la carretera que estamos siguiendo tiene mucho para ver: acantilados, más plátanos, cascadas que caen al mar o a la playa, casitas construidas en medio de tanto verde y siempre viendo al mar... Es uno de esos sitios en que no hay algo en concreto que ver, pero todo es para ver.

Y llegamos a Calheta, la capital del municipio. Tiene una de las pocas playas grandes de la isla, y aunque en las fotos turísticas que hay por ahí parece enorme en realidad es sorprendentemente pequeña. Y con el día que tenía era imposible sacarle una foto decente. Calheta en si me pareció un pueblo turístico a secas, con hoteles y apartamentos y poco más. Seguí ruta.

De aquí pasamos a Madalena do Mar, que tiene un aire a Paul do Mar: un calhau a pies del acantilado con una playa de piedras. Aún así es un sitio bonito, y cuando vas hacia el este el pueblo termina en un viejo túnel. Si te paras a la salida del túnel y ves la playa que hay, cerrada al público, hay una cascada que cae al mar. Dependiendo del caudal puede estar bien o ser un poco más que un goteo. En mi caso tuve suerte y tenía bastante agua.

Y en este tramo viene uno de mis lugares preferidos de Madeira: una cascada que cae sobre la carretera. A mi me vino genial. Por la mañana había estado por el Paul da Serra (ya veremos eso en la próxima ruta) y había manchado una buena parte de la carrocería del coche con boñigas de vaca y caballo. Ya me había hecho a la idea de tener que pasar por un túnel de lavado antes de devolver el coche. Bien, lavarlo en una cascada es mucho más barato y ecológico. Y más rápido. Quedó impecable y además me llevé una foto bonita de recuerdo.

Y un poco más adelante y justo antes de Ponta do Sol, tras una curva y antes de un túnel hay una parada interesante para hacer: un tramo de una de las antiguas Estradas Reáis, que no dejaban de ser caminos para transitar a pie o con bestia de tiro y que resultaban la forma más habitual de mover personas y mercancías antes de que se construyesen las primeras carreteras dignas de tal nombre. En la foto que acompaña veis que no eran muy anchas (la foto está tomada desde la antigua estrada).

Ribeira Brava es un buen ejemplo de lo que son estas poblaciones construidas en torrenteras: las casas, a pesar de las fuertes canalizaciones que intentan desviar la fuerza del agua, no siempre están a salvo. Vistas las consecuencias, no me gustaría ver una de estas desbordadas, pero parece que no es raro que ocurra. La cantidad de agua que cae y las piedras y arena que arrastran hacen estragos en las contenciones y arrasan todo lo que encuentran por delante.

Un poco más adelante de Ribeira Brava, ya en Camâra de Lobos (llamada así por los lobos marinos) encontramos uno de los puntos más relevantes para el turismo en la isla: el Cabo Girão, que con sus 589 metros de altura es el mayor acantilado de la isla. Insisten mucho en que es el más grande de Europa, pero no es cierto: ni es Europa ni, de serlo, sería más alto que la Garita de Herbeira (Cedeira, A Coruña), con sus 613 metros, Hornelen en Noruega con 860 o Enniberg y sus 754m en las Islas Feroe (Noruega). Aún así, impresiona. Por desgracia no tengo foto en condiciones del sitio porque se me hacía de noche.

A partir de aquí para mi pierde mucho encanto la isla porque entramos en la zona urbana de Funchal, que se extiende por los municipios costeros más cercanos. La mayoría de la población madeirense vive en esta zona. El problema es que salvo algunos cascos urbanos, como Funchal, y algunas de las zonas más altas como Monte, también en Funchal, el resto es una enorme colección de edificios modernos sin demasiado interés: mucho hotel y mucho edificio perfectamente olvidable. Si nos vamos un poco hacia las afueras sí que hay muchas villas muy bonitas, con palmeras y plátanos y algo de viña y flores, muchas flores. Funchal es una ciudad con muchas flores y mucho verde por esto mismo.

Pero Funchal tiene algo más que su puerto, el casino que proyectó Niemeyer cerca del muelle de transatlánticos o su casco urbano: Funchal tiene a Monte, una freguesía con un clima más suave que el del centro de la ciudad, con buenas vistas, bonita arquitectura y joyas como el Jardín Botánico. Tanta es la belleza del lugar que las clases pudientes de la isla y gente pudiente venida de Europa y América se alojaba en Monte. Antes del tranvía y del moderno teleférico que une esta parte de Funchal con su centro histórico se desarrolló un medio de transporte muy singular y que hoy es otro de los atractivos de la isla: los Carros de cesto.

Los carros de cestos son como trineos empujados por dos personas y que hacían un trayecto entre Monte y las zonas bajas de la ciudad aprovechando las fortísimas pendientes de las calles de la ciudad. Cuando las clases altas dejaron de usarlos se enfocaron en los turistas y aún hoy se mantienen en activo, con gran demanda, para un trayecto de algo más de un kilómetro.

Lo siguiente de la isla es Santa Cruz. Se puede dar un paseo. Se puede ver otro pueblo más que intenta vivir de una playa que no es una playa y, mucho mejor que eso, se puede ver el Aeropuerto de Madeira por debajo, para ver su pista sustentada por pilotes.

Y de aquí a Machico, casi donde empezamos la ruta anterior. Podemos aprovechar para ver una de las pocas playas en condiciones de Madeira y para ver la ciudad desde algún mirador cercano antes de poner fin a nuestro viaje por la costa sur de la isla.

El mapa

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Antes de viajar a Madeira

sábado, 21 de septiembre de 2013

Ponta de São Lourenço (Caniçal, Madeira)
Ponta de São Lourenço, Caniçal


Levada do Caldeirão Verde (Santana, Madeira)
Levada do Caldeirão Verde, Santana


Valles jamás hollados por el Hombre
Selva en Santana


Caldeirão do 
Inferno (Santana, Madeira)
Caldeirão do Inferno, Santana


Amanecer en la selva (Ribeiro Frío, Madeira)
Ribeiro Frío, Santana


Piscinas naturáis de Porto Moniz (Madeira, Portugal)
Piscinas de Porto Moniz


Saída do Seixal (Porto Moniz, Madeira)
Seixal, Porto Moniz


Vales de Ribeira Brava (Madeira, Portugal)
Vales de Ribeira Brava


Uma ponte a Calheta (Madeira, Portugal)
Estrada Real en Calheta


Penha D'Aguia (Porto da Cruz, Madeira)
Penha d'Águia desde Porto da Cruz


Funchal desde el teleférico
Funchal desde el teleférico



Es muy complicado escribir rutas de turismo sobre Madeira. No porque haya pocas cosas que ver, si no justamente por todo lo contrario. Va a ser difícil imaginar unas rutas para contaros y que tengan un poco de lógica. De hecho, la forma en que recorrí la isla es poco adecuada para contarla, así que haré lo que pueda y dividiré el viaje en tres partes para conocer la costa norte, la costa sur y visitar la levada del Caldeirão do Inferno.

Antes de empezar con las rutas propiamente dichas voy a escribir una pequeña introducción para que podáis disfrutar del viaje

Llegar a Madeira no es como llegar a cualquier otro sitio y sólo hay dos vías posibles: la marítima, que desde Portugal es un viaje largo y la aérea, mucho más corta y aventurera.

Y digo aventurera porque una cosa que hay que saber de Madeira es que su aeropuerto sigue siendo un aeropuerto especial y se necesita una licencia especial para poder aterrizar en él debido a sus peculiares características y a los vientos cruzados que hay en su espacio aéreo. La llegada puede ser bastante movida y la gente que tiene miedo a volar puede pasarlo especialmente mal. A tener en cuenta.

En el pasado este aeropuerto era muchísimo más peligroso, puesto que su pista era increíblemente corta. Para corregir el problema se hizo una ampliación que sigue causando pasmo a los visitantes y admiración a los arquitectos ya que buena parte de la pista está sustentada sobre pilotes de hormigón. Echad un ojo desde google maps.

Para recorrer la isla es necesario alquilar un coche. Con transporte público poco podremos hacer si queremos verla, salvo que pillemos un taxi. Los hay que te ofrecen recorridos por todas partes a unos 100 euros el viaje (a repartir entre los viajeros, pero con un recorrido más o menos cerrado).

Y a la hora de alquilar un coche no vale con coger el más barato, de grupo 1, como en cualquier sitio. Madeira es una isla con pendientes MUY pronunciadas, así que la potencia del motor es fundamental para moverse por allí o acabaréis teniendo bastante miedo a que se os quede en mitad de una cuesta. Es más, os aconsejo alquilar en una empresa más o menos seria.

En mi caso alquilé un grupo 2 con Budget y fue un error ya que el Mitsubishi Colt que me alquilaron estaba en unas condiciones malas debido a sus cinco años de servicio por allí: El motor carecía de fuerza, la carrocería estaba muy rayada y la goma de la puerta del maletero estaba partida por la mitad. Hay otras compañías, como Guerin, que tienen muy mala prensa. Lo que recomiendo es buscar por internet la opinión de la gente y a partir de ahí, a decidir.

Otro tema relacionado con los coches: casi todo lo que te alquilan es gasolina y está muy cara.

Normalmente la gasolina en Portugal está por encima del precio en España. En Madeira varios cents más cara que esto y es un precio fijado por el gobierno regional cada semana. Su valor se puede consultar aquí: http://drcie.gov-madeira.pt/drcie/index.php.

Para que os hagáis una idea, en el momento de escribir esto el precio normal en Vigo es de 1,472 y de 1,712 en Madeira para gasolina 95. En Valença (fronterizo con Galicia) entre 1,54 (intermarché) y 1,67 (Repsol)

En cuanto a los hoteles, mi búsqueda por Booking fue bastante frustrante. Al parecer los alojamientos económicos que hay no están todo lo renovados que debieran (en comparación a los de España y Portugal) y hay bastante queja sobre el tema. Yo tuve la inmensa suerte de que apareció una oferta para un hotelito llamado la Casa do Caseiro que queda a medio camino entre Funchal y Monte y que me encantó con sus desayunos en el jardín y su tranquilidad.

Para recorrer Madeira no está de más llevarse un paraguas. La costa norte es muy lluviosa y el interior muy húmedo. La colisión de los vientos alisios con las montañas isleñas provocan bastantes lluvias. En Madeira hay mucha agua por todas partes, lo que explica su verdor, aunque la parte occidental de la isla es árida y el sur tiene muchos más días de sol que el norte.

Esta diferencia de pluviosidad explica la construcción de sus levadas, acequias que se usan para recoger el agua de las partes más húmedas para llevarla a las más pobladas y con más horas de sol. La temperatura es agradable, pero no sobra una chaqueta fuera de verano. Si vais a caminar por las levadas es muy importante disponer de calzado impermeable y cómodo y un chubasquero fuera del verano. Dependiendo de la ruta también puede ser necesario disponer de una linterna.

E id en una forma razonable: algunas de estas rutas tienen bastantes kilómetros. Por ejemplo, ir hasta Caldeirão do Inferno son 13kms... y otros tantos para volver. Eso también significa que lo mejor es irse por la mañana. Las levadas tienen son caminos estrechos, húmedos y en ocasiones en barrancos de decenas de metros, con lo cual es mejor que no se os haga de noche por puro y simple sentido común.

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