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Las Hoces del Duratón y el Castillo de Turégano (Segovia, España)

sábado, 22 de marzo de 2014

Las Hoces del Duratón (Sepúlveda, Segovia)
Hoces del Duratón


Las Hoces del Duratón (Segovia, España)
Meandro y cañón


Río Duratón (Sepúlveda, Segovia)
Salto de agua


Sepúlveda (Segovia, Castilla y León)
Sepúlveda y Las Hoces


Sepúlveda (Segovia, Castilla y León)
Sepúlveda


Castillo de Turégano (Segovia, Castilla y León)
Castillo de Turégano


Castillo de Turégano (Segovia, España)
Castillo de Turégano


Durante muchos años, desde que vi la primera foto de las Hoces del Duratón, he querido venir hasta este sitio, uno de los mayores atractivos de la provincia de Segovia, para conocerlo y fue una pena fue no disponer de más tiempo para recorrerlo como es debido. Es un paisaje grandioso y hay un enorme contraste entre el bosque que recorre las Hoces y toda la comarca adyacente, prácticamente desprovista de arbolado, con algo de matorral aquí y allí.

Sólo un consejo: en mi caso iba bastante apretado de tiempo y no pude hacer la ruta buena. Lo ideal es bajar desde Peñafiel hasta el embalse de Burgomillodo, donde la ermita de San Frutos, por el lado oriental del río y luego cruzar por un puente, tal como señalo en el mapa, para visitar primero Sepúlveda y después Turégano. La mayor parte de las fotos que he visto son del entorno del embalse, así que recomiendo visitarlo (lo haré en cuanto pueda).

Con Las Hoces del Duratón pasa lo que ocurre en muchos sitios: que desde las vías principales están bien señalizados pero a medida que te acercas la señalización es mala o incompleta. En mi caso una preparación no demasiado buena me hizo perderme la vista desde la ermita de San Frutos. Un cartel en el cruce hacia Villaseca indicando que allí hay un mirador me hubiese ayudado a corregir ese error, a pesar del retraso que ya acumulaba. El hecho de no ser un gran amante de la arquitectura religiosa más humilde me jugó una mala pasada.

No hay que dejar que esto nos estropee el camino, ya que hasta llegar a las Hoces del Duratón desde Cuéllar hay unos cuantos lugares interesantes para ver, como unas ruinas justo antes del cruce a Villaseca. Se trata de una antigua aldea a la que en Sebúlcor llaman "El Barrio", pero que se conoció como San Miguel de Neguera o El Vado de Neguera antes de ser abandonada.

Un poco más adelante, en cuanto cruzas el río San Juan y comienzas a ascender ya hay una primera vista del valle, promesa de lo que está por venir unos kilómetros más adelante.

Pronto las Hoces se hacen visibles: esta especie de "remolino" que veis en las fotos es uno de los meandros más reconocibles. Es una lástima que no hayan preparado un mirador en este sitio con carteles que te expliquen lo que ves (ruinas, historia, geología...)

Muchos de los visitantes jamás sabrán que están delante del lugar donde se asienta la mayor colonia de buitres leonados de Europa. No sabrán de la ermita de San Frutos, ni de sus leyendas. Ni del monasterio de Nuestra Señora de la Hoz. Ni sabrán que por aquí pasaron varios reyes de España, que fue el único lugar de la península donde combatieron (y fueron derrotados) los hombres de la Guardia Imperial napoleónica o que en estos meandros tenía su escondite El Empecinado.

O te lo preparas y sabes lo que estás viendo o no te enteras. O te vas a Sepúlveda al área de naturaleza que hay allí.

Justo al  final de la carretera y al lado de Sepúlveda hay un área de descanso donde puedes dejar el coche para ponerte a caminar al lado del Duratón (recomendable pasarse antes por el aula de naturaleza porque para ciertas fechas hay que pedir permiso por temas de protección de las aves).

En el fondo del bosque de ribera que flanquea el río y que vimos en fotos anteriores vemos esta pequeña presa para aprovechamiento hidráulico, justo al lado de lo que debió ser un gran hotel o balneario y que ahora, lamentablemente, está en ruinas. El bosque que rodea todo el sitio y que se extiende a lo largo del cañón del río es precioso. Cuando sueltan la semilla todo el fondo parece cubierto como de algodón. Es precioso (¡y difícil de fotografiar!)

Sepúlveda en sí tiene una historia dilatada: Lo que un día fue una aldea prerromana que los conquistadores dejaron de lado resultó ser la población más exitosa de la zona. La primera mención, sin embargo, procede del reinado de Alfonso III, en los inicios de la Reconquista, cuando este territorio era una especie de tierra de nadie que los musulmanes no parecían tener demasiado interés en consolidar y que, por contra, para los reinos cristianos era un objetivo importante. Por ello muchos de estos pueblos fueron objeto de repoblaciones y obtuvieron cartas fueras en aquellos tiempos.

Tanto es así que la comarca de la Villa y Tierra de Sepúlveda existe desde entonces y hasta ahora, de la vieja Extremadura Castellana a la actual Comunidad Autónoma de Castilla y León. Es tan antigua que nadie sabe cuándo se fundó.

Si nos vamos hacia Segovia nos encontraremos con una pequeña sorpresa: Turégano, que es una población más que milenaria que se supone ya existente antes de la llegada de los romanos. De cuando Sepúlveda, vaya.

Durante la Edad Media llegó a tener suficiente importancia como para que varios reyes de Castilla se asentaran en la villa, lo cual la convierte, en cierto modo, en miembro de ese exclusivo club de urbes que han sido capitales de España y de sus reinos seminales.

Cada vez que descubro una me maravillo por la cantidad de sedes que han tenido los gobiernos de este país. Y de esta no sabía nada, aunque es normal: apenas hay información en la wikipedia o en la web del ayuntamiento y lo que digo está basado un poco en retales que he ido pillando por internet o lo que recuerdo de las placas informativas a pie del castillo.

Así me enteré de que Juan I y Juan II de Castilla le dieron bastante importancia y, de hecho, el segundo de ellos estableció aquí la Audiencia y la Cancillería del Reino.

También estuvo aquí prisionero Antonio Pérez, ex-secretario de Felipe II y una pieza de tal calibre que hasta al rey tenía atrapado en sus secretos a pesar de haberle traicionado. Finalmente capturado, logró huir al extranjero donde ofreció información sensible a los reyes de Francia e Inglaterra, lo que provocó un ataque de estos últimos a Cádiz en 1596. También fue el instigador de la llamada leyenda negra. A pesar de todos sus tejemanejes murió solo y pobre en París, tras haber intentado conseguir el perdón de la Corona.

Una de las cosas curiosas del castillo es que tiene una iglesia integrada. En esta foto se puede ver perfectamente el campanario, lo que le da un aspecto un poco estrafalario. Por lo visto esta iglesia era pre-existente y a la hora de construir el castillo simplemente la integraron en el nuevo edificio.

En cuanto a las torres que rodean al castillo, tampoco son exactamente suyas, puesto que pertenecen a una fortaleza árabe aún más antigua y que termina de completar una fortificación bastante heterodoxa. No creo que haya muchas que le ganen a esta a originalidad dentro de España.

Un enlace interesante para conocer mejor el castillo: http://jcdonceld.blogspot.com.es/2011/07/el-castillo-de-turegano-original.html

El Mapa
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Madeira (y IV): Levada del Caldeirão Verde y levada del Caldeirão do Inferno

miércoles, 5 de marzo de 2014

Tierra de agua
Mucha agua en la ruta


Aprovechamientos
Aquí hubo que desviarse


Riesgo de caída (Madeira, Santana)
Pequeño desvío


Angosturas
Levada con cable de seguridad


Levada do Caldeirão Verde (Santana, Madeira)
Barranco y cable de seguridad


Caminhos (Santana, Madeira)
Posibilidad de adelantar


Levadas peligrosas
La costa


Every waterfall is a teardrop
Cascada


Cascata do Caldeirão Verde (Santana, Madeira)
Caldeirão Verde


Desde el Caldeirão Verde (Santana, Madeira)
Caldeirão Verde


Salirse del camino
Otro desvío


Valles jamás hollados por el Hombre
Valle virgen


Vértigo (Santana, Madeira)
Vértigo


Un paseo por Pandora
Escaleras empinadas


Túneles (Santana, Madeira)
Túneles


El final del camino (Santana, Madeira)
Caldeirão do Inferno


Vista do Caldeirão do Inferno (Santana, Madeira)
Caldeirão do Inferno


El gran fuerte de Madeira no son sus playas, sino sus paisajes. A Madeira no se va uno a tomar el sol, sino a explorar la isla a pie o en coche.

Madeira es uno de los mejores lugares del mundo para hacer senderismo. Sus espectaculares rincones, que además presentan una enorme variedad de paisajes, desde la desértica Ponta de São Lourenço hasta los acantilados de Ponta do Pargo, y el frondoso bosque interior son enormemente atractivos para esta clase de actividades.

La ausencia de depredadores es además otro punto a favor. En pocos lugares tan exóticos vais a poder pasear tranquilamente sin miedo a ser atacados.

Así que podéis recorrer sin miedo los caminos que cruzan el bosque y descubrir las levadas, pequeñas canalizaciones que distribuyen el agua desde el interior húmedo hacia la costa. Según parece hay unos 1400 kms de levadas por toda la isla, aunque no sé qué porcentaje de ellas está acondicionado o es visitable.

Como ya dije en rutas anteriores, la ecología de Madeira ha sido muy agredida a lo largo de los siglos pero todavía se conserva en un buen estado en el interior de la isla, cuyos casi inaccesibles valles son una buena muestra de lo que debió ser antes de la llegada de los descubridores portugueses.

Sumando todo eso, una de las cosas que tenía que hacer obligatoriamente era recorrer una de esas levadas. A la hora de decidir estuve estudiando varias de ellas y finalmente me decidí por la que sale de Queimadas, en Santana hasta un antiguo cráter medio demolido llamado el Caldeirão do Inferno, con parada en otro cráter llamado el Caldeirão Verde.

Aunque no haya depredadores, un camino así por medio de la laurisilva y caminando por riscos tiene sus peligros y hay que conocerlos y prepararse para ellos para no tener ningún disgusto.

Lo primero: laurisilva, humedad y un canal de cemento que puede pasar por barrancos pronunciados. Eso significa que vas a tener que llevar una ropa medio impermeable y de colores llamativos (en caso de accidente ayuda a localizarte), calzado apropiado también impermeable, con una suela que agarre, y cómodo. Unos calcetines de repuesto no sobran. Además hay que evitar ir en la época de lluvias ya que con tanta agua como cae por aquí hay un cierto peligro de desprendimientos (o de que te arrastre una torrentera).

Lo segundo: la distancia. Trece kilómetros. Veintiséis ida y vuelta. No es un paseo, así que si te falta fondo físico más te vale entrenar antes del viaje para caminar esa distancia, sobre todo porque hay un tramo de escaleras muy, muy empinadas. Significa que es muy recomendable ir de mañana para ir con margen suficiente. También significa que has de llevarte una mochila con comida y bebida, porque aunque haya agua por todas partes no sé hasta qué punto puede ser recomendable beberla sin tratar. Ten en cuenta que la fauna y flora microbianas de este agua no es la de tu zona y podrías tener algún problema. No hay muchos baños por aquí y seguro que no quieres tener una diarrea en un camino suspendido sobre un risco y por donde pasa bastante gente.

Lo tercero: verás en las descripciones de otros viajeros que hay túneles. Esto implica que hay que llevar obligatoriamente linterna. O acoplarte a la de otra persona que no va a ser lo mismo y mientras el pisará con seguridad tú igual acabas metiendo un pie en el agua o dándote algún golpe. Para ayudarte a localizarlos hay una aplicación que puede ayudar: Walkme. No es ni mucho menos perfecta, pero funciona off-line. No es que te vayas a perder, porque básicamente el camino va siempre por ladera y no hay casi ningún desvío, pero para saber en qué punto estás es bastante útil. Si tu móvil lo permite no olvides llevar una batería de repuesto, por si acaso (si, hay cobertura). Si dependes de un powerbank mejor lleva la batería bien cargada: no es sitio para ir con el móvil en una mano y el trasto ese en la otra.

Con esta mínima preparación y las cosas claras nos vamos hasta Queimadas, donde podemos aparcar el coche. Hay varias rutas que pasan por aquí o salen desde aquí, pero la que nos interesa es la que empieza al lado de unas casas con techo de paja que forman parte de un parque recreativo que montaron allí. De todas formas está bien señalizada como "Caldeirão Verde".

La primera parte de la ruta es bastante amplia, por camino de tierra, y se va estrechando a medida que nos vamos acercando a los valles, de forma que en poco tiempo nos quedamos únicamente con un sendero, que en muchos puntos se va a limitar únicamente al muro de la acequia.

A medida que vamos avanzando y se suceden los valles disfrutaremos de vistas espectaculares, llegando a verse en ocasiones la costa de Santana, al norte, y estando completamente cerrados al bosque en otras.

Casi cuando comienza a restringirse el camino únicamente a la levada tenemos que dejarla porque hay un tramo en el que es imposible seguirla. Tenemos que bajar por unas escaleras y subir un poco más adelante. Esto nos va a pasar varias veces: que el camino no siempre va a ir por el muro sino que hay pequeños desvíos bien por cascadas, bien por zonas inaccesibles donde la levada casi se incrusta en la roca y va por un risco o por algún que otro desprendimiento, o hay algún puente que ayuda a salvar algún punto complicado. Tened cuidado porque se resbala fácil en el cemento.

Cuando llevamos unos pocos kilómetros y antes del primer túnel hay enlaces con otras rutas como la que lleva de Ilha a Pico Ruivo.

Hay que tener cuidado en los túneles. Algunos son oscuros como la boca de un lobo y no es nada difícil darse un golpe en la cabeza contra el techo o meter el pie en el agua (de ahí lo de llevar calcetines de repuesto). Algunos de estos túneles nos proporcionarán algunas de las vistas más memorables del día, al tener en algunos casos tragaluces que dan a valles muy angostos y completamente vírgenes.

Esta no es una ruta para gente con vértigo, puesto que aunque muchas de las partes más peligrosas del recorrido llevan unos cables de seguridad atados a unos pilotes metálicos, como podéis ver en las fotos. Aún así impresiona estar paseando por encima de un muro de unos pocos centímetros de ancho al borde de un barranco de varias decenas de metros de altura. Muchísima precaución.

Hasta aquí la ruta ha estado muy limpia y ha habido bastante gente. Posiblemente hayas tenido que hacer cola alguna vez para pasar por algún punto en concreto o adelantar a una hilera de jubilados franceses o alemanes, así que paciencia: los grupos grandes siempre son lentos.

La primera parada en esta ruta es el Caldeirão Verde, seis kilómetros y medio después de Queimadas. Cuando fui estaba petao. Varias excursiones de jubilados centroeuropeos estaban reponiendo fuerzas tranquilamente donde la levada se unía con otra que continuaba. Paré a hacer unas fotos y me encantó el sitio: vegetación exhuberante, una caldera medio derrumbada que tenía un aspecto genial y esa cascada de setenta metros de altura precipitándose justo delante de ti. La levada se construyó para recuperar parte del agua de la cascada y llevarla a Santana.

Tras el breve descanso y viendo que mis piernas estaban en muy buen estado, decidí continuar hasta el Caldeirão do Inferno. Me había propuesto llegar hasta esta primera parada y, en función de las sensaciones continuar o darme la vuelta e improvisar algo más llevadero.

Lo primero que llama la atención es que aunque los cables de seguridad continúan el número de excursionistas desciende de forma notable : muchísima menos gente va hasta Caldeirão Verde, lo que significa que vas a avanzar más cómodamente y más rápido.

El camino continúa por la levada que enlazaba con Caldeirão Verde hasta un punto en que hay una señal que indica que hay que abandonarla y unas escaleras. No tiene pérdida: la levada está mucho más sucia a partir de ese punto. Si decides continuar en lugar de subir por las escaleras y tienes un accidente las probabilidades de rescate son mucho menores.

Las escaleras, que al principio parecen empinadas se convierten en muy empinadas en breve. La verdad es que es tan agotador subirlas como bajarlas, pero eso no es necesariamente malo, ya que te permite tiempo para disfrutar de los grandiosos paisajes que se ven desde ella, como una cascada que el día en que fui yo parecía que caía directamente desde las nubes. En este punto tuve la sensación de estar paseando por la Pandora de Avatar.

Entramos ya en la penúltima parte de nuestro recorrido al llegar al final de las escaleras y llegar a un túnel triple, ya que dos levadas se unen en él para continuar por  un tercer conducto. Por lo que he leído se va por una levada llamada del Caldeirão Verde que no tiene nada que ver con el que recorrimos. Yo lo recorrí un poco, pero parece ser que se puede seguir durante un kilómetro.

Por cierto que en la foto se ve lo que fueron unos raíles. Moverlos hasta aquí debió ser un castigo. Se utilizaron para abrir el túnel del medio, que por lo visto mide como 2500 metros y son como 45 minutos a oscuras para enlazar con la levada de Pico Ruivo. Imagino que es la misma que va hasta Ilha.

Es una lástima que no haya mucha información sobre la ingeniería y la historia de las levadas y que no haya un mapa de su recorrido, más allá de algunos mapas parciales enfocados en las rutas de senderismo oficiales. Para que os hagáis una idea de lo incompleta que es la información ni la aplicación Walkme (al menos cuando fui), ni muchos otros sitios traen información para llegar a Caldeirão do Inferno. Yo me tuve que leer un buen número de blogs para asegurarme de que no estaba haciendo ninguna locura yendo hasta tan lejos.

Volviendo a la ruta, nuestro camino continúa por el túnel de la derecha. Creo recordar que el tercer túnel no tenía salida (eso me dijeron otros excursionistas).

El caso, que continuamos camino por esta levada durante un buen rato. Es un poco lo que ya vimos antes: zonas más complicadas que se rodean por caminos bien señalizados, zonas en las que pasas sobre un barranco, alguna que otra ducha que evitar y caminar, caminar, caminar por uno de los paisajes más grandiosos que he visto en la vida.

Hay un punto donde mucha gente se da la vuelta, tras un puente doble de metal con una cascada, tras un túnel. Parece que el camino se termina aquí y mucha gente simplemente se da la vuelta. Yo decidí echar un ojo un poco más de cerca, ya que tenía la idea de que se trataba de otra caldera volcánica y no me cuadraba.

Efectivamente, tras una pared el camino continua por un nuevo túnel, el último. Al salir de aquí ya casi estamos al final de la ruta. Tal vez kilómetro o kilómetro y medio para llegar (lo digo de memoria) y listo: unas escaleras de madera nos llevan al pie de otra cascada de varias decenas de metros de altura. Hemos llegado al final del camino. Desde aquí no hay ningún sendero que haya visto a ningún otro sitio.

Si te das la vuelta verás un valle cerrado, aunque no tan claustrofóbico u oscuro como el de Caldeirão Verde, y con una vegetación y un verde tremendos. Si alguna vez tuve la sensación de estar en un sitio completamente virgen fue aquí. Para mi un paseo imprescindible y una de las rutas que más he disfrutado. Os recomiendo el paseo porque merece la pena.

El Mapa
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Madeira (III): el interior

sábado, 1 de marzo de 2014

Calheta desde arriba (Madeira, Portugal)
Calheta desde arriba


Terras altas da Calheta (Madeira, Portugal)
Terras altas da Calheta


Paul da Serra (Madeira, Portugal)
Paul da Serra


Vales de Ribeira Brava (Madeira, Portugal)
Vales de Ribeira Brava


Amanecer en la selva (Ribeiro Frío, Madeira)
Ribeiro Frío


Casas de Ribeiro Frío (Santana, Madeira)
Ribeiro Frío


Caminho dos Balcões (Ribeiro Frío, Madeira)
Caminho dos Balcões


Vista dos Balcões de Ribeiro Frío (Santana, Madeira)
Vista dos Balcões

Parte alta do Vale do Faial (Madeira, Portugal)
Parte alta do Vale do Faial

No Faial (Santana, Madeira)
Faial


Ribeira do Faial (Santana, Madeira)
Faial


Hasta ahora hemos recorrido la costa de Madeira, con sus acantilados, sus poblaciones y sus peculiaridades ya que tiene muy pocas playas.

Pero mucha de la gente que viene a Madeira no busca tanto esto como su interior, muy diferente de su costa.

Como ya se dijo, Madeira es volcánica, y debido a eso sus paisajes son muy abruptos, con caídas de centenares de metros que, debido a su ubicación con respecto a los vientos alísios, son también una explosión de vida y de agua. No he visto tantas cascadas en mi vida como en esta isla.

Sin embargo, el interior tiene dos partes bien diferenciadas: el extremo occidental, más llano, con el Paúl da Serra como principal característica, y el centro y zona oriental, mucho más montañosa y escarpada. La frontera entre estas dos zonas habría que ponerla en el valle por el que circula la carretera que une Ribeira Brava con São Vicente.

La zona occidental

El camino podría recorrerse desde Porto Moniz, por ejemplo, donde nace la ER-110 hasta el cruce con la ER-228, la antigua carretera que sube São Vicente para comunicar con Ribeira Brava.

Aviso, antes de nada, que es fácil encontrarse con densos bancos de niebla que no te permitan ver prácticamente nada y con un asfalto que dependiendo del tramo puede estar entre perfecto y muy mal. Depende del día, la época del año y cómo sople el viento.

Es un camino que, aunque no lo parezca, está bastante transitado. Multitud de coches de alquiler, particulares, taxis y autobuses turísticos la recorren ya que hay varios miradores hacia la costa sur a lo largo del primer tramo, siendo el más visitado uno que queda al lado de una torre forestal. Tiene aparcamiento y se puede ver el funcionamiento de un colector de agua que envía hacia la costa sur, a Calheta.

Desde Google Maps, si seguís desde el marcador, podéis ver cómo bajan estas tuberías desde lo más alto de la montaña hasta algo que parece una minicentral y como desde ahí salen un par de canalizaciones, una que parece seguir una cota y la otra que baja casi directa hasta casi la desembocadura de una torrentera.

La zona en sí no tiene nada "particular" que ver, pero todo el camino merece la pena, aunque a los gallegos nos dé un poco de sensación de familiaridad, porque se parece bastante a las zonas altas y peladas de Galicia, como la Serra da Capelada, O Xurés o partes de la Serra da Groba. De hecho, muchas de las especies vegetales provienen de Europa.

Y ojo con las vacas, que campan a sus anchas por toda la carretera. Mencionaba en la ruta por la costa sur que había lavado el coche bajo una cascada. Pues bien, eso fue necesario porque antes del mirador en el que paramos antes era imposible esquivar todas las boñigas que había esparcidas por el asfalto. Fue un poco desagradable.

Lo que viene a continuación son algunos de los tramos de carretera recta más largos de Portugal, cruzando el Paúl da Serra, una enorme (para la escala de la isla) meseta en lo alto de las montañas que un día fueron el terreno de pasto más importante de Madeira. Hoy en día es zona protegida y se puede ver cómo la vegetación comienza a expandirse.

Pudiera parecer un poco caprichosa la prohibición del pastoreo en esta zona, pero es vital en un lugar tan aislado y tan frágil su conservación: su escasa pendiente le convierte en el mayor punto de recarga de aguas subterráneas. Y con eso no se juega.

Lo que sí se ha instalado en esta zona son varios parques eólicos que aprovechan el paso de los vientos remontando la isla, lo que tiene mucho sentido ya que al estar tan lejos del continente para Madeira lo de la independencia energética es mucho más que una cuestión de principios. Importar energía hasta aquí es realmente caro. Y lento, muy lento. Por toda la isla se pueden ver paneles solares para calentar agua, y en las zonas más soleadas pude ver alguna pequeña granja solar. Me pareció tan increíble la falta de utilización de energía solar termoeléctrica y fotovoltaica en Canarias como la apuesta tan generalizada por lo mismo en Madeira, teniendo mucho menos sol. Ejemplo a seguir, sin duda.

Llegando al final de la carretera empezamos a bajar por valles bastante escarpados con unas vistas geniales... y sitios no demasiado buenos, ni cómodos para parar a hacer una foto o simplemente disfrutar el paisaje. Y alguna zona con desprendimientos. De nuevo, mucha precaución.

La zona oriental

La parte oriental del interior isleño es diferente a la que hemos visto. Mucho más boscosa y sin llanuras corresponde a un área más salvaje y mejor conservada debido a lo inaccesible del lugar durante varios siglos.

El recorrido que hice en su momento fue seguir la carretera que une Funchal, saliendo de Monte, con Santana y pasando por el Parque Ecológico do Funchal y el Parque Natural do Ribeiro Frío. Por cuestiones meteorológicas y de tiempo (niebla con visibilidad cero y lluvia) no subí al Pico do Arieiro que juntamente con el Pico Ruivo son los dos puntos más elevados del archipiélago. Hay una ruta de senderismo muy recomendada que une ambos lugares.

Ribeiro Frío es un pueblo precioso. Algunos de los que vieron las fotos que hice allí mencionaro Hobbiton o algún cuento de hadas. Su integración con el bosque circundante y la luz del amanecer me dieron unas fotos mágicas.

Pero Ribeiro Frío es mucho más que el pueblo y la famosa piscifactoría de truchas. Ribeiro Frío es la salida de varias rutas por las levadas. Yo me paré para hacer una cortita pero con un final espectacular: Os Balcões (Los balcones). He puesto el marcador en el punto en el que se inicia la ruta (en el lado izquierdo de la carretera si venís desde Funchal).

Os Balcões es muy sencilla: casi llana, muy amplia... hasta una persona en silla de ruedas podría hacerla sin muchas incomodidades, más allá de las raíces o algun tubo de canalización. Y la sensación de sumergirse en un bosque como este, que ya no se parece en nada a los europeos y tras un ratito de caminata hay una bifurcación, con el ramal izquierdo cortado al público en general y que debe llevar a una minicentral varios kilómetros más adelante.

Sólo unos metros más adelante esa especie de túnel vegetal se termina, se llega a un mirador abalconado y el panorama se abre a un valle cubierto de bosque y con cascadas a lo lejos. Espectacular. Para que una foto le hiciera justicia tendría que proyectarse en una pantalla de cine, porque la sensación de enormidad es sobrecogedora.

El resto del camino hasta la carretera de la costa y Santana es por valles que han sufrido una colonización mucho más acusada, con especies vegetales que provienen de la Península Ibérica y con algún punto de interés como el entorno de la Casa do Chá de Faial, con vistas a dos valles con torrenteras y caídas de agua. Ya había visto Faial cuando recorrí la costa norte, pero os aseguro que esta parte de la freguesía es mucho más bonita.

Ya sólo nos queda desplazarnos hasta Queimadas para hacer nuestra última ruta: las levadas de Caldeirão Verde y Caldeirão do Inferno.

El Mapa
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Madeira (II): La costa sur

domingo, 9 de febrero de 2014

Farol da Ponta do Pargo (Calheta, Madeira)
Ponta do Pargo


Paul do Mar desde Ponta do Pargo (Calheta, Madeira)
Paul do Mar desde Ponta do Pargo


Praia do Paul do Mar (Calheta, Madeira)
Paul do Mar desde Ponta do Pargo

El Camino Real (Calheta, Madeira)
El Camino Real

Bananas
Plantación de plátano

Teleférico de Fajã dos Padres (Ribeira Brava, Madeira)
Teleférico de Fajã dos Padres


Ponta do Sol (Calheta, Madeira)
Ribeira Brava


Túnel de Lavado (Porto do Sol, Calheta)
Túnel de Lavado


El muelle
Muelle de Funchal


Viadutos do Campanário (Ribeira Brava, Madeira)
Viadutos do Campanário


Obras en el puerto (Funchal, Madeira)
Puerto de Funchal

Funchal desde el teleférico
Funchal desde el teleférico


Os Carros (Monte, Funchal)
Carros de cestos

Nossa Senhora do Monte (Monte, Funchal)
Nossa Senhora do Monte

Praia de Santa Cruz (Madeira, Portugal)
Santa Cruz


Machico (Madeira, Portugal)
Machico
Tras varios meses sin actualizar el blog por una mezcla de mucho trabajo y vagancia extrema (estos articulitos llevan bastante tiempo, sobre todo porque a veces no recuerdas el orden en que haces las cosas), retomo la explicación de Madeira. A ver si voy dando un poco de caña a todo lo que hice desde el ya lejano mes de mayo hasta ahora.

En la ruta anterior nos habíamos quedado en el mirador de Lombada Velha, sobre un enorme acantilado, en el concelho de Porto Moniz.

Pues desde ahí vamos a continuar hacia Calheta para ver Ponta do Pargo, que debe su nombre a esta especie piscícola y que es además la freguesía que se encuentra a mayor distancia de Funchal. Es un sitio tranquilo y con unos acantilados muy espectaculares, tal vez los más espectaculares que hemos visto hasta el momento, sobre todo en la zona del faro.

En el momento de escribir esto hay un error en Google Maps entre el faro y el mirador que tiene al lado, ya que esa carretera ha dejado de existir. Sí, tal cual: han retirado el asfalto y la han convertido en una pista de tierra, lo que en el momento me supuso una caminata con la que no contaba al haberme liado con los accesos.

Vamos a seguir camino por esta zona tan escarpada, por una carretera con muchas curvas y teniendo paciencia si se nos cuela un autobús, un tractor o un coche que circule lento por delante hasta llegar al mirador de Fajã da Ovelha, desde el que hay unas vistas espectaculares del cercano Paul do Mar.

Y a Paul do Mar podemos bajar por una carretera con curvas muy cerradas para poder bajar por una ladera muy escarpada. Paciencia, cuidado con las rocas desprendidas y a disfrutar de las vistas si vamos de acompañantes en el coche.

En otros lugares Paul do Mar sería un pueblo muy turístico a orillas del Océano. Aquí nos sirve para ver cómo es un calhau de cerca y sin haber tenido que tomar uno de esos teleféricos para valientes como el que vimos en Achadas da Cruz. El pueblo está bien, hay cultivo de plátano y la vista de los barrancos es espectacular, pero en quince minutos has visto todo lo que tenías que ver.

Y de aquí a Jardim do Mar hay un túnel. Aunque por toda Madeira hay muchos túneles uno no termina de acostumbrarse a ellos. Por esta zona he visto túneles modernos, pero también algunos antiguos que parecen excavados a pico y con tantas filtraciones de agua que parece que llueve. En esta carretera que estamos siguiendo, lo más cerca posible de la costa, nos encontraremos un poco de todo.

De Jardim do Mar no tengo recuerdos. Ni siquiera viendo las fotos consigo acordarme de gran cosa. Es un pueblo como otros tantos de la costa sur de la isla. Pero la carretera que estamos siguiendo tiene mucho para ver: acantilados, más plátanos, cascadas que caen al mar o a la playa, casitas construidas en medio de tanto verde y siempre viendo al mar... Es uno de esos sitios en que no hay algo en concreto que ver, pero todo es para ver.

Y llegamos a Calheta, la capital del municipio. Tiene una de las pocas playas grandes de la isla, y aunque en las fotos turísticas que hay por ahí parece enorme en realidad es sorprendentemente pequeña. Y con el día que tenía era imposible sacarle una foto decente. Calheta en si me pareció un pueblo turístico a secas, con hoteles y apartamentos y poco más. Seguí ruta.

De aquí pasamos a Madalena do Mar, que tiene un aire a Paul do Mar: un calhau a pies del acantilado con una playa de piedras. Aún así es un sitio bonito, y cuando vas hacia el este el pueblo termina en un viejo túnel. Si te paras a la salida del túnel y ves la playa que hay, cerrada al público, hay una cascada que cae al mar. Dependiendo del caudal puede estar bien o ser un poco más que un goteo. En mi caso tuve suerte y tenía bastante agua.

Y en este tramo viene uno de mis lugares preferidos de Madeira: una cascada que cae sobre la carretera. A mi me vino genial. Por la mañana había estado por el Paul da Serra (ya veremos eso en la próxima ruta) y había manchado una buena parte de la carrocería del coche con boñigas de vaca y caballo. Ya me había hecho a la idea de tener que pasar por un túnel de lavado antes de devolver el coche. Bien, lavarlo en una cascada es mucho más barato y ecológico. Y más rápido. Quedó impecable y además me llevé una foto bonita de recuerdo.

Y un poco más adelante y justo antes de Ponta do Sol, tras una curva y antes de un túnel hay una parada interesante para hacer: un tramo de una de las antiguas Estradas Reáis, que no dejaban de ser caminos para transitar a pie o con bestia de tiro y que resultaban la forma más habitual de mover personas y mercancías antes de que se construyesen las primeras carreteras dignas de tal nombre. En la foto que acompaña veis que no eran muy anchas (la foto está tomada desde la antigua estrada).

Ribeira Brava es un buen ejemplo de lo que son estas poblaciones construidas en torrenteras: las casas, a pesar de las fuertes canalizaciones que intentan desviar la fuerza del agua, no siempre están a salvo. Vistas las consecuencias, no me gustaría ver una de estas desbordadas, pero parece que no es raro que ocurra. La cantidad de agua que cae y las piedras y arena que arrastran hacen estragos en las contenciones y arrasan todo lo que encuentran por delante.

Un poco más adelante de Ribeira Brava, ya en Camâra de Lobos (llamada así por los lobos marinos) encontramos uno de los puntos más relevantes para el turismo en la isla: el Cabo Girão, que con sus 589 metros de altura es el mayor acantilado de la isla. Insisten mucho en que es el más grande de Europa, pero no es cierto: ni es Europa ni, de serlo, sería más alto que la Garita de Herbeira (Cedeira, A Coruña), con sus 613 metros, Hornelen en Noruega con 860 o Enniberg y sus 754m en las Islas Feroe (Noruega). Aún así, impresiona. Por desgracia no tengo foto en condiciones del sitio porque se me hacía de noche.

A partir de aquí para mi pierde mucho encanto la isla porque entramos en la zona urbana de Funchal, que se extiende por los municipios costeros más cercanos. La mayoría de la población madeirense vive en esta zona. El problema es que salvo algunos cascos urbanos, como Funchal, y algunas de las zonas más altas como Monte, también en Funchal, el resto es una enorme colección de edificios modernos sin demasiado interés: mucho hotel y mucho edificio perfectamente olvidable. Si nos vamos un poco hacia las afueras sí que hay muchas villas muy bonitas, con palmeras y plátanos y algo de viña y flores, muchas flores. Funchal es una ciudad con muchas flores y mucho verde por esto mismo.

Pero Funchal tiene algo más que su puerto, el casino que proyectó Niemeyer cerca del muelle de transatlánticos o su casco urbano: Funchal tiene a Monte, una freguesía con un clima más suave que el del centro de la ciudad, con buenas vistas, bonita arquitectura y joyas como el Jardín Botánico. Tanta es la belleza del lugar que las clases pudientes de la isla y gente pudiente venida de Europa y América se alojaba en Monte. Antes del tranvía y del moderno teleférico que une esta parte de Funchal con su centro histórico se desarrolló un medio de transporte muy singular y que hoy es otro de los atractivos de la isla: los Carros de cesto.

Los carros de cestos son como trineos empujados por dos personas y que hacían un trayecto entre Monte y las zonas bajas de la ciudad aprovechando las fortísimas pendientes de las calles de la ciudad. Cuando las clases altas dejaron de usarlos se enfocaron en los turistas y aún hoy se mantienen en activo, con gran demanda, para un trayecto de algo más de un kilómetro.

Lo siguiente de la isla es Santa Cruz. Se puede dar un paseo. Se puede ver otro pueblo más que intenta vivir de una playa que no es una playa y, mucho mejor que eso, se puede ver el Aeropuerto de Madeira por debajo, para ver su pista sustentada por pilotes.

Y de aquí a Machico, casi donde empezamos la ruta anterior. Podemos aprovechar para ver una de las pocas playas en condiciones de Madeira y para ver la ciudad desde algún mirador cercano antes de poner fin a nuestro viaje por la costa sur de la isla.

El mapa

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