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El Rocío (Huelva, Andalucía): Mucho más que una Romería

domingo, 9 de junio de 2019


 

El objetivo de este blog siempre ha sido el de hablar de sitios poco conocidos que me parecen interesantes y salvo algunas excepciones, como Montpellier, así ha sido.

Y en este post vamos a hablar de un sitio bastante particular. Particular porque en España todos hemos oído hablar de él pero en realidad casi todo el que lo visita por primera vez se lleva una sorpresa. Y es que El Rocío, en Huelva, es uno de los grandes "conocidos desconocidos" del país.

La idea que tenemos en mente es la de esa marea humana que llena con casi un millón de almas un pueblo de apenas 1500 habitantes. Muchos de ellos hacen el camino a pie o a caballo, cruzando el Parque Nacional de Doñana, lo que causa un serio impacto en un área especialmente sensible. Aunque el mayor de los impactos procede del uso indiscriminado de vehículos a motor, si bien en los últimos años se está poniendo coto a esta práctica.

 

La aldea de El Rocío es un tanto inclasificable. Cuando uno lo visita no sabe muy bien qué está viendo. Es como una especie de pueblo del Far West, pero con jinetes andaluces a caballo y con una copa de vino. A veces no se sabe si se está viendo un parque temático, un pueblo o un decorado de cine. Es como una mezcla de muchas cosas pero que tiene una personalidad propia y que va mucho más allá de la suma de esas referencias.

Empecemos por decir que es un pueblo sin calles asfaltadas. Posiblemente el más grande de España en estas condiciones, superando a los que vi en Canarias. Y debe ser el único pueblo de España pensado para andar a caballo. En El Rocío apenas hay señales de tráfico. No hay semáforos. Y casi no hay sitios donde esté prohibido aparcar, si bien en la plaza principal hay una zona de párking de pago, a beneficio de una asociación de discapacitados.

 

Por tanto conducir por allí parece la ley de la selva a primera vista, con adelantamientos desde cualquier ángulo y trayectorias imposibles en cualquier otra calle de España. Y sin embargo es un placer conducir por allí: la cortesía de los conductores, unida a la baja velocidad a la que hay que circular para no levantar demasiado polvo o patinar, hace que sea una experiencia única.

Como dije antes, El Rocío está pensado para los caballos. Delante de cada edificio hay amarraderos para ellos y tienen prioridad absoluta en la circulación. Es fácil ver a gente a caballo o en calesa.

 

También llama la atención la cantidad de edificios que parecen capillas, con su campanario y su torre y el nombre de un pueblo bien visible en la fachada. Bueno, pues en realidad no son capillas. Son las casas de las hermandades rocieras. La más importante de ellas es la Hermandad de Almonte, municipio al que pertenece El Rocío, ya que son ellos los encargados de la organización de la Romería.

Presidiendo el pueblo se encuentra el Santuario de El Rocío, blanquísimo, y rodeado por una amplísima plaza que los romeros abarrotarán el lunes de Pentecostés. Dentro se encuentra la Virgen de la Blanca Paloma. Tras el Salto de la Reja llevarán la imagen en procesión pasando por las diferentes hermandades.

 

Todo este fervor tiene su origen en el hallazgo de una imagen mariana en un árbol allá por el siglo XVI. La Hermandad de Almonte ya está documentada a mediados del siglo XVII. Durante los siglos siguientes las poblaciones cercanas fueron fundando sus hermandades y a partir del siglo XX es cuando se produce la explosión numérica, tal vez por la difusión de los medios de comunicación. De hecho, la mayoría de estas hermandades se han fundado tras el fin de la Dictadura.

Según la leyenda ese árbol estaría donde se encuentra hoy el Monumento Natural de los Acebuches. Allí varios de estos árboles, antecesores de los olivos, contemplan desde hace siglos la aldea. El más antiguo de ellos, El Abuelo, tiene una edad estimada de unos 600 años.

 

Pero El Rocío no es sólo su Romería, su santuario y sus calles. Justo al lado de Los Acebuches está la llamada Madre de las Marismas o Charco de la Boca. El Parque Nacional de Doñana empieza aquí. Si tenéis la suerte de visitar la aldea en una época en la que tiene agua veréis un espectáculo difícilmente igualable de aves lacustres. Si os gusta la fotografía llevad un trípode y un teleobjetivo. Es apuntar y disparar. La naturaleza hace el resto.

Y si deseáis saber más sobre Doñana, nada más salir de la aldea en dirección a las playas de Punta Umbría, está el Palacio del Acebrón, uno de los centros de visitantes del Parque Nacional de Doñana. Además de los paneles informativos en el interior hay una exposición que cuenta cómo se explotaban las marismas y cómo vivían aquellos que se ganaban la vida por allí. Era una existencia dura, de mucho sacrificio, pero en buena parte gracias al tipo de explotación que se hacía y a la propia mentalidad de aquella gente hoy disfrutamos de Doñana.


Una cosa sorprendente de El Rocío es su hostelería. La comida no es cara y en pleno verano y fuera de la época de romerías te puedes alojar por un precio más que razonable en alguna de sus fondas. En mi caso fui a La Fonda del Rocío y disponía de habitaciones bastante amplias y cómodas y el personal era muy amable. Si estáis pensando en ir a las playas de Punta Umbría puede ser una buena alternativa para alojarse, aunque haya que hacer unos cuantos kilómetros.

El Mapa
Rutas relacionadas 

Lanzarote (IV): Parque Nacional de Timanfaya

domingo, 2 de abril de 2017

Timanfaya (Lanzarote, España)
Centro de Visitantes de Mancha Blanca


Timanfaya (Lanzarote, España)
Centro de Visitantes de Mancha Blanca


Timanfaya (Lanzarote, España)
Centro de Visitantes principal


Timanfaya (Lanzarote, España)
Valle del Silencio


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana


Timanfaya (Lanzarote, España)
Cultivos de higueras en el lapili


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana


Timanfaya (Lanzarote, España)
Ruta Tremesana y mina de picón



"El día 1 de septiembre de 1730 , entre las nueve y las diez de la noche, la tierra se abrió en Timanfaya, a dos leguas de Yaiza... y una enorme montaña se levantó del seno de la tierra".
En España no estamos acostumbrados a tener grandes catástrofes naturales capaces de transformar totalmente una extensión significativa de terreno. No hay grandes volcanes, salvo el Teide, dormido desde hace siglos y ni se recuerda la última vez que un tsunami azotó nuestras costas. Tan sólo grandes temporales nos han afectado y ninguno de ellos es comparable a lo vivido en Lanzarote entre los siglos XVIII y XIX.

Con estas palabras que abren el post contaba Lorenzo Curbelo, párroco de Yaiza, lo que fue el inicio del mayor desastre natural de la historia de España. Las Canarias son una zona vulcanológicamente activa y en Timanfaya ocurrió el último gran episodio eruptivo.

Una cuarta parte de la isla, y buena parte de sus mejores tierras cultivables, desaparecieron bajo un manto de lava, ceniza y lapilis. Nueve pueblos desaparecieron y sus habitantes tuvieron que huir a otras partes de la isla y sobrevivir como pudieron, ante la prohibición inicial por parte del rey de abandonar la isla, temeroso de que esta fuese ocupada por los ingleses.

Más adelante se les permitió emigrar (y lo hicieron), pero aquellos que decidieron quedarse se enfrentaron a terribles hambrunas salvadas parcialmente con un ingenio que transformó los paisajes de la isla y aparecieron las higueras y los viñedos de La Geria y se explotaron zonas hasta entonces deshabitadas.

Andando el tiempo se fundó el Parque Nacional de Timanfaya-Montañas de Fuego, y aunque el territorio del parque se ha conservado magníficamente a lo largo de estos siglos era necesario asegurar su futuro.

El área administrada por el Parque no representa la totalidad de los campos de lava que surgieron aquellos días y aún estas partes fuera de su jurisdicción se conservan bastante bien. Y esto es así, básicamente, porque sería una locura tratar de construir o cultivar en buena parte de esta zona: toneladas y toneladas de escoria volcánica cubren esos terrenos y buena parte de ellos parecen totalmente estériles.

En el malpaís sólo algunos tímidos líquenes y algunas plantas invasoras, como la vinagrera, la aulaga o la tabaiba luchan por hacerse hueco allí donde pueden echar una raíz. En las montañas de lapili y en los islotes la vida se abre camino con más fuerza, pero siendo el clima tan árido y tan seco es un proceso extremadamente lento, a pesar de la creciente humedad que trae el cambio climático.

Visitar Timanfaya

Hay básicamente tres formas de visitar Timanfaya: en dromedario o en coche y autobús o a pie.

En dromedario tal vez es la manera más original por aquello de que en Europa no estamos acostumbrados a estos animales, pero por lo que veo no merece mucho la pena: 12 euros, 25 minutos a velocidad muy reducida y ya.

En coche es lo más normal. Consiste en llevar el coche hasta el centro de visitantes, previo pago de 9 euros por adulto y 4,5 por cada niño pequeño y una vez allí coger un autobús lanzadera que te lleva por una carretera de unos 14 kilómetros, haciendo brevísimas paradas, mientras una locución te va explicando lo que ves. Para los aficionados a la fotografía: paciencia. El bus no lleva las ventanas perfectamente limpias y además no se pueden abrir. No contéis con grandes fotos a pesar de estar en un paisaje absolutamente grandioso.

Es un trayecto bastante interesante pero que se hace corto y breve. Paras delante de algún jameo, delante de alguna zanja para ver los restos de roca derretida, como si fuera chocolate, paras delante de algún paisaje singular y de algún cono volcánico y la traca final es el Valle del Silencio, la parte más interna y espectacular del Parque. Parece como visitar un Marte gris.

Y eso es todo. El bus te deja en el centro de visitantes donde te harán demostraciones de alguna anomalía geotérmica lanzándole agua o quemando algo de paja.

Y lo que te queda es comprar souvenirs o comer, algo caro, en el restaurante El Diablo. La comida, cocinada con el calor del volcán, no es demasiado abundante pero, al menos el plato que tomé, está bastante buena. Mi única queja sería el servicio pero vamos a decir que son humanos, cometen errores y me tocó a mi ser el "olvidado" dentro de la mucha gente que había a esa hora. Donde no cometieron errores fue a la hora de cobrar, donde lo que había pedido (y no me trajeron) aparecía perfectamente facturado. Afortunadamente, tampoco cometieron errores al atender a mi reclamación y descontaron esa parte.

A pie es mi manera preferida de visitar Timanfaya. Es tal vez la más desconocida de las visitas al parque y, de muy lejos, la más interesante. Se trata de la Ruta Tremesana.

La visita no comienza en el Centro de Visitantes del restaurante, si no desde otro diferente, el Centro de Visitantes de Mancha Blanca, un pequeño edificio situado al borde de un campo de malpaís de lo más estéril que vi en Timanfaya y donde hay una pequeña exposición acerca del Parque y de su historia. Aunque no es necesario reservar con anticipación si vas en el primer turno (en mi grupo varios visitantes no aparecieron), es más que recomendable utilizar la web que ponen a tu disposición para ello. El coste es gratuito y el recorrido, de varios kilómetros, dura unas tres horas.

Si hace sol, recomiendo llevar bebida y si no estás acostumbrado a caminar bajo la solana, una gorra, sombrero o sombrilla. Y calzado cómodo. Unas zapatillas de deporte pueden valer si se anda con cuidado. Y si no hace mucho calor, no está de sobra llevarse algo de manga larga, porque la brisa es constante.

Lo primero que hay que saber es que el camino no empieza en el Centro de Visitantes. Desde ahí salen dos grupos de forma simultánea en todoterreno hasta ambos extremos de la ruta de forma que cada grupo se va en el todoterreno que trajo al otro grupo.

Una vez aparcado el todoterreno los guías te llevan por un camino del que no te puedes salir y te van explicando paso a paso todo lo que ves y responden a las preguntas de los visitantes. Es gente muy amable y muy profesional que hacen el camino muy ameno.

Por el camino verás zonas de lapili, algunos islotes (montículos que ya estaban ahí antes de la erupción y que no han sido totalmente cubiertos por lava o ceniza), alguna anomalía geotérmica y tramos de malpaís con lavas de tipo AA y pahoehoe. También podrás entrar en un jameo para ver cómo es un tubo volcánico reciente por dentro.

Mi recorrido terminó al lado de una antigua mina de picón, el lapili que los conejeros aprovecharon durante mucho tiempo para cubrir el terreno de sus fincas. De esta forma evitan que las malas hierbas las invadan, mientras aprovechan su capacidad de condensar el agua. En una zona tan árida toda ayuda es poca.

El Mapa
Rutas relacionadas 

El Cañón de Añisclo y el Cañón del Bellós (Huesca, Aragón)

sábado, 3 de diciembre de 2016

El Cañón de Añisclo (Huesca, Aragón)
Cañón de Añisclo


El Cañón de Añisclo (Huesca, Aragón)
Río Bellós


El Cañón de Añisclo (Huesca, Aragón)
Río Bellós


El Cañón de Añisclo (Huesca, Aragón)
Carretera HU-631


El Cañón de Añisclo (Huesca, Aragón)
Carretera HU-631


El Cañón de Añisclo (Huesca, Aragón)
Cañón de Añisclo


El Cañón de Añisclo (Huesca, Aragón)
Los Sestrales


Uno de los muchos tesoros de Huesca es el Cañón de Añisclo, en el Parque Nacional de Ordesa. Se trata de una estrecha garganta que va de este a oeste siguiendo el curso del río Bellós, desde el circo glaciar donde nace hasta el pueblo de Escalona, aunque el último tramo también se conoce como Cañón del Bellós, correspondiendo este nombre a la parte más estrecha y encajonada del mismo. La parte entre la ermita de San Úrbez hasta la Fuente de los Baños también es conocida como Desfiladero de las Cambras.

En verano el camino debe hacerse de este a oeste ya que la carretera, la Hu-631, es de sentido único, aunque algunos idiotas la hacen en sentido contrario. A uno de ellos debería pasarle la factura de la antena de mi coche. No es una carretera para hacer todo el año y es muy frecuente que en los meses de invierno esté cortada por nevadas y en primavera por los efectos del deshielo, tanto por la crecida repentina del río como por riesgos de derrumbes.

Es una ruta impresionante, sobre todo para aquellos que no estamos acostumbrados a movernos en estos paisajes calizos que parecen cortados a cuchillo, de altas paredes verticales, alcanzando desniveles de casi mil metros desde la parte superior del valle, y angostos tramos de carretera que han sido ampliados a base de excavar la montaña dado el escaso espacio disponible.

En los tramos más amplios los árboles han conseguido colonizar la poca tierra disponible en parte aprovechando el efecto de inversión térmica. Este efecto consiste en una inversión de los pisos de vegetación normales de la montaña, con la parte más frondosa en la parte inferior del valle, casi a pie de río.

A lo largo de toda la ruta hay varios miradores, tanto sobre el río como a su lado. Y se han dispuesto paneles informativos en varios de ellos para que los visitantes sepan apreciar lo que están viendo.

El lugar culminante de la ruta es la Ermita de San Úrbez, en la parte más estrecha del Cañón, en tierras de Fanlo. Hay un pequeño aparcamiento donde se puede dejar el coche y después hay que seguir por sendas señalizadas y cruzar por un puente hasta el otro lado del río. La senda está bien preparada y no debería representar demasiada dificultad para la mayor parte de la gente.

La ermita en sí es una pequeña rareza, ya que es más que nada un muro que termina de aislar una pequeña cueva natural donde al parecer dormía Úrbez, un pastor que se asentó en la zona allá por el siglo VIII y que al parecer procedía de Burdeos. La gente de la zona creyó en vida de este que se trataba de alguien tocado por la divinidad, así que con el tiempo terminó retirándose a esta zona tan aislada, para vivir tranquilo y en paz.

Río arriba, por el Ballinisclo, y ya teniendo que ir a pie (razón por la que no la conozco ya que yo iba en ruta y simplemente me desvié para cruzar el cañón) está la Fuénblanca. Las fotos que he visto del sitio son realmente bonitas, así que el día en que vaya a ver Ordesa con calma, que lo tengo pendiente, está marcado como sitio para ver.

Otra cosa interesante del cañón se encuentra en la parte superior. En la parte muy superior. Y es que en la entrada del Cañón, arriba, en lo alto de la montaña, se encuentran los Sestrales.

Los Sestrales son la caliza desnuda de la parte superior del valle. Impresionantes moles rocosas que presiden su entrada, a modo de pórtico. Desde ahí arriba las diferentes fajas van escalonando el valle y mostrando los diferentes afloramientos que el Bellós tuvo que ir cortando para modelar el terreno.

El Mapa

Ruta combinada

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Islas Cíes (Vigo, Pontevedra)

viernes, 12 de septiembre de 2014

Praia de Rodas (Illas Cíes, Galicia)
Praia de Rodas


Lagoa de Rodas (Illas Cíes, España)
Laguna de Rodas


Pasarela entre Islas (Illas Cíes, Galicia)
Pasarela entre Islas


Area de Nosa Señora (Illas Cíes, Vigo)
Area de Nosa Señora


El Muelle (Illas Cíes, Vigo)
El Muelle


Dende o Faro (Illas Cíes, España)
Vista desde el faro (al norte)


San Martiño (Illas Cíes, España)
Illa de San Martiño


Cabo Home (Cangas do Morrazo, España)
Illas Cíes desde Cabo Home


Una de las joyas de Galicia son las Illas Cíes, situadas en la boca de la Ría de Vigo, a la que sirven de protección contra los vientos, las corrientes y algunos episodios como la marea negra del tristemente célebre Prestige.

Las Illas Cíes son tres (Norte o Monteagudo, Faro y Sur o San Martiño), aunque mucha gente opina que en realidad se trata de dos al estar unidas las dos más septentrionales unidas por una pasarela de piedra y por el arenal de la Praia de Rodas, así que eso se deja al criterio de cada uno.

Geológicamente hablando, las Illas Cíes son el resultado del hundimiento de los valles costeros gallegos, siendo cumbres de una sierra que se prolonga por lo que hoy conocemos como el Morrazo, y que presentan una cara suave hacia el interior y una mucho más dura y acantilada hacia mar abierto. Así se aprecia el papel de rompeolas natural que las islas juegan y que hacen de la Ría de Vigo una de las más seguras para el abrigo de los buques durante los temporales del invierno.


Pobladas desde tiempos remotos, las Cíes han formado parte de la gran historia del mundo casi desde el principio, puesto que muchos creen que se trata de unas las famosas Islas Casitérides que eran objeto de deseo por parte de los fenicios debido a sus yacimientos de estaño. También los romanos  pasaron por aquí, siendo el más conocido de sus visitantes un tall Julio César que daría mucho que hablar unos años después.

Hogar de unos pocos agricultores y sede de varios de monasterios, el hecho de haber sido escogida como base de operaciones por piratas normandos, turcos y británicos y su natural aridez la llevaron una y otra vez al despoblamiento.

Desde hace unos años y como medida para frenar la presión que los numerosos visitantes ejercían sobre el delicado ecosistema de las Cíes, las Illas forman parte del Parque Nacional das Illas Atlánticas de Galicia y ha restringido el número de visitas a 2200 al día.

Estos visitantes vienen atraídos sobre todo por las bellísimas playas de la isla, como la nudista de Figueiras o la archiconocida Praia de Rodas, que en 2007 fue considerada por el diario inglés The Guardian como la mejor del mundo. En Vigo les hizo tanta ilusión que hasta he visto alguna señal donde se reseña esta circunstancia.

Las playas

Rodas es la playa más cercana al embarcadero en el que atracan los barcos procedentes de Vigo, Baiona, Cangas... Es muy recomendable hacer la compra del billete antes del día de viaje ya que, debido a las restricciones, existe el riesgo de quedarse en tierra.

Volviendo a Rodas, se trata de una larga  y ancha (para el estándar gallego) playa de arena finísima que une las Illas do Faro y Monteagudo y que tiene una pequeña laguna que en marea alta se comunica con el mar por la pasarela de piedra y en cuyas aguas está prohibido bañarse para recuperarla de la degración que llegó a sufrir.

Para ir a Figueiras hay que salir del embarcadero hacia el camino y luego girar a la derecha, rodeando las dunas y caminar algo más de cien metros hasta que se abre frente a nosotros en toda su esplendidez. Desde aquí hay vistas hacia la zona de Cabo Home, que ya hemos visto en otro artículo. Como tantas otras playas nudistas de Galicia su difícil acceso en tiempos donde no había tolerancia hacia esta modalidad de baño fue lo que le dio su público actual.

En el sur de la Illa do Faro hay algunas playas más a las que se accede desde el camino que lleva al Faro desde el embarcadero. Son playas muy bonitas, con buena afluencia de gente y buenas vistas a la Illa de San Martiño.

Y en San Martiño hay otra playa nudista, pero a la isla sólo se puede acceder en barco particular y solicitando permiso, si no recuerdo mal.

Y un aviso para los no gallegos: el agua de estas playas es bastante fría. Aunque parezca el Caribe por el color y transparencia de las aguas... no lo es. Eso si, vigoriza.

Senderismo

Otra de las actividades que atraen a los visitantes es el senderismo, existiendo numerosos caminos que recorren las dos islas del norte y de los cuales no puede salirse para no dañar a la fauna y la flora, que tienen numerosos endemismos. Estos caminos tienen restricciones de paso temporales durante la época de cría de las gaviotas, a finales de primavera y principios de verano, ya que estas se vuelven agresivas ante la presencia humana cerca de los gaviotines.

En la caseta que hay a la entrada del parque deberían poder facilitaros mapas con las rutas e indicaros si hay alguna que esté cortada en ese momento.


El Mapa

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Las Tablas de Daimiel (Ciudad Real, España)

sábado, 19 de abril de 2014

El Trigal (Ciudad Real, España)
Campo cultivado cerca de Las Tablas


El Molino de Molemocho (Las Tablas de Daimiel, España)
Molino de Molemocho


Pasarelas
Pasarela para visitantes


Las Tablas de Daimiel (Ciudad Real, España)
Observatorio


Las Tablas de Daimiel (Ciudad Real, España)
Humedal


Las Tablas de Daimiel (Ciudad Real, España)
Humedal y pasarela


Aunque normalmente en este blog prefiero ir poniendo lugares poco conocidos a veces apetece escribir algo sobre otros que lo son un poco más pero a los que tal vez no se les dé la importancia que tienen. Además, tampoco había publicado nunca un destino en Castilla-La Mancha.

La formación de las tablas se produce por el desbordamiento de un río al cruzar una llanura, creándose de esa forma un ecosistema húmedo en una zona seca. Antes había más en la Península, pero hoy en día tan solo las de Daimiel subsisten.

Las Tablas de Daimiel, en la provincia de Ciudad Real, son tal vez el Parque Nacional español más machacado y uno de los menos conocidos. Sobre-explotación hídrica, obras hechas sin ningún sentido común como el embalse del Azuer, sequías y una permisividad excesiva a la hora de permitir que hectáreas de secano pasasen a regadío casi lograron su desecación completa.

Además de refugio para un tipo de vegetación muy amenazado, las Tablas son el refugio y lugar de alimento de numerosas aves acuáticas que han establecido como lugar de parada estos humedales durante sus largas migraciones estacionales.

Para evitar la desaparición del humedal el gobierno español inició un plan de compra de tierras en los alrededores del mismo para hacerse con los derechos de regadío de esos terrenos y así paliar la sobre-explotación de los recursos hídricos, y se ha forzado una gestión menos agresiva de los ríos que alimentaban a las Tablas.

Otro gran problema para las Tablas de Daimiel fueron los incendios de las turbas que ocurrieron a partir de 2009 y que sólo se extinguieron cuando llovió en cantidad suficiente para anegar el subsuelo. De todas formas, el estado había aprobado un transvase de agua desde el Tajo como solución casi desesperada cuando falló todo lo demás.

Afortunadamente, parece que en los últimos años se está reconduciendo la situación y hasta ha vuelto a brotar agua de los cercanos Ojos del Guadiana, aunque no se considere (todavía) que es agua del río. Si los siguientes inviernos son tan lluviosos en la zona como estos últimos se supone que acabarán rebrotando.

La visita al Parque pasa obligatoriamente por ir al centro de visitantes, desde el que parten varias rutas, diferenciadas por colores, que recorren varias de las islas situadas en la confluencia entre el Guadiana y el Cigüela. Antes de llegar al centro de visitantes hay una cosilla que ver: el Molino de Molemocho.

Se trata de un enorme molino que aprovecha el agua del Guadiana, a la que embalsa, para realizar su trabajo. Nadie sabe exactamente la historia de este edificio pero, al parecer, ya estaba por aquí en tiempos de Felipe II el cual, por cierto, fue uno de los primeros protectores de las Tablas a las que mandó "guardar muy bien". Hoy en día es un segundo centro de visitantes, pero su horario es bastante más restringido que el principal. De hecho, no pude acceder al edificio ni a sus anexos y me tuve que conformar con hacer alguna foto desde la carretera.

El coche puedes aparcarlo cerca del Centro de Visitantes principal. Desde aquí puedes empezar varias de las rutas que recorren el Parque y que están convenientemente señalizadas con códigos de colores y que están muy bien enlazados.

A pesar de ello y como concesión a los visitantes se han hecho algunas cosas que no me han gustado, como algunos caminos peatonales construidos con piedra y tierra, interrumpiendo el flujo de agua, lo que puede llevar a la polderización de algunas áreas hoy inundables.

Otras rutas, sin embargo, están realizadas utilizando pasarelas de madera, mucho más respetuosas y que cruzan las charcas permitiendo a las aves acuáticas desplazarse libremente a un lado y otro de la misma y llevan a varios observatorios de aves desde los que podemos tener panorámicas del humedal más cercano, como el que hay en la Isla del Pan y donde también se conserva la caseta de uno de los primeros guardias del parque, que vivía allí con su familia, como sus antepasados antes que él.

También hay algunos embarcaderos para uso por parte del personal autorizado, desde donde pueden salir a recorrer las Tablas de Daimiel en embarcaciones de poco calado.

No está de más recordar que no se puede alimentar a los animales o alterar el hábitat cortando plantas o arrojando cosas al agua y que no está permitido salirse de las sendas marcadas. Hay que respetar el santuario para ayudar a su conservación.

El Mapa