Azores (II): Sete Cidades: Un pueblo en el cráter de un volcán activo

martes, 11 de junio de 2019


 
Dentro de los muchos atractivos que contiene la isla de São Miguel el más conocido es el enorme cráter de Sete Cidades, que tiene un diámetro de unos 6,5 kilómetros y a su vez contiene varios cráteres menores más recientes y dos lagunas que, si las condiciones de luz son propicias, verás de diferente color: una verde y otra azul.

Un buen lugar para empezar esta ruta sería la zona de las lagunas. En las laderas de Sete Cidades se encuentran varias lagunas con su correspondiente parque forestal. Atentos al horario u os pasará como a mi teniendo que volver otro día. Las dos más conocidas son la Lagoa das Empadadas y la Lagoa do Canário.


Tanto Lagoa das Empadadas como Lagoa do Canário conducen a unos miradores fantásticos sobre la isla. El que está en la parte alta de Lagoa das Empadadas, Pico Paúl, es tal vez el menos conocido mientras que Boca do Inferno, al que se accede desde la Mata (bosque) do Canário, es la imagen por excelencia del archipiélago, con unas vistas excepcionales sobre Sete Cidades.

Si seguimos montaña arriba por la carretera que une los parques de ambas lagunas llegaremos a un desvío que nos conduce al interior del cráter. Por el momento vamos a ignorar esta carretera, pero luego bajaremos por ella. Seguiremos un poco más adelante, como medio kilómetro o así hasta llegar al mirador de Vista do Rei.


Vista do Rei es tal vez la mejor vista sobre Sete Cidades y otra de las imágenes icónicas del archipiélago. Desde aquí se ven las dos lagunas, Lagoa Verde y Lagoa Azul, de forma consecutiva. Con buenas condiciones de luz la vista tiene que ser extraordinaria. Con luz fea, lo que me tocó en suerte, la vista impresionaba. Y es más impresionante desde la azotea del hotel que está justo ahí.



Este hotel, un tremendo fiasco económico cuya historia cuentan muchos otros blogs, está abandonado y saqueado hasta tal punto que se han llevado la caja del ascensor y le han mangado hasta las moquetas. Es bastante postapocalíptico y por ello mismo fetiche de los amantes del urbex. Teóricamente está prohibido entrar en el edificio, pero nadie está ahí para impedirlo. Con cuidadito y con responsabilidad: yo casi me caigo por un agujero por no estar atento.

La carretera continúa hacia Ponta Delgada, pero si no tenéis mucho miedo a ensuciar el coche hay una ruta de tierra que rodea todo el cráter por la cima. Hay vistas sobre Sete Cidades y las diferentes calderas que contiene de todas las formas, ángulos y colores. Y senderistas y motoristas a lo largo de los casi veinte kilómetros, así que precaución. Y cortesía: en algunos puntos la pista es estrecha y habrá gente que haga lo mismo que vosotros, pero en sentido contrario.


Y al terminar de rodear Sete Cidades volvemos al cruce del que hablé antes y vamos a bajar por él. Hay un par de miradores por el camino en los que merece la pena parar, tanto por las vistas sobre Lagoa Verde y Lagoa Azul, como a la caldera que contiene la Lagoa de Santiago.

Más adelante llegaremos al puente que cruza el estrecho entre ambas lagunas. Antes de cruzarlo os recomendaría seguir por la pista de tierra que hay a la derecha. Es una pista de tierra de varios kilómetros que nos llevará al extremo norte de la Lagoa Verde. Al final del camino hay un pequeño parque (hay varios en toda la caldera de Sete cidades) muy tranquilo a donde no va nadie o casi nadie. Fue un rinconcito que me gustó especialmente, con los árboles a pie de agua y las paredes del  cráter al fondo, con mucho verde y mucha vida.


De vuelta al puente podemos terminar esta ruta en el pueblo de Sete Cidades, capital de la freguesía (parroquia). No es un pueblo especialmente bonito, pero tiene su encanto. La iglesia me pareció el edificio más destacado. Casi enfrente de la salida de la iglesia hay un pequeño bar con su restaurante que por un precio muy ajustado os ofrece comida local. Si tenéis hambre es un buen sitio para parar: el filete de atún a la plancha que comí estaba increíble y no llegó a los siete euros.

Si queréis seguir explorando hay un par de carreteras más que recorren la caldera o ver el mirador desde la orilla opuesta de la Lagoa Verde, donde hay un túnel de desagüe. Por desgracia, me enteré demasiado tarde de su existencia. Este túnel sirve para que en caso de aumentar el nivel de las aguas de las lagunas el exceso de agua pueda aliviarse al exterior de la caldera, evitando inundaciones en el pueblo y en los terrenos más cercanos al agua.


Como todo lugar mágico, Sete Cidades tiene leyendas que explican su origen. Algunas bastante pintorescas, como la del obispo portugués que huyendo de la invasión árabe de la península habría llegado a este lugar. O la princesa que habiéndose enamorad de un pastor llenó con sus lágrimas las lagunas.

Sin embargo la realidad, esta vez menos poética que la leyenda, habla de una isla volcánica que nace en las cercanías del encuentro entre las placas africana, americana y europea. Tal como mencioné en el artículo de preparación, dependiendo de en qué isla estás estarás en un continente o en otro. En el caso de São Miguel, estás en Europa

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